Campo Santo de los Mártires

Tradicionalmente se ha denominado con la palabra “campo” a amplios espacios abiertos a extramuros de la ciudad, en Córdoba se conocen con este nombre los de “la Verdad”, “San Antón”, “La Merced” y este de “Santos Mártires”. Éste toma el nombre por marcar la tradición a este lugar como el escenario de varios martirios de cristianos, de los conocidos como “mártires voluntarios”, en la época califal. El motivo de suponer que en este lugar recibieron martirio los santos cordobeses se ha debido a que en el siglo XVI aparecieron aquí restos humanos, atribuidos entonces a los mártires.

A nuestra izquierda podemos ver lo poco que queda de la fachada del Palacio Episcopal que daba a esta zona, son dos ventanas con el escudo del obispo Juan Rodríguez de Fonseca (1499-1505). El muro en el que se encuentran estos blasones son los restos más antiguos del edificio del Palacio Episcopal del siglo XV, en un estilo de tránsito del gótico al renacimiento, fue destruido por un incendio. Detrás del muro se llevaron a cabo unas excavaciones que ponen de manifiesto el alcance e importancia del antiguo alcázar visigodo y musulmán. Está en proyecto convertir este espacio en un jardín, tirando el tapial moderno.

Tras la toma de la ciudad en 1236 por Fernando III, los terrenos del Alcázar Omeya se repartieron entre el rey y el obispado, quedándose el monarca con esta zona, en la que en tiempos de Alfonso XI, se construiría una terraza, quedando bajo ella los restos del palacio, como los baños; a esta terraza se le conoció como “Campillo del Rey”.

En los jardines del “Campo Santo de los Mártires» se encuentra, desde 1971, un templete de mármol blanco con un pedestal que sostiene dos manos entrelazadas, obra del cordobés Pablo Yusti, La obra está dedicada al amor entre el poeta Ibd Zaydum y la Princesa Wallada, unidos, según la tradición, por un amor platónico. Wallada era hija del califa Muhammad III, asesinado en el año 1025, cuando llevaba un año en el trono. Tras la muerte de su padre la princesa abrió un salón literario para instruir en poesía a mujeres. En el Salón se celebraban reuniones literarias a las que acudían poetas y literatos. Entre sus alumnas destacó Muhya Bint Al Taayyani, una joven de condición muy humilde (hija de un vendedor de higos) a la que acogió en su casa y que terminó denigrándola en crueles sátiras. Su historia de amor y desamor con el poeta Ibn Zaydun se convirtió en una leyenda, relación ampliamente documentada en los poemas que se dirigieron mutuamente. Walada, una mujer muy adelantada a su tiempo se enamoraría del poeta, quien tendría una aventura amorosa con una esclava de la princesa. Al enterarse Wallada repudiará a su amado; éste, enamorado de ella, al no poder volver con la princesa, escribirá una amplia obra poética en donde se queja de ser abandonado por su amada Wallada. Como consecuencia de la repulsa de la princesa, el poeta debió exilarse en Sevilla.

Ibn Zaydun (Córdoba. 1003 – Sevilla 171), escritor, poeta y político, renovó la lírica amorosa en árabe al infundirle un tono de experiencia más propio y sensual; ello le supuso ser considerado el mejor de los poetas amorosos de la Hispania musulmana y constituirse en modelo para toda la poesía árabe occidental posterior, de forma que se le ha venido a llamar «el mejor poeta neoclásico de al-Ándalus”. Sus intensos amores con la princesa Wallada fueron fruto de inspiración de posteriores escritores y dramaturgos del mundo musulmán. Acusado de un delito común, fue encarcelado, pero logró evadirse de la prisión y desde el destierro quiso hacerse perdonar por el visir y por Wallada por medio de hermosas epístolas y poemas, lo que logró. Tras obtener el perdón, vivió en varias ciudades de al-Ándalus, principalmente en Sevilla, donde fue ministro de Matádid y al-Mutamid, reyes de la Taifa de Sevilla.

La zona norte de la plaza la ocupa un bello edificio del siglo XVI, que en su inicio era uno con el del hotel “Casas de la Judería”, es decir del canónigo Juan Sigler de Espinosa. Tres elementos hay que destacar en la fachada, una hermosa torre mirador, cuyas tejas vidriadas brillan al sol, la bella galería de arquillos del piso superior y el relieve inscrito en un friso de azulejos que representa dos pavos reales sosteniendo un blasón.

Este edificio pasó a manos del Marqués de Valderas, quien en 1920 lo vende a la orden religiosa de las Siervas de María Ministras de los Enfermos, religiosas enfermeras que dejarán el edifico en 1982, para trasladarse a la calle “Blanco Belmonte”; motivo por el que figura sobre una puerta el lema “Salus Infirmorum”. Actualmente es la sede del “Instituto de Estudios Sociales Avanzados” (IESA), un centro público de investigación científica que desarrolla su actividad en el campo de la sociología, creado en 1992 como centro propio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). En 1995 se transformó en centro mixto mediante un convenio de colaboración suscrito por el CSIC y la Junta de Andalucía. En el interior poco queda del edificio original.

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