Rey Heredia, la Casa del Duque

La portada número 13 pertenece a la “Casa del Duque de Medina Sidonia”, que se abre frente a la calle “Encarnación”, pertenece a una de las mejores casas de Córdoba, ya en 1237 se mencionan las “Casas Altas”, que llegaban a la “plaza de los Paraísos”, actual “Jerónimo Páez”; éstas fueron entregadas, en 1237, por el rey Fernando III a Domingo Muñoz, Adalid de Córdoba, uno de los personajes más significativos que le acompañaron en la toma de Córdoba. Adalid era la persona que actuaba como caudillo o jefe de un grupo de soldados o guerreros. Domingo Muñoz fue el padre de la esposa de Fernán Núñez de Témez, fundador de la dinastía Fernández de Córdoba, el cognomen o sobrenombre “Córdoba” proviene del aladid.

En el s. XIV la casa pasó a ser propiedad de Vasco Alfonso de Sousa, noble caballero de origen portugués, casado con una descendiente del citado Domingo Muñoz.

El rey Pedro I, a instancia y en agradecimiento a los servicios prestados a su madre la reina doña María de Portugal, nombró a don Vasco Alfonso de Sousa, Alcalde y Justicia Mayor de Córdoba y Señor de Castil-Anzur (Puente Genil) en 1366. Vasco Alfonso, era el tercer nieto del rey Alfonso II de Portugal.

Juana de Sousa, hija de Vasco Alfonso, tuvo una relación amorosa con el rey Enrique II (el primer Trastamara), quien pasaba temporadas en el Alcázar por motivos de la guerra con el reino de Granada. El rey estaría en Córdoba en diversas ocasiones, siendo especialmente prolongadas las estancias en los años 1375 y 1377, año en el que en el castillo de Cabra nacerá el hijo de ambos, Enrique de Castilla y Sousa. Su padre fue especialmente generoso con él, sobre todo a la hora de la concesión de títulos, pues fue I duque de Cabra y de Medina Sidonia, señor de Morón, Alcalá de los Gazules y Aranda del Duero. Vivió en Córdoba, junto a su madre, en esta casa “Palacio del Duque de Medina Sidonia”, por lo que la calle recibió hasta el cambio por el actual, el nombre de “calle del Duque”. Enrique falleció a los veintisiete años en esta casa, sin llegar a contraer matrimonio ni tener descendencia, por lo que sus títulos volvieron a ser propiedad del realengo. Fue sepultado en la Catedral en el altar de Santiago, pero en una restauración del siglo XX pasaría a ser depositado en la capilla mayor de la Mezquita-Catedral, la lápida, sin grabación heráldica tiene el siguiente epitafio:

 “Aqui jace Don / Enrrique de Castilla / Duque de Medina / Sidonia Conde de / Cabra Señor de Alcala / y Morón Hijo del mui alto rei D. Enrique 2º / el Magnifico”.

Tras la muerte del duque en el 1404, el palacio pasó a poder de los Sousas, sus familiares por línea materna. Posteriormente el inmueble fue vendido a los Haro, Señores del Carpio, y más tarde a los Armenta. En 1636 Damián de Armenta, arcediano y canónigo de la Catedral, realizó importantes reformas en el palacio, construyó esta portada de la fachada de “Rey Heredia” en la que se encuentra el escudo de armas de la familia Armenta, éstos entroncaron con los Cárdenas, cuyo escudo se encuentra en la escalera de la casa.

La portada se compone de dos cuerpos: el inferior alberga la puerta adintelada, flanqueada por pilastras cajeadas que culminan en ménsulas con rostros figurados sobre grandes hojas de acanto. En el centro del dintel figura un hermoso mascarón que, junto con las ménsulas, sustentan el frontón partido rematado en orejetas y bolas que alberga el balcón. Este vano adintelado se encuentra culminado por un frontón curvilíneo que se rompe para alojar el escudo de los Armenta. En la portada, además de figurar el año de 1636, se halla la inscripción que reza: “NON NOBIS SED ALTEM POSTERIS”; es decir, “No para nosotros, sino para los que vienen después de nosotros”

Dada la larga historia de esta casa y el espacio que ocupa, posee elementos de muy distintas épocas, así del tiempo de al-Ándalus conserva un adarve o barrera coronada con arquillos, que pudo ser utilizada con linde de edificios conjuntos. Del tiempo de la propiedad de Vasco de Sousa fueron las reformas en estilo mudéjar, realizadas por un celebre maestro cantero de la época, Maesse Mohamed. Las techumbres mudéjares las realizaría el carpintero de lo blanco Maesse Yuset, estos artesanos eran los constructores de techumbres de madera y armaduras para las cubiertas en el mudéjar, eran artesanos y artistas de origen musulmán.

En el año 1590 el palacio lo compran Francisco de Armenta y Francisca de Fonseca, será su hijo Francisco de Armenta quien en 1609 realice importantes obras en él, eliminando parte de la decoración mudéjar sustituyéndolas por otra renacentista. Transforma el patio principal, sustituye las cubiertas de madera que había realizado Maesse Yusef, levanta nuevas galerías y se construyen nuevos artesonados de traza mudéjar. La propiedad pasará a su hijo Damián de Armenta y Valenzuela (inquisidor, canónigo y arcediano de la Catedral), quien modifica la disposición del primer patio de la entrada con una galería de tres arcos en estilo mudéjar, en un friso podemos la siguiente inscripción en latín: «Vivimos como si al día siguiente tuviéramos que morir, y edificamos como si siempre tuviéramos que vivir” (carta de San Jerónimo a los Gaudencios). Nueve años más tarde construye la portada renacentista de “Rey Heredia”.

Entrada por plaza “Elie Nahmias”

Al morir en 1640 Damián de Armenta y Valenzuela, el palacio pasa a ser propiedad de su sobrina Inés de Armenta, quien estaba casada con Pedro Gómez de Cárdenas, comendador de Calatrava. Este matrimonio construye una escalera barroca con una bóveda de arista donde figuran los escudos de Cárdenas y Armenta. Felipe IV, en 1656, otorgaría a don Pedro el título de vizconde de Villanueva de Cárdenas, en referencia a la localidad del norte de Córdoba, Villanueva del Rey. Pedro Gómez de Cárdenas fue también corregidor de Guadix, Baza y Almería (1632-1367) y de Toledo (1645).

 En 1711 Felipe V elevará el título al de conde, en la persona del II vizconde, Pedro Alfonso Gómez de Cárdenas y Herrera, hijo del primer matrimonio de don Pedro con su prima Juana de Valdecañas y Herrera, pues el de Inés fue su segundo matrimonio.


Detalle de la puerta en la plaza “Elie Nahmias”

Por lo que la casa pasaría a ser de los condes de Villanueva de Cárdenas, como demuestran los distintos padrones de la ciudad en los siglos XVII y XVIII. Posteriormente pasaría a ser propiedad de otras familias. En 1955, su propietario, Enrique Merino, concedió un reportaje a la revista “Remanso”, siendo las fotografías de este reportaje las pocas públicas del interior de esta casa.

Ouerta en la plaza “Elie Nahmias”

En la actualidad esta casa, cuyo acceso se hace por la plaza “Elie Nahmias”, junto a la de “Jerónimo Páez”, es más conocida como “Casa del Judío”, pues fue adquirida a mediados del siglo XX por el hebreo francés Elie Nahmias (1908-1994), de nacimiento otomano, quien entre otros cargos era Vicepresidente del Consejo de Supervisión de Pétrofrance. En diciembre de 1968, cuando esta familia se encontraba de vacaciones por el sur de España, un contratiempo con el coche les hizo quedarse unos días en Córdoba, de la que se enamoraron del tal forma que compraron esta casa-palacio, de 2.822 m2. Su pasión era el Sefarad hispano, durante su vida recopiló gran cantidad de bibliografía y documentos inestimables que cubren seis siglos de la historia sefardí. Este tesoro pasó a manos de sus hijos, propietarios actuales del edificio, si bien algunos de ellos se encuentran en la “Biblioteca de l´Alliance Israèlite Universella”, una organización educativa establecida en Francis en 1880 con el propósito de brindar ayuda a los estudiantes judíos.

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