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Regresamos hacia el Conservatorio de Música, junto a la calle “Ángel de Saavedra” cambia el nombre por el de “Jesús y María”. Desde ella, tras el Conservatorio sale la estrecha calle “Juan de Mena” (1411-1456), dedicada al cordobés que fue escritor en prosa y verso. Huérfano de padre desde días después de nacer, estudió en Córdoba y Salamanca, trasladándose posteriormente a Roma y Florencia. Fue Veinticuatro de Córdoba y estuvo al servicio del rey Juan II (padre de Isabel la Católica), quien le nombró su cronista. Con el condestable de Castilla, Álvaro de Luna y con el enemigo de éste, Íñigo López de Mendoza, tuvo buenas relaciones, tras la muerte del condestable, Mena recibiría una donación de 13.000 maravedíes anuales a cargo de las rentas que Álvaro de Luna había tenido en Córdoba.
El primer gran proyecto poético de Mena es “La Coronación”, que lo finaliza en torno a 1438, si bien a lo largo de los siglos XV y XVI, el título más común por el que era conocido el poema era “Las cincuenta de Juan de Mena” pues el poema consta de cincuenta y una coplas reales, con sus diez octosílabos. Es un poema escrito para exaltar la figura de López de Mendoza por su victoria en Huelma frente a las tropas musulmanas. De Juan de Mena se conserva una extensa colección de sus obras tanto en verso como en prosa. En un texto de 1499 nos dice que falleció de “dolor de costado”, en la localidad madrileña de Tordelaguna, en el último cuarto del siglo XIX, sus restos fueron trasladados a Madrid para formar parte del Panteón de Hombres Ilustres que iba a construirse en la iglesia de San Francisco el Grande, al no materializarse el proyecto, los restos regresaron a Torrelaguna (Madrid). En la actualidad, descansan en una hornacina en la capilla lateral izquierda de la cabecera de la iglesia.

Juan de Mena está considerado como el primer «escritor profesional» español, siendo el primer humanista en constante ejercicio sin estar relacionado con las armas, la política ni el clero. Junto a Jorge Manrique y al Marqués de Santillana, forman la trilogía más distinguida del siglo XV. En su obra pueden distinguirse dos maneras: una popular y otra culta.
Según Ramírez de Arellano, hasta 1862 esta calle recibía el nombre de “Hilete”, por elaborarse en una de sus casas el hilo o alambre que servía para hacer la filigrana de la platería cordobesa.
En el número catorce encontramos una vivienda de inicios del siglo XX, convertida en pensión. Casi frente a ella se encuentra otro acceso a las Escuelas Pías, de la plaza de la Compañía.

El edificio número 3 es conocido como “Casa del Agua”, en su interior a través de una galería subterránea con cinco tramos de escalera abovedada, se accede a una bodega en la que junto a unas tinajas semienterradas se encuentra un acuífero de aguas transparentes, que algunos consideraban que se trataba de un aljibe de origen ibérico o romano mientras otros lo relacionan con el presunto “Lago de las Tendillas”.
En una publicación del diario “Córdoba” fechada en diciembre de 2018, Juan Manuel Morales (escritor y director de “Córdoba Misteriosa”) nos dice que sobre 1990, la cadena local de televisión “Procono” grabó imágenes de ese sótano que supuestamente desembocaba en el lago. Por primera vez se publicaron imágenes mostrando que en los bajos de la casa de la calle “Juan de Mena” había una pequeña poza desde la que partía un largo y estrecho sifón, intentaron atravesar ese angosto canal en busca de la misteriosa gruta que narraba la leyenda. Para ello se pidió ayuda al “Grupo de Espeleología de Córdoba”, pero el grupo de buceo no pudo atravesar el sifón, que se encontraba obstruido por los restos de un derrumbe.

Lo más probable es que el agua procede del acuífero conocido como “venero de Santo Domingo”, cuyo caudal se bifurca en dos ramales uno hacia “San Pablo” y el otro hacia la calle “Maese Luis”, donde proveía de agua a la fuente de la “calle de la Feria” y al convento de “San Pedro el Real” (actual iglesia de “San Francisco”).



