Fachada Occidental

Esta fachada se abre a la calle ·Torrijos», nos encontramos con una fachada que da la apariencia de fortaleza más que de templo, dada su magnitud y las almenas en forma de escalera, que siendo de origen persa, fueron tan utilizadas en la corte cordobesa que reciben el nombre de “almenas califales o cordobesas”. Este lienzo se encuentra dividido en quince cortinas o tramos separados por contrafuertes.

Los seis primeros tramos dan al patio, en el primero, empezando por la zona más lejana al río, pertenece a la ampliación del patio por Abd de-Rahman III y en él se abre la Puerta de la Leche, obra cristiana de estilo ojival florido decadente, fue construida por Hernán Ruiz I, por encargo del obispo Juan Daza entre los años 1505 y 1510. Al parecer su nombre proviene de haber sido el lugar donde las mujeres, que no podían criar a sus hijos, los depositaban para que el Cabildo los recogiesen; según se cuenta, un día se encontró a un niño comido por un cerdo, lo que motivó al deán D. Juan de Córdoba a crear una Casa de Expósitos; también se dice que este nombre proviene de que en tiempos de hambre el Cabildo repartía leche en este lugar.

En la sexta cortina se abre la segunda puerta al patio, es conocida como Puerta de los Deanes, las dovelas del arco son de piedra y ladrillo, habiendo estado, en su tiempo, pintadas en blanco y rojo.

“Deán”, es el segundo cargo en la jerarquía catedralicia, tras el obispo. Antaño, cuando un nuevo deán tomaba posesión de su cargo, la entrada a la catedral la realizaba a través de esta puerta, ante la que esperaban los componentes del cabildo, quienes lo acompañaban en procesión hasta el altar mayor y coro.

Este vano de entrada al Patio de los Naranjos es el más antiguo de los que se conserva en la mezquita.

Son escasas las gárgolas zoomorfas, todas de obra cristiana, que se encuentran en este edifico, junto a esta puerta se encuentra una de ellas.

Junto a la puerta hay dos columnas, como curiosidad en una de ellas se puede ver un ammonites, fósil de un molusco cefalópodo.

Las siguientes tres cortinas pertenecen a la primitiva mezquita de Abd al‑Rahman I, abriéndose en el centro la Puerta de San Esteban o de los Visires (o Bab al-Uzara), la más antigua de las que dan acceso al liwán y por la que accedía al interior el emir, de ahí la cornisa almenada que tiene, pues ésta representa el acceso real.

En época cristiana la pared fue enlucida por completo, en el siglo XIX las restauraciones hicieron que perdiera gran parte de su aspecto original. Sin embargo, aún es posible ver en su parte exterior numerosos restos de los atauriques que la decoraban antaño. Los modillones constituyen el elemento decorativo principal de los aleros de los tejados de esta fachada; si bien son de época de Abd al-Rahman III, algunos de ellos fueron repuestos a lo largo del segundo tercio del siglo XV con ornamentación gótica. Entre su decoración se encuentran unas celosías procedentes de la basílica de San Vicente. Esta puerta fue conocida con el nombre de “San Sebastián”, en honor al convento que abría frete a ella (hoy Palacio de Congresos), pero por una errata a inicios del siglo XX, se cambió al de “San Esteban”, nombre con el que se le denominaría en todos los trabajos nacionales e internacionales, perdiendo su nombre original.

En la arquivolta (cara frontal del arco) se encuentra una inscripción cúfica, cuya traducción es la siguiente: “En el nombre de Allah, el Clemente, el Misericordioso. Mandó el Emir (ennoblézcalo Allah) Mhhammad ben Adb al-Rahmán construir la que… de esta Mezquita y sus cimientos (las mercedes de Allah sean sobre él y le acompañen). Y se concluyó… al año uno y cuarenta y doscientos con la bendición de Allah y su protección venturosa.” (corresponde al año 855 de J.C.).

En estas cortinas se aprecian reformas cristianas para la instalación de capillas en el interior del templo, como sucede con la cortina siguiente a la puerta, en donde se construyó una de las pocas capillas laterales con cúpula por encima de la techumbre original, corresponde a la capilla “de la Concepción”; desde esta zona se puede ver el escudo heráldico del obispo fray Alonso de Medina y Salizanes (1675-1685) quien mandaría construir la capilla funeraria.

La siguiente puerta pertenece a una de las dos cortinas de la primera ampliación, la de Abd al‑Rahman II, es la Puerta de San Miguel, que tan solo conserva de su pasado árabe el tímpano de mosaico de piedra caliza y ladrillo rojo. Esta puerta es fácil de distinguir, pues es la única que se encuentra separada del exterior mediante una reja. No se ha conservado ornamentación de atauriques y su decoración actual es de un deficiente estilo gótico con el escudo del obispo Juan Daza (1504-1510).

En su origen esta puerta daba acceso a un pasadizo (sabbat) que unía la Mezquita con el palacio del emir, para que éste llegara al templo sin mezclarse con las gentes, la parte inferior del pasadizo coincidía con el actual tímpano del arco, y si nos fijamos en los sillares se puede apreciar como algunos son de distinta época, puestos para cerrar la entrada del sabbat; hay que tener en cuenta que el suelo de la calle, por entonces se encontraba casi un metro más bajo que en la actualidad.

Las cuatro últimas cortinas pertenecen a la ampliación de Al-Hakem II, abriéndose en cada una de ellas una puerta de acceso al liwán, dos de ellas han sido muy restauradas por Velásquez Bosco y Mateo Inurria.

La primera de las puertas daría paso a la primitiva catedral cristiana o “Capilla de Villaviciosa” y su nombre es“Puerta del Espíritu Santo”. El vano se compone de un arco de herradura ciego que sirve de descarga y que se encuentra enmarcado por un alfiz, sobre él, hay un conjunto de arquillos entrelazados, ciegos, también de herradura, cada uno de ellos está decorado en su interior con distintos motivos geométricos pintados.

A cada lado de la puerta, hay dos pequeñas ventanas cubiertas con celosías; vanos que se abren en sendos arcos polilobulados en los que destaca su profusa decoración geométrica, detalle que se repite en todo el conjunto de la puerta. Esta puerta estuvo tapiada hasta inicios del siglo XX, hasta que se inicia la restauración de la Mezquita por el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco y el escultor Mateo Inurria.

La siguiente puerta denominada de San Pedro, del Palacio o de la Paloma, tan solo conserva de la época islámica el adintelado y el tímpano, fue restaurada en estilo gótico durante la estancia de los Reyes Católicos en Córdoba; también se aprecia encima restos de la cornisa almenada, símbolo del acceso califal. Esta puerta daba acceso a la primera “catedral” que se levantó en la mezquita

En esta puerta se encuentra uno de los ejemplos más evidentes de la mezcla de estructuras musulmanas y cristianas. El arco de herradura y el alfiz en el que se enmarca se encuentran adornados con motivos de estilo gótico. Las ventanas laterales se decoran la izquierda con una reja, y la derecha con una celosía de formas geométricas. La inscripción de caracteres cúficos hace referencia a la reconstrucción de esta puerta en el año 1904, por el arquitecto Velázquez Bosco.

La última de las puertas es la denominada de San Idelfonso, que al igual que las dos anteriores fue restaurada en 1908 por Mateo Inurria y Velázquez Bosco. Dado que los sillares con los que está construida la mezquita, como la mayoría de los edificios antiguos de Córdoba, son arenisca que procede de canteras cercanas a la ciudad, cuya piedra se formó hace más de 25.000 años en la del mar del Tetis, podemos encontrar fósiles marinos en algunos lugares de este edificio, como es el caso de los sillares bajo esta puerta en donde se localizan anélidos fosilisados.

En la última cortina se abre una puerta, sin decoración y en alto, que pertenecía al nuevo puente cubierto (Sabbat) que unía la mezquita con el alcázar califal, y por donde accedía el califa. Este pasadizo fue utilizado también en periodo cristiano, siendo derruido en el año 1.618, por orden del obispo Mardones, al iniciarse las obras del Palacio Episcopal y presentar un estado ruinoso. El sabbat descansaba sobre pilares en la calle formando cinco arcos. Con respecto a la altura, hay que tener en cuenta que el nivel del suelo de la calle era más bajo

Delante de esta zona, en la calzada, unas líneas doradas nos indican el lugar en donde se encontraban los pilares de los arcos del Sabbat, aparecidos en las obras realizadas en el año 2.006.

El sabbat poseía dos pisos, el primero de uso exclusivo del califa y personal masculino de la familia real; el segundo, para mujeres y niños. La actual puerta corresponde al primer piso, estando la segunda cegada por sillares, que se pueden distinguir. A diferencia del sabat de ‘Abd Allah, éste sí continuaba en el interior del templo, tras el muro de la quibla. Se dividía en ocho espacios, mientras que en la parte que daba al exterior había otras tres habitaciones. Tras ser derribado en el siglo XVI, estos espacios se dedicaron al Archivo Catedralicio.

En esta zona, en los sillares de la zona baja de la puerta del sabat, se puede ver un fósil de un erizo de mar.

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