
Junto al Palacio de Congresos se encuentra el Palacio Episcopal, que ocupa el lugar donde en su día se levantaría el palacio los Gobernadores Visigodos y posteriormente el de los emires árabes, desde el siglo XIII los obispos de Córdoba instalarían su sede episcopal, tras la cesión hecha por Fernando III de este edificio al primer obispo, Lope de Fitero (1237-1245). El último rey que viviría en estas dependencias sería Alfonso X, hijo de Fernando, pues fue quien tomó la iniciativa de construir un nuevo edificio real, que sería el germen del actual Alcázar de los Reyes Cristianos. Los terrenos del Alcázar Viejo llegaban casi al río, en concreto la calle “Amador de los Ríos” y el Seminario, estaban dentro del alcázar. Espacio ya ocupado en época romana, pues desde la ampliación de la ciudad hacia el río con el gobierno del emperador Augusto (s I a.C.), en estos terrenos se construiría el palacio del gobernador o “castelum”, de la Bética.

A mediados del siglo VI los visigodos reforman el ya ruinoso palacio de época romana, para la residencia del dux o gobernador de la Bética. por esa época Atanagildo se rebela contra Agila y pide ayuda al emperador romano Justiniano, que le envía un cuerpo de ejército a Córdoba, y posteriormente se apodera de una franja del suroeste hispánico, desde la desembocadura del Guadalete hasta Cartagena, donde estableció la capital del territorio que denominaron Spania.
En época emiral el palacio sería ampliado, disponiendo de dependencias administrativas, estancias, dormitorios, servicios, etc., con diversos pabellones como el del príncipe, o el de personajes ilustres, la casa de los rehenes, baños, dos mezquitas, la casa de la moneda y el cementerio real, rawda.
La primera gran obra cristiana se realizó en el siglo XV, el denominado “Palacio Viejo”, construido en estilo gótico, de él tan solo quedan dos ventanas en “Campo Santo de los Mártires”. Este tipo de casas-palacios eran lo suficientemente amplias y contaban con diversos espacios para todo lo necesario para la vida de la familia, criados y servidores, que podían vivir en él con sus correspondiente.
En el palacio Episcopal se han localizado restos del palacio Omeya bajo la torre norte y una estancia de planta cuadrada en cuyo centro hay cuatro gruesos pilares que ascienden hasta sostener una bóveda con reminiscencia de un oratorio musulmán, como ha intuido el arquitecto Francisco Jurado. Esta sala, una de las de mayor valor arquitectónico en la actualidad, tuvo durante siglos el uso de cocina, por lo que ha sido necesario eliminar gruesas capas de cal, humo y grasa para recuperar la belleza de la construcción original.

Las murallas del palacio omeya coincidían con la línea de fachada actual de la calle “Torrijos”, al sur lo hacía con la fachada meridional del Seminario de San Pelagio, subiendo dirección norte por el límite occidental de la Plaza del Campo Santos de los Mártires, finalizando al norte de los Baños Califales, enlazando con la esquina noreste del Palacio Episcopal. En el siglo XVI Leopoldo de Austria (obispo de la ciudad entre 1541 y 1554) derriba el palacio gótico anterior para construir otro de estilo renacentista, del que se conserva una portada en el patio con el escudo del obispo.

Diego de Maradones (1607-1624), reedifica el núcleo central del conjunto del Palacio, a esta época pertenece la portada más al sur de la fachada principal, decorada con dos escudos de este obispo, por el otro lado, la fachada da al Patio de Carruajes, el cual fue abierto al público tras una amplia restauración, en octubre del año 2021, como centro de recepción de visitantes de la Mezquita-Catedral. Con la obra del nuevo palacio se destruye el sabat, que desde el siglo XII unía el palacio Califal con la Mezquita, como recuerdo de él en el su lugar, en el suelo de la calle Torrijos se encuentran unas láminas metálicas que marcan los pilares de los arcos.
En el patio se exponen distintas piezas arqueológicas, como restos romanos, encontrados en este solar, algún milarium del siglo I. En este espacio también se encuentra el escudo del obispo Maradones, pues a él se debe la construcción de este edificio, que en su inicio tenía las tres plantas abiertas, hasta que en el obispo Cebrián (1742-1752) cierra las galerías superiores con el fin de aprovechar este espacio, dejando en cada vano una ventana. La sencilla portada adintelada, actual entrada al edificio se realizó durante el obispado de Ramón Guillamet (1913-1920), cuyo escudo se encuentra en la reja.
En la planta baja se pueden ver dos portadas con frontón partido por el escudo el obispo Fernández Conde (1959-1970), que daban acceso al Tribunal Eclesiástico y a la Vicaría General. En el lado oeste se encuentra la capilla de Nuestra Señora del Pilar, es una sencilla estancia de planta rectangular y una sola nave cubierta mediante una bóveda de cañón con lunetos y el crucero se cubre con una cúpula sobre pechinas. El retablo es obra de Pedro Duque Cornejo (1750), al igual que los otros dos retablos de la nave, quien por entonces trabajaba en el coro de la Catedral y tenía su taller en el palacio episcopal, obra suya es también la imagen de San Benito del retablo.

Al lado de la capilla se encuentra la escalera de acceso a la planta superior, construida durante el obispado de Cebrián (1742-1752), pues un incendio en 1745 destruyó parte del palacio. La escalera, de mármol negro, tiene dos sectores iniciales de subida que se unen en un rellano para hacer un único segundo tramo, que cierra una cristalera con tres arcos. La escalera se cubre con una cúpula cuyas pechinas se adornan con el escudo del obispo Pozuelo Herrero, quien ocupó la silla episcopal entre 1898 y 1913; su escudo es el que adorna también la cristalera.
En la planta primera se encuentra la “Capilla Privada”, obra de Verdiguier en el siglo XVIII, siendo también suyo el retablo. En la galería de esta planta se encuentran expuestos los retratos de los diversos obispos de la diócesis cordobesa, algunos de ellos de artistas como Juan de Alfaro (1640-1680) y Acisclo Antonio Palomino (1655-1726).
Tras trasladarse al Seminario la vivienda del obispo, en el año 1988 se inaugura en las antiguas dependencias palaciegas de este edificio el Museo Diocesano de Bellas Artes, siendo cerrado en el año 2006.

Salimos del Palacio Episcopal para bordearlo sobre nuestra derecha, más tarde hablaremos del Triunfo de San Rafael, ahora giramos la esquina junto a la portada del obispo Maradones, para entrar en la calle “Amador de los Ríos”. En el siglo XIX el acceso a esta calle se hacía bajo el Arco de Guía, una construcción en forma de arco que tenía una imagen de la Virgen de la Guía. Este arco se construyó con el obispo Tarancón y Morón (1847-1857), uniendo el Palacio Episcopal con una habitación de una casa, construida a la vez, entre el Seminario y el Triunfo de San Rafael, conocida como “Casa del Triunfo”, por ello antes de recibir el nombre actual, esta calle se llamó “Arco de Guía” y “del Triunfo”. En 1863 se produjo un incendio en la “Casa del Triunfo” que afectó al arco y a zonas de la casa, a consecuencia de ello el Ayuntamiento expropió la vivienda y dependencias del Seminario que sobresalían de la fachada de éste, quedando ensanchada la por entonces calle “del Triunfo”.
Continuamos con la fachada del Palacio Episcopal, este edificio se levantaría en época del Obispo Francisco Garrido de la Vega (1772-1776), cuando de forma sorpresiva el rey Carlos III ordenó la inmediata expulsión de los jesuitas de España el 31 de marzo de 1767, al parecer por relacionar a esta orden con el Motín de Esquilache, el principal ministro del rey, al que los amotinados culpaban de la carestía del pan, el ministro se había hecho extraordinariamente impopular como consecuencia de la prohibición de algunas vestimentas tradicionales, su condición de italiano contribuyó de forma importante a ese rechazo. Fue una operación secreta y rápidamente ejecutada, tras la expulsión se ordenó que sus bibliotecas fueran trasladada a los obispados, por lo que a este Palacio llegaron las de Montilla y la del Colegio de Santa Catalina de Córdoba. Para su custodia, según Ramírez de Arellano, el obispo ordenaría la construcción de un edifico al sur del Patio de Carruajes, encargando el proyecto al arquitecto Ventura de la Vega, considerado el principal arquitecto del país de su época y el último barroco, se sitúa entre el barroco y el neoclasicismo. Es el autor de diversas construcciones y del diseño de fuentes, como las madrileñas de Cibeles y Neptuno. En la fachada de este nuevo edificio, finalizado en el año 1800, se encuentra la puerta de acceso, en la que sobre el balcón se sitúa el escudo del obispo Agustín Ayestarán (1796-1805).


En el obispado de Pedro Antonio de la Trevilla (1805-1832), se aumentarían los fondos de la Biblioteca con los de la desaparecida Inquisición. En estos locales el obispo Adolfo Pérez Muñoz fundaría en 1922 el Colegio de San Rafael, para educar a niñas de familias con un nivel social y económico escaso. Los cordobeses, personalizaron y le dieron el nombre de «Colegio del Obispo”, nombre que se popularizó ignorándose la nomenclatura oficial. Es la base de la actual fundación diocesana “Santos Mártires”, que disponen de 12 centros escolares en la provincia. En 1988 se convertiría, por varios años, en Museo Diocesano de Bellas Artes, pero hoy se encuentra cerrado y continúan en él dependencias episcopales.
Cerca de la puerta de entrada al Palacio Episcopal, en el suelo, entre éste y la Mezquita podemos apreciar unos perfiles metálicos embutidos en la calzada, marcan el espacio que ocupara el ‘sabat’, un pasadizo para el califa pasara desde su alcázar al templo.




