Para iniciar la visita al liwan nos colocaremos junto a la “Puerta de las Palmas”, en el eje de ésta al Mirah; sobre nosotros veremos un artesonado, realizado en 1919, restauración dirigida por Velázquez Bosco y Mateo Inurria, a partir de los restos que quedaron tras un incendio del siglo XVIII, que destruyó el original. La techumbre original del templo sería el artesonado de madera, que fue oculto en el siglo XVIII con bóvedas de yesería, por temor a los incendios y por la tendencia barroca.

Esta primitiva construcción carecía de cúpulas, siendo su techo un artesonado de madera labrada y policromada. El suelo era plano, con una base de tierra y cal apisonada y por encima una argamasa teñida con óxido de hierro, se cubría con esteras. La actual solería de mármol se colocó en 1.920 elevando el nivel del primitivo suelo unos veinte centímetros. En la restauración realizada en 1995 se dejaron a la vista varias de las basas, ocultas hasta entonces.

Los nueve grandes pilares que hay en esta zona, tapando los espacios entre columnas, son los contrafuertes de la bóveda de la Catedral, pues al construirse el templo cristiano dentro del musulmán rompió todos los estudios de luz, acústica y perspectiva de la mezquita. La elevación en el suelo que se aprecia al norte y en el centro de esta fase del templo corresponde a la situación del primer mihrab. Este desnivel en el suelo está originado por una restauración efectuada en el siglo XIX en la que se rebajó el nivel del suelo de la primera etapa con objeto de sacar a la luz los basamentos de las columnas que la integran, ya que son los únicos que están dispuestos con cimiento de piedra unicelular y basamento.

La forma de las basas en esta zona es muy diversa, para aprovechar las distintas alturas de las columnas.


Entre las columnas destaca una, actualmente protegida mediante un metacrilato, pues tiene una composición de azufre, lo que producía que al acercarle un mechero desprendiera el característico olor, lo que hacía que fuesen muchos los visitantes que lo hacían y provocaron el daño, apreciable, en la columna. La leyenda decía que la columna comunicaba directamente con el infierno, motivo del olor a azufre.
Desde este lugar se pueden ver restos de las paredes entre la primera mezquita y lo que sería la calle, hoy ampliación de Almanzor, estando actualmente algunos muros aprovechados como altares cristianos.
Através de un gran arco pasamos a la Primera ampliación, la de Abd al-Rahman II, las obras de ampliación comienzan en el año 833 (47 años después de la primera construcción), prolongándose en ocho nuevos tramos de arquerías hacia el sur, conservándose el mismo tipo de construcción que la anterior.

La separación de la primitiva mezquita con esta segunda ampliación la podemos ver claramente, gracias a la línea de pilares, de sillares de piedra, entre las filas de columnas, siendo éstos los contrafuertes del primitivo muro sur, de esta forma, perforando la pared y no derribándola por completo, solucionaron la unión de los dos espacios, así como al cambio de nivel del suelo.




