Calle Ángel de Saavedra

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Esta calle aparece en el plano de 1811 como «Calle y plazuela de Santa Ana», por el convento que hay en ella, será en el plano de 1884 cuando ya aparezca con el nombre actual.

Se dedica a Ángel de Saavedra y Ramírez de Baquedano (Córdoba, 1791 – Madrid, 1865), III Duque de Rivas, dramaturgo y político, uno de los principales cordobeses del siglo XIX. Segundo hijo varón de Juan Martín Pérez de Saavedra y Ramírez, VI marqués y I duque de Rivas, Grande de España, fue destinado a la carrera militar. Ángel nació en esta calle, en el edificio conocido como “La Casa Carbonell”.

Escultura de Ángel de Saavedra en los jardines del Duque de Rivas, obra de Mariano Benllure

El Ducado de Rivas fue creado por Carlos IV en el año 1792, en la persona de su padre, hasta entonces VI marqués de Rivas de Saavedra, marquesado que había sido creado por Felipe IV en favor de su maestre de campo en el año 1637.

Ángel, al cumplir los nueve años, ya era caballero de las Órdenes de Santiago y Malta y cadete supernumerario de la Guardia de Corps. Dos años más tarde, al morir su padre, el rey le concede el nombramiento de capitán de Caballería agregado al “Regimiento del Infante”. Ese mismo año ingresó en el “Real Seminario de Nobles de Madrid”, situado en la calle “Princesa”, institución fundada en 1725 donde se educaban los jóvenes de las familias pertenecientes a la nobleza y de militares de alto rango. Tras acabar sus estudios en 1806 será destinado como alférez de caballería a la ciudad de Zamora, al poco tiempo será trasladado a la Guardia de Corps como alférez sin despacho. Al invadir España las tropas de Napoleón, entrará en combate junto a su hermano, el Duque, siendo gravemente herido en la batalla de Antígola, cerca de Ocaña. A principios de 1810, todavía convaleciente en Córdoba, recibió noticias de la invasión francesa de Andalucía y decidió marcharse a Cádiz. Allí, en la atmósfera altamente politizada de la ciudad se radicalizaron sus ideas políticas y se convirtió al liberalismo. Durante la Guerra de la Independencia continuó su carrera militar, de la que se retiró en 1814 con el empleo de coronel. Permaneció en Sevilla, dedicándose a la vida literaria, hasta finales de 1819 que se traslada a Córdoba. Fueron tiempos de gran tensión política en los que surgieron dos bandos irreconciliables, liberales y conservadores, con discursos fogosos, conspiraciones y sublevaciones. En el año 1820 el rey Fernando VII acata la Constitución de 1812 y Rivas llega a las Cortes al año siguiente como diputado liberal por Córdoba. Se alineó con su amigo Alcalá Galiano, militando en las filas del liberalismo exaltado, atacando en sus discursos a los realistas, al clero y a los conspiradores reaccionarios que triunfaron sobre los constitucionalistas en 1823.

Dada la actuación que había tenido en las Cortes, donde se aprobó la suspensión de la soberanía de Fernando VII ante la negativa de éste a trasladarse a Cádiz, Rivas tuvo que huir a Gibraltar. Fue el principio de un exilio que duró más de diez años, en los que aumenta su producción artística, pues desde muy joven había dado muestras de ser un excelente poeta y un buen pintor. Le gustaba frecuentar a otros escritores y en sus años de soldado palaciego en Madrid entabló relaciones con Capmany, Arriaza y Gallego.

El 11 de junio de 1824 la Audiencia de Sevilla lo condenó a muerte y a la confiscación de sus bienes. En Londres conoció a otros emigrados españoles, así como la obra de autores británicos como Sahkespeare, Walter Scott y Lord Byron, allí escribió los dos primeros “cantos de Florinda” e iniciaría su sensibilidad romántica que iba a estallar en su obra maestra diez años más tarde, “Don Álvaro”, publicada en 1835, al año siguiente de su regreso del exilio.

En Malta, Rivas y su esposa permanecieron hasta marzo de 1830 y allí nacieron tres de sus hijos. Fue un período de relativa serenidad. Como caballero de Justicia de la Orden de San Juan, Rivas recibió una acogida generosa en la isla y parece que vivió con menos apuros que en Londres. Desde 1830 vivió con su familia en varias ciudades francesas, como París y Orleans, hasta que consigue regresar a España en 1834, ese mismo año fallece su hermano y heredará el título de Duque de Rivas, por entonces había cambiado su liberalismo exaltado por uno más moderado, para ir evolucionando hacia el conservadurismo.

A mediados de mayo de 1836, aceptó el cargo de ministro de Gobernación, pero la rebelión de los sargentos de La Granja en agosto le obligó a dimitir y a exiliarse por segunda vez. Desde Portugal pasó otra vez a Gibraltar, donde permaneció hasta que, con la promulgación de la Constitución de 1837, pudo volver a España y a la vida política como senador por Cádiz, al abdicar la reina regente en octubre de 1840, Rivas se retiró a Sevilla. Tras la caída de Espartero (1834) es nombrado alcalde de Madrid y en las nuevas elecciones es nombrado senador por Córdoba, siendo elegido vicepresidente de la Cámara. En 1844 llegaría a Nápoles como enviado extraordinario y plenipotenciario ante el rey de las Dos Sicilias.

En febrero de 1847 ingresó como académico numerario de la Real Academia Española. Desde ese mismo año fue senador del Reino y desde 1848 embajador con títulos plenos. En julio de 1850, a raíz de las maniobras del rey Fernando, que casó a su hija Carolina con el conde de Montemolín, jefe de los carlistas, Rivas dejó su cargo en Nápoles y volvió a España. En octubre de 1852 fue elegido académico numerario de la Real Academia de la Historia. El año 1962 la Real Academia Española le nombra director, cargo que ocupó hasta su muerte.

En 1857 enfermó gravemente empezando un declive físico paulatino que le llevó a la muerte en junio de 1865, en su palacio de “Concepción Jerónima”, esquina con la calle dedicada a él en Madrid. Dejó una obra que ilustra la evolución del romanticismo español quizás mejor que la de ningún otro participante del movimiento.

La relación de Ángel de Saavedra con el palacio del Marqués de Viana, en Córdoba, está en su octavo hijo Teobaldo de Saavedra, quien casó con marquesa viuda de Villaseca, la propietaria del palacio.

Juan Tejón y Marín, alcalde de Córdoba entre 1891 y 1893, dio el nombre de “Duque de Rivas” a los jardines que se construyeron junto a los “Jardines de la Victoria”.

Esta calle solamente conserva dos edificios antiguos, pero muy interesante, pues esta vía que viene desde las “Tendillas” fue ensanchada con la reforma urbanística de 1958. Aproximadamente coincide con el cardo romano que, antes de la ampliación de Augusto, conectaba con la salida sur de la ciudad republicana, y que tras dicha ampliación, llegaría al río.

Al inicio de la calle, el número 1, es el Conservatorio Superior de Música. La portada es lo único que nos queda del palacio de los marqueses de la Fuensanta del Valle, del interior del edifico nada queda. Esta porta plateresca se atribuye a Hernán Ruiz en el año 1551, es adintelada con decoración de galleta, rematada en una ventana con columnas adosadas, el escudo pertenece a don Rodrigo Méndez de Sotomayor, quien lo mandó construir. La familia Méndez de Sotomayor es un tronco perteneciente a los marqueses del Carpio y de los condes de Belalcázar. Su propietario fue Ruy Méndez de Sotomayor, caballero Veinticuatro que estuvo al servicio del rey Juan I y de su hijo Enrique III, en 1393 estos monarcas concedieron a Ruy y a su hermano Alfonso las rentas de las Alcaycerias de Córdoba.

Según nos describe Manuel Ramos en su libro “Casas Señoriales de Córdoba”, en el año 1575 el propietario de la casa era Diego de Cabrera Méndez de Sotomayor. A inicios del XVIII vivía en esta casa Diego de Cabrera, VI conde de Villanueva de Cárdenas y VII marqués de Villaseca, llamándose la zona “Plazuela de Cabrera”. Durante el siglo XIX, en esta casa vivía el marqués de la Fuensanta del Valle, Feliciano Ramírez de Arellano (Cádiz. 1826 – Córdoba, 1896), juez magistrado, político e historiador. Llegó de niño a Córdoba, donde estudiaría primero en el colegio de la Asunción y Filosofía en el Seminario de San Pelagio, pasando luego a Madrid a estudiar “Leyes por la Universidad Central”. Era hermano del que fuera alcalde de Córdoba Carlos Ramírez de Arellano y de Teodomiro, autor de “Paseos por Córdoba”. Fue gobernador de Málaga, juez magistrado en La Coruña y Pamplona; jefe de sección y director general de los registros civil, de la propiedad y del notariado (1879); consejero de Estado (1883) y ministro del Tribunal de lo Contencioso-Administrativo (1893). Con el inicio del “Sexenio Democrático” le fue concedido el título de marqués de la Fuensanta del Valle (1869), al año siguiente fue condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica. En 1995 ingresó en la Real Academia de la Historia

De ideología liberal, durante la Restauración se alistó en el Partido Liberal Fusionista liderado por Práxedes Mateo Sagasta, fue diputado en diversas ocasiones por la ciudad de Córdoba y llegó a ser senador por dicha provincia (25 de mayo de 1886 y 17 de abril de 1893). Bibliófilo e historiador, se integró en el círculo de académicos aristócratas de finales del ochocientos.

En este edificio Luciana Centeno creó en el año 1935 la “Escuela Nacional de Párvulos y Escuelas Maternal Modelo”, siendo su «alma mater» y permanente directora. En el año 1945 se adquiere el edificio para instalar el Conservatorio de Música, que se encontraba en la calle “Pedro López”. Por lo que la escuela maternal se traslada a la calle “Costanillas”. En el año 1950 se le concedió a esta maestra la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, por su labor educativa. Al retirarse en 1957, al centro de “Costanillas” se le puso su nombre “E.E.I Luciana Centeno”.

En la actualidad el edificio alberga el Conservatorio Superior de Músico “Rafael Orozco”, y en su página web podemos leer que es uno de los más antiguos de España y de los primeros en obtener del Estado el reconocimiento oficial de sus enseñanzas.

 Su origen se remonta la «Sección de Música» de la Escuela Provincial de Bellas Artes que existió en Córdoba en el último tercio del siglo XIX, el Conservatorio cordobés fue creado en 1902 por la Diputación Provincial, siendo su fundador y primer director el ilustre compositor cordobés Cipriano Martínez Rücker. En 1922, el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes decretó la incorporación del centro al Estado, dando validez oficial a las enseñanzas impartidas; una consideración que no tenía ningún otro conservatorio, tan sólo los de Madrid y Valencia. En el año 1942 se le otorga la categoría de “conservatorio profesional”, teniendo desde ese momento capacidad académico-administrativa para otorgar las máximas titulaciones previstas en la legislación vigente.

En 1972, al regularse las enseñanzas musicales en España, se le vuelve a conceder el máximo rango académico, “conservatorio superior”, junto a los de Madrid, Valencia, Murcia, Málaga y Sevilla. Esto le llevó a aumentar su alumnado, por lo que se amplió adquiriendo edificios contiguos. El conservatorio imparte los tres grados académicos de música, para lo que en el curso 2011/12 se inauguró un nuevo centro, “Músico Ziryab”, en la zona liberada tras ser soterradas las vías del ferrocarril. En él se imparten las enseñanzas básicas y profesionales, quedando el centro “Rafael Orozco”, para las enseñanzas superiores.

Rafael Orozco, (Córdoba, 1945 – Roma, 1996), hijo de un pianista, inicia sus estudios musicales en este conservatorio a la edad de siete años, a los quince se traslada a Madrid para continuar sus estudios y finaliza con diecinueve obteniendo el primer premio extraordinario. Su carrera profesional la inicia en 1966, consiguiendo el Primer premio en el Concurso Internacional de Leeds (Reino Unido). La protección y admiración de personalidades como Karajan o Barenboim le permitieron sus primeras colaboraciones con las orquestas y festivales más importantes en unos años. Desde entonces, Orozco actuó en los cinco continentes, siendo solista de orquestas como las de, Chicago, Nueva York, Filadelfia, Los Ángeles, Berlín, Viena, París, y Londres. Se convirtió en uno de los grandes pianistas de su tiempo, trabajó con los mejores directores y orquestas y dejó un legado discográfico fundamental, falleció, por una enfermedad en Roma a los cincuenta años. En el año 1987 se le concede el título de “Hijo Predilecto” y la “Medalla de Oro” de Córdoba. Tras su muerte, y por unanimidad, el claustro del Conservatorio decide ponerle a éste su nombre. Durante varios años fue director del conservatorio que lleva su nombre.

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