Fundación Antonio Gala

En el número 20 de «Ambrosio de Morales», tras una blanca fachada rota por una portada barroca del siglo XVII y coronada con un frontón triangular, se encuentra la sede de la “Fundación Antonio Gala”, instalada en el que fuera convento del “Corpus Christi”.

En el siglo XVI en este lugar se encontraba la ermita de San Benito, donde se alojaban los “Niños de la Doctrina”, hasta que en 1608 el obispo Maradones decide ceder este espacio para la fundación del convento del “Corpus Christi”, y traslada a estos niños al que había sido el “Hospital de los Desamparados” en la calle Ramírez de Arellano, también perteneciente a la collación de ”El Salvador”. Los “colegios de doctrinos” fueron una propuesta del siglo XVI, que se basaba en la creación de unas instituciones que pudieran recoger y acoger a los niños y niñas huérfanos abandonados en la calle con el fin de reeducarlos con la moral cristiana y que fueran «útiles para la sociedad», evitando así que las calles estuvieran llenas de personas maleantes. Los niños y las niñas hacían vida separada, además de impartirles moral cristiana, aprendían a leer y a escribir, los varones también recibían clases de contabilidad, gramática y otros conocimientos de tipo más académico, mientras que las chicas aprendían a desarrollar faenas domésticas. También recogían niños de hospitales, escuelas e incluso las familias más pobres podían solicitar el ingreso de sus hijos. Pasaban un máximo de 3 a 4 años (de los 12 a los 15 aproximadamente) hasta que se consideraba que tenían la edad para ser colocados.

El convento femenino del “Corpus Christi” perteneció a la orden de Santo Domingo, su origen se remonta al año 1607, tras la donación por parte del obispo Maradones de la antigua ermita dedicada a San Benito, perteneciente a la orden de Alcántara, siendo ampliado dos años más tarde al comprar un viejo caserón. Estuvo en uso hasta el año 1992, cuando las religiosas se trasladaron a un nuevo edificio junto a la Facultad de Medicina. Tras ello el edificio se adquirió y rehabilitó en 1997, con la dirección del arquitecto Rafael de la Hoz Arderíus, en él se instalaría la recién creada Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores, el edificio se encuentra inscrito en el catálogo de bienes protegidos del conjunto histórico de Córdoba.

En las excavaciones arqueológicas tras la adquisión del convento, se pudo documentar un muro paralelo a la cercana muralla republicana que posiblemente funcionara como contención del agger, (término romano que designa un terraplén, rampa o parapeto de la muralla). Este fue reaprovechado en época altoimperial para la construcción de una calzada con su respectiva cloaca. Además, también se han documentado en el solar algunos habitáculos (tabernae), uno de ellos caracterizado por su pavimento realizado en opus sectile, una técnica empleada en mosaicos, y una vivienda (domus), compuesta por diferentes habitaciones, de la que se han comprobado dos fases. Como parte de esta domus se ha conservado en la antigua capilla del convento, un mosaico datado, en el siglo II d.C.

Tras la sencilla portada accedemos al “patio de recibo” o “compás” en cuyo frente se abre un atrio de tres arcos de medio punto decorado con pinturas del siglo XVIII, en ellas se representa el escudo de los dominicos y dos ángeles custodiando el cáliz y la hostia sagrada, emblema del Corpus Christi, motivo que se repite, en relieve, sobre la portada de piedra arenisca, del XVII, que da acceso al templo.

La que fuera iglesia del cenobio actualmente es la sala de actos de la Fundación, es de una sola nave cubierta con bóveda de cañón dividida en cuatro tramos, el tramo de la cabecera se decora con molduras en torno al escudo dominico. A los pies destaca un balcón, es el coro alto, pues el coro bajo fue cegado y su espacio convertido en sala expositiva.

La iglesia se realizó gracias a la intervención del obispo Marcelino de Siurí (1717-1731) y en su retablo se encontraban las imágenes de San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán. En ese espacio hoy se expone un mosaico del siglo I d.C., perteneciente a una domus encontrada durante los trabajos de adaptación del convento a la Fundación. En el centro del mosaico se encuentra una figura humana, rodeado de cuatro erotes, que representan la caza, la pesca, la agricultura y la ganadería. El templo lo recorre un zócalo de mármol rojo de cabra.

Lo que era la clausura del convento es donde se encuentran actualmente los locales utilizados por los jóvenes creadores no siendo visitables. Tan solo es visitable una sala instalada en lo que era el coro bajo, donde se encuentra una exposición permanente dedicada a Antonio Gala.

La Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores es una institución privada sin ánimo de lucro, dedicada a fomentar la creación artística. Su lema es un verso en latín del “Cantar de los Cantares” cuya traducción es “Ponme como un sello sobre tu corazón”. Fue fundada por Antonio Gala y cada año convoca plazas para jóvenes creadores de entre dieciocho y veinticinco años en lengua castellana, quienes durante un año residen en la sede con una beca para dedicarse en libertad y convivencia a sus proyectos literarios, musicales o plásticos. La Fundación no tiene profesores, los artistas reciben clases magistrales y la visita de creadores ya consagrados que les orientan y aconsejan. La primera promoción fue la del curso 2002-2003, que reunió a quince artistas,7 de artes plásticas, 6 de literatura y 2 de música. El busto que la ciudad dedicó al poeta en el «Bulevar del Gran Capitán», es una obra de César Orrico, residente de la séptima promoción de la Fundación, 

Antonio Gala vino al mundo en 1930 en la localidad de Brazatortas (Ciudad Real), en donde su padre era médico, con pocos años la familia se trasladará a Córdoba, por lo que él ha dicho ser un cordobés nacido en Brazatortas.

La biografía de este dramaturgo, novelista, poeta y ensayista publicada en la página web de la “Fundación Gala”, nos dice que fue un escritor precoz, a los cinco años escribió un relato corto y a los siete su primera obra teatral. A los catorce da una conferencia en el Círculo de la Amistad de Córdoba.

En 1951, con quince años, ingresa en la Universidad de Sevilla en la licenciatura de Derecho, y se matricula por libre en Madrid en otras dos carreras: Filosofía y Letras y Ciencias Políticas y Económicas. Durante sus años universitarios publica sus primeros poemas en las revistas de la época: Escorial, Platero, Cántico… y funda dos revistas: Aljibe y Arquero de Poesía, con Gloria Fuertes y Julio Mariscal Montes.

Una vez licenciado, inicia oposiciones para abogado del Estado obedeciendo el deseo de su padre, pero abandona en el segundo año. Durante los años posteriores vive en Jerez de la Frontera y Córdoba. De vuelta a Madrid imparte clases de Filosofía e Historia del Arte en distintos colegios para ganarse la vida. En 1962 se marcha a Italia, donde permanece casi un año.

En 1959 Gala escribió el libro de poemas “Enemigo Íntimo” (1959) por el que recibió un accésit en el Premio Adonais de Poesía. En la primavera de 1963, ya de regreso a España, recibe el premio «Las Albinas», por su relato “Solsticio de Verano”. En julio le es concedido el Premio Nacional Calderón de la Barca por su comedia “Los Verdes Campos del Edén”. Comienza así una larga y fructífera carrera como dramaturgo, durante la cual escribe obras como “Anillos para una dama” (1973) o “Petra Regalada” (1980).

Escribe incluso el libreto de la ópera “Cristóbal Colón”, con música de Leonardo Balada, estrenada en el Liceo barcelonés en 1989. Es autor de una amplia obra que incluye artículos, novelas y guiones televisivos, como los de las series “Paisaje con figuras”, emtido en las temporadas de 1976/77 y 1984/85, publicándose los libro en 1985 y “Si las piedras hablaran” (1972), cuyos textos se publicaron en 1995, ambas de carácter histórico.

En su faceta de articulista ha trabajado en diversos diarios del país. Varias de sus series de artículos han sido publicadas posteriormente como libros. Es el caso de “Charlas con Troylo” (1981); “En propia mano” (1985); “Cuaderno de la dama de otoño” (1985); “Dedicado a Tobías” (1988); “La soledad sonora” (1991) y “A quien conmigo va” (1994).

Con su primera novela “El manuscrito carmesí” (1990), ganó el Premio Planeta. A ésta le ha seguido “La pasión turca” (1994), “Más allá del jardín” (1995), “La regla de tres” (1996), “Las afueras de Dios” (1999), “El imposible Olvido” (2001) y “Los invitados al jardín” (2002). Posteriormente, ha publicado “El dueño de la herida” (2003) y “El pedestal de las estatuas” (2007). “Granada de los Nazaríes” o “Andaluz”, ambos de 1994 y la publicación de recopilaciones como “Córdoba de Gala” (1993) son fruto de su interés por la cultura andaluza, de la que se siente partícipe.

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