Pasemos ahora al edificio creado como ampliación del Museo Arqueológico, inaugurado en el año 2011, actualmente (2026) es donde se encuentran expuestas las colecciones principales, a la espera de las obras en el palacio de los Páez. En la actualidad, lo expuesto viene a ser un 1% de los fondos. El edificio se articula en tres plantas, en la primera y baja se expone un resumen de los fondos que posee el museo, desde el Paleolítico Inferior (2.500.000 – 100.000 a.C.), hasta la Edad Media.
La exposición se articula en tres bloques, los dos primeros en la planta alta y el tercero en la baja:
- Córdoba y su territorio
- Córdoba, poder y centralidad
- Vivir en Córdoba
El recorrido comienza en la planta alta.

De la colección de la prehistoria se exponen varios útiles del Paleolítico Inferior, vasos del Neolítico (4.300 – 3.900 a.C.) y vasijas de la cultura campaniforme Calcolítico, 2.000 1.500 a.C.
De la Protohistoria destaca la “estela de Ategua”, datada en el Bronce Final, siglo X-VII a.C., así como la colección de la Cultura Íbero-Turdetana, datados entre los siglos VI-II a.C. donde se expone una muestra de esculturas zoomorfas, armas, cerámicastradas en diversos yacimientos de la provincia.


También es importante la colección de piezas bizantinas y visigodas.

Al ser Córdoba la capital de la Ulterior y posterior Bética, la colección sobre Roma es muy buena, pero dado lo pequeña de la superficie expositiva, es una muestra lo que se expone, por ejemplo, siendo esta ciudad la que posee la mayor colección de lápidas funerarias de gladiadores, después de Roma, tan solo se muestran tres. Son varias las piezas importantes de la colección, pero destacan dos piezas conocidas como los «efebos de Pedro Abad» o «Efebo Apolíneo y Efebo Dionisiaco». aparecieron en la localidad de Pedro Abad, se datan en los siglos I y II después de Cristo, y solían imitar a los originales griegos que empezaron a realizarse en torno al siglo V antes de Cristo. En el mundo solamente se conocen ocho efebos que tuviesen la misma función en una villa romana, existiendo tres en Andalucía, con el «Efebo de Antequera«. Estas esculturas de bronce representan adolescentes desnudos se solían ubicar en el triclinio de la casa pudientes, como sirvientes mudos, sujetando candelabros u otros objetos.


Como es lógico, la ocupación islámica entre los siglos VIII al XIII, se muestra, sobre todo con útiles utilizados durante este periodo. Con la inauguración del Centro de Visitantes en la excavaciones de “Medinat al- Zahara”, se trasladaron al museo allí abierto, la mayor parte de las piezas aparecidas en dicha excavación.


Termina la exposición de esta planta con una mesa-expositor, en donde se encuentra una colección de numismática, que comienzan con los denarios republicanos del Tesoro de los Almadenes e incluye monedas de todas las épocas del Imperio Romano y de la época andalusí, para terminar con las monedas castellanas de la Baja Edad Media. Destacan piezas excepcionales como los dirhams del 763 y del 928 y una selección de los tesorillos más importantes, de los cuales se exponen pequeños conjuntos de piezas.

En la planta baja, cuyo tema es “Vivir en Córdoba”, destacan las colecciones de utensilios domésticos de diversas épocas históricas. Nada más entrar, en una vitrina, nos encontramos la hermosa escultura en bronce del “Joven danzante”, obra del siglo I procedente de Almedinilla. Frente a ella una preciosa pata de mesa en forma de león, creada en mármol el siglo I. Una de las principales piezas que se expone es “Mitra sacrificando al toro”, obra del siglo II, en mármol, procedente de Cabra; se le representa como un hombre joven, con un gorro frigio, matando con un cuchillo a un toro, es Mithras sacrificando al toro como símbolo del ciclo de muerte y resurrección: de la sangre purificadora que brota del toro bebe el perro, fiel amigo de Mithras, que guarda el alma; mientras la serpiente produce las plantas y del alacrán surgen los animales y los hombres. Ésta es la mejor pieza de las escasas dedicadas a Mitra localizadas en la Península Ibérica.

Cerca se encuentra la campana más antigua de España, es la “Campana del Abad Samsón”, obra mozárabe del siglo IX-X, realizada en bronce. Por la inscripción en que viene labrada, se sabe que fue donada por un abad de nombre Sansón al Monasterio de San Sebastián del Monte situado en la Sierra cordobesa en el año 930, un año después de que Abd al-Rahman III se auto proclamara califa. Fue hallada en el siglo XVI en el interior de un pozo cercano a Trasierra.
Destacan los leones íberos, piezas de caliza blanca realizados en el siglo IV a.C., de los que se han encontrado varios en la provincia.
De la cultura funeraria de romana, hasta la llegada de la cultura islámica, se conserva una amplia colección, destacan el sarcófago de plomo estampillado de finales del siglo IV, y el hermoso sarcáfago paleocristiano realizado en mármol, en la misma época, con cinco representaciones de escenas bíblicas, el sacrificio de Isaac, la negación de Pedro, la multiplicación de los panes y de los peces, Adán y Eva en el Paraíso y el milagro de la piedra de Horeb de Moisés.


Como cosa curiosa, al final del recorrido encontramos una inscripción funeraria de Tito Servio Claro, un “designator” o acomodador del teatro romano donde se encuentra el muser, es de caliza, localizada en la “Puerta de Almodóvar”, y de finales del siglo II.
Del siglo X, periodo islámico, destaca el “capitel de los músicos”, una pieza de mármol que debió pertenecer al ámbito privado, como a algunas de las almunias, pues no se podía presentar imágenes en lugares religiosos. En cada una de las caras del capitel de avispero se representa a un músico de pie, refleja el gusto por el lujo y la música que caracterizaba a la corte omeya, los instrumentos representados, según el especialista Faustino Porras, son un rubab , precedente del violín, dos tocan el laud árabe y el cuarto está desaparecido. Sus caras están destrozadas, seguramente por el integrismo almohade. En la planta alta del museo se puede observar un posible precedente visigodo, el “Capitel de los Evangelistas, que muestra a los cuatro evangelistas en cada una de las caras del capitel.
Bajamos a la planta sótano espacio reservado para la parte del graderío o cavea que salió a la luz en las excavaciones del solar, destaca parte de la bóveda de un “vomitorium”, en dirección a la escena, en la que se aprecian las señales de las piedras del graderío. También se conserva el suelo de una de las galerías que corrían bajo las gradas, y en donde actualmente se apoya la pasarela metálica para los visitantes. Al inicio se conservan los restos de uno de los hornos que, tras el abandono del edificio, se construyeron para transformar el mármol en cal.
Bajamos a la planta sótano espacio reservado para la parte del graderío o cavea que salió a la luz en las excavaciones del solar, destaca parte de la bóveda de un “vomitorium”, en dirección a la escena, en la que se aprecian las señales de las piedras del graderío. También se conserva el suelo de una de las galerías que corrían bajo las gradas, y en donde actualmente se apoya la pasarela metálica para los visitantes. Al inicio se conservan los restos de uno de los hornos que, tras el abandono del edificio, se construyeron para transformar el mármol en cal.

El teatro pudo ser construido con la ampliación de la ciudad realizada por Augusto, antes del 5 a.C., pudiendo ser muy parecido al teatro de “Marcelo”, que se conserva en Roma, pues son de la misma época. Para su construcción se escogió una zona en fuerte pendiente fuera de la primitiva muralla, pues ésta cerraba al sur la ciudad en la zona del Convento de Santa Ana, con un desnivel de cota de unos veinte metros hasta el río. Para su construcción se recortó la ladera y se hicieron grandes cimientos para sostener el graderío, se planificó y urbanizó toda la zona, se construyeron importantes cloacas que recogía el agua desde la meseta, a su alrededor se levantaron tres plazas a modo de terrazas semicirculares escalonadas, que daban acceso al teatro

Su aforo era de unos 15.000 espectadores, estaría en uso hasta el siglo III, cuando un terremoto lo dañó gravemente. Durante el siglo IV se intentaría restaurar, pero los expolios y el uso de las piedras para otras construcciones acabaron finalmente frustrando la idea y acabaría siendo un vertedero y las piezas del teatro se utilizaron como cantera de materiales para nuevas edificaciones, el mármol que no se pudo reutilizar, se rompió y se transformó en cal en hornos instalados in situ, en los siglos V y VI, en la zona visitable se puede ver uno de ellos.
El teatro debió construirse durante la ampliación de la ciudad realizada por Augusto, antes del 5 a.C., pudiendo ser muy parecido al teatro de “Marcelo”, que se conserva en Roma, pues son de la misma época. Para su construcción se escogió una zona en fuerte pendiente fuera de la primitiva muralla, pues ésta cerraba al sur la ciudad en la zona del Convento de Santa Ana, con un desnivel de cota de varios metros hasta el río. Para su construcción se recortó la ladera y se hicieron grandes cimientos para sostener el graderío, se planificó y urbanizó toda la zona, construyéndose importantes cloacas que recogían el agua desde la meseta superior, a su alrededor se levantaron tres plazas a modo de terrazas semicirculares escalonadas que daban acceso al teatro.



