Baños del Alcázar Califal

Delante de la “Casa de las Pavas”, se encuentran los «baños califales», pertenecientes al que fuera palacio Omeya. Tras la desaparición del califato, el palacio del califa omeya fue utilizado sucesivamente por los gobernadores de la Taifa; por los gobernantes almorávides y almohades; y finalmente, por los reyes castellanos tras la reconquista cristiana de la ciudad, hasta que éstos lo abandonaron al construir Alfonso XI el Alcázar de los Reyes Cristianos, en el año 1338.

 Con el fin de nivelar el terreno, al construirse el Alcázar, se depositarían cuatro metros de tierra sobre la zona del “Campo Santo de los Mártires”, cubriendo los baños del palacio, gracias a esto los baños no fueron totalmente destruidos y se pudieron recuperar más de seiscientos años después. En 1903 se localizaron unas estructuras enterradas en este lugar, pero no se excavaron. Fue en 1961, cuando se inicia un largo periodo en que se mezclan restauraciones y largos periodos de abandono, hasta que por fin se restauran en el 2000 y se embovedan las salas, abriéndose al público en 2006.

Los baños del palacio que nos han llegado a nosotros son fruto de dos fases constructivas, una de época califal (s.X) y otra almohade (s. XII), separadas ambas por una sala del s. XI, de tiempo de las Taifas.

En el baño andalusí (hammam) no sólo se realizaba la higiene y el cuidado personal, también se realizaban prácticas terapéuticas, sanitarias y sociales, pues se utilizaban como lugares de relación. Podían ser públicos o privados, como éste, y eran utilizados por hombres y mujeres, pero en horario distinto.

El esquema básico de los baños andalusíes era el siguiente:

  • Bayt  al-maslaj                 –  sala de acceso y vestuario
  • Bayt  al-barid                   –  sala fría
  • Bayt  al- wastany             –  sala templada
  • Bayt  al-sajun                   –  sala caliente

También disponía de letrinas y sala de calderas. Este era el baño privado del palacio, pero por toda la ciudad existirían otros públicos, como los localizados en la calle “Carlos Rubio” o el “de la Pescadería”; se calcula que entre públicos y privados pudo haber más de 600 baños en la ciudad del siglo XI.

El baño o Hammam de la época califal, que debió ser abandonado al construirse el segundo, se encuentra en el lado este de la excavación (la más próxima al Palacio Episcopal), mientras que la segunda fase se sitúa al lado oeste.

Al entrar nos dirigimos al frente, para visitar el hammam califal construido durante el gobierno de al-Hakam II (961 – 976), un período en el cual la ciudad de Córdoba era una capital rica y una de las principales del mundo occidental. Pasamos al frente, a la derecha encontramos una sala de proyección, instalada en lo que fuera el Bayt  al-maslaj  o vestuario. En este lugar recibían las toallas, alcorques (calzado con suela de corcho, sin tacón) y otros accesorios para el baño. Frente a esta sala, en una galería, se encontraban las letrinas, con saneamiento subterráneo.

De aquí pasamos a la Bayt al-barid o sala fríaen donde se procedía a la higiene corporal, mediante abluciones con agua fría, la renovación espiritual (purificación) tanto al entrar como al salir de los baños. En los baños árabes no era normal proceder a la inmersión como una forma de limpieza personal, prefiriéndose en su lugar el vapor, la sudoración y las friegas.

Hacemos un giro de noventa grados para acceder a la sala templada o Bayt  al- wastany, la más lujosa de todas, pues era donde se pasaba la mayor parte del tiempo. Aquí, además de tener zonas para el lavado personal, se tomaban baños de vapor y se atendía tanto la higiene como la cosmética personal (masajes, cuidado del cabello, afeitado). La sala es de planta cuadrangular cubierta con bóvedas de medio cañón sobre arcos de herradura apoyados en columnas con capiteles califales. En algunas zonas de las arcadas se observan restos de pintura con adornos vegetales, algo único en el arte andalusí. Los muros se decoraban con zócalos de mármol en su parte inferior y con pintura de almagra (muy utilizada en el califato cordobés) por encima de estos últimos.

La Bayt al-Sajun, o sala caliente, es la última del baño. El calor se conseguía gracias a hipocausto, conducto que, desde la caldera, circulaba bajo la sala, así como las chimeneas empotradas en las paredes. El agua llegaba, desde la caldera, mediante tuberías de cerámica. El espacio rectangular con dos aletas laterales desde las que se accedía a las pilas de baño se cubría mediante bóveda y sus paredes se decoraban mediante pintura geométrica. Una celosía de mármol separa esta sala de la caldera, gracias a lo cual se llenaba de vapor.

Durante la guerra civil que acabaría con la dinastía Omeya (s. XI), en la que en veintiún años se sucedieron 14 califas, esta sala fue el escenario de dos magnicidios. El primero, en el año 1018, la víctima fue el califa de origen marroquí Alí Ibn Hammud, quien había accedido al trono en 1016. El segundo ocurrió en enero de 1024 y fue al califa omeya Abd al-Rahman V, quien llevaba dos meses en el trono.

Desde la sala caliente se puede ver, por el hueco de la antigua celosía, la sala de calderas, en la que se observa el conducto “hipocausto”. Sobre el horno, de ladrillos refractarios, se instalaba una caldera de bronce El baño posee otras dependencias del servicio, como pasillos, que comunicaban el vestíbulo con la sala caliente, leñera, caldera y el horno, en los que se utilizaron ladrillos refractarios de época visigoda.

Para acceder al baño del siglo XII regresemos a la sala de la entrada, desde la que accederemos a una sala porticada, construida en el siglo XI, en tiempos de los Reinos de Taifa, el centro de la sala se decoraba con una fuente surtidor, y una de sus paredes se abría a un jardín, que se encontraba a una cota inferior, con lo que las vistas desde esta sala eran directamente a la vegetación.

Pasamos a la construcción almohade, cultura que dominó al-Andalus entre los años 1172 y 1212, con la derrota de las Navas de Tolosa.

Este nuevo baño aprovecha la caldera califal y un ala del salón del siglo XI, que la transforman en vestíbulo. La Sala fría se decoraba con una fuente en el suelo que aún mantiene parte de los azulejos originales. Desde esta última sala, se podía pasar a un pequeño y estrecho cuarto utilizado como letrina situada a la izquierda y a otro más amplio situado a la derecha, utilizado presumiblemente como lugar de descanso.

La sala templada se divide en dos espacios, el primero rectangular, lo cubre una bóveda en la que se abren lucernarios en forma de estrellas; el segundo espacio es cuadrangular y conserva el pavimento original de mármol, cubriéndose la zona con una bóveda de aristas. La última sala, la caliente, se cubre con bóveda con lucernarios en forma de estrella, en ella se encuentra una pila de inmersión con reformas cristianas del siglo XIII.

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