
La estatua de Seneca mira hacia la calle “Cairuán”, urbanizada en los años 60, pues hasta entonces estaba cerrado el acceso entre el hospital y la muralla. Su nombre se le puso tras el hermanamiento de Córdoba con la ciudad tunecina de Cairuán (Kairuán, Kaïrouan o Qayrawán), cuando visitó Córdoba el jefe de Estado de Túnez en 1968, siendo nombrado el alcalde de Cairuán concejal honorario de Córdoba. Cairuán es una ciudad a 160 km de Túnez también Patrimonio de la Humanidad y cuya mezquita muestra similitudes con la de Córdoba.
Esta calle discurre paralela a la muralla de la ampliación del emperador Augusto (siglo I) y se adorna con unos estanques y un pequeño riachuelo, heredero del “Arroyo del Moro”, que en época romana llegaba desde al-Rusafa y servía de foso natural al lienzo oeste de la muralla. El crecimiento de la ciudad por este lado hizo que el trazado del arroyo se modificase y en 1860 se soterró a su paso por la Avenida de la Victoria para que no molestara a la feria que allí se celebraba. Años más tarde, con la creación de los cuarteles de la futura Avenida de Medina Azahara en 1891, su curso se desvió nuevamente más al oeste desde la Arruzafilla, pasando por detrás de la barriada de Las Margaritas y bajando, ya soterrado, por la actual Avenida del Arroyo del Moro hasta la pared del cementerio de Nuestra Señora de la Salud, desembocando en el río.

Estamos en el terreno que en tiempo islámico era el arrabal de al-Siyn al-Qadim, que tras la Reconquista pasaría a denominarse “Huerta del Rey”, en la Baja Edad Media se encontraba en esta zona el fonsario de los hebreos, pues dada la proximidad con la Judería, éstos daban en este lugar sepultura a sus muertos. La zona también fue conocida en el siglo XX como el Charco de la Pava, siendo urbanizada en la década de los sesenta del siglo XX tras permanecer en su mayor parte como escombrera desde la construcción en 1955 de la Avenida del Conde de Vallellano y la urbanización de la Avenida Doctor Fleming.



