La Kibla (o Qibla), es la pared que marca la dirección de la oración, en el centro de ella, en esta ampliación, se abre un arco bajo la cúpula principal de la Maxura, da acceso al Mihrab, la zona se encuentra decorada por un mosaico, único en España, regalo del emperador de Constantinopla, tras pedir el califa Alhakam al emperador, artistas para poder reproducir en la mezquita cordobesa los mosaicos de la de Damasco. Éste envió especialistas bizantinos, junto con el material (1.600 kilos de teselas de pasta de cristal, piedra caliza y mármol, formando hasta diecinueve colores), compuesto por 320 quintales de polvo de vidrio, como regalo al califa Alhakam.

La decoración se extiende como un tapiz sin dejar un solo espacio vacío, y se realiza con representaciones de hojas y tallos e inscripciones que destacan sobre fondos dorados y azules. Es la misma técnica empleada en el templo de Santa Sofía en la ciudad turca de Estambul.

En una restauración realizada en 1999 se descubrió en el muro de la Kibla, a la altura de la capilla de San Bartolomé, restos de representaciones pictóricas, un águila y una gacela, al parecer esta decoración, aparecida también en estandartes militares, formaban parte de la simbología de poder religioso del califa.
Los arcos del vestíbulo de la qibla, excepto los que coinciden con los tres tramos del mihrab, son arcos rebajados que se decoran con celosías de yeso.

El acceso al interior se hace bajo el arco de herradura con dovelas ricamente decoradas, dando un semblante majestuoso el mármol labrado que forman la arquivolta y los alfices; estando el resto decorado con mosaico. Las columnas del arco de entrada son las mismas que las de la ampliación de Abd al-Rahman II.
En los cimacios, aparece señalada la fecha de finalización de las obras (entre el 28 de noviembre y el 27 de diciembre del año 965 d. de C.).
Empotrado en el centro de la kibla se abre el Mihrab, una pequeña habitación de forma octogonal (primera en un mihrab), abierta en las dos caras contiguas del norte, en la época de mayor riqueza del califato. El zócalo está formado por placas de mármol (que son las originales del siglo X), decorándose la parte superior con inscripciones cúficas. Por encima y sostenidas por modillones de fino alabastro, corre una cornisa también en mármol. Seis arcos ciegos trilobulados sostenidos por pequeñas columnas, en las que aparecen capiteles califales, decoran los paños superiores; los espacios entre arcos se decoran con atauriques.

Cubre el mihrab una cúpula de una sola pieza con forma de concha y realizada en yeso. La solería era la única que había en la Mezquita y se conserva original. El mihrab posee unas extraordinarias propiedades acústicas consiguiendo repartir las palabras del director de la oración por toda la mezquita. A la entrada del mihrab se encuentran dos pares de columnas en mármol rosa y azul, que proceden del mihrab de Al-Hakem II.

Sobre el dintel del arco del mihrab, el mosaico forma un texto cúfico en letras azules con fondo dorado, siendo su traducción: “Sura LIX, del Corán. El es Dios. No hay Dios sino él. Él conoce los desconocido y el testimonio. El es el Clemente, el Misericordioso”.
En el alfiz (moldura que enmarca un arco), por encima del texto anterior se encuentra otro en dos líneas también en caracteres cúficos, el texto en oro y el fondo en azul, cuya traducción es:

Cuenta una de las múltiples leyendas de la mezquita, que cuando se realizó el gran mosaico de la Kibla, uno de los artesanos, enamorado de una mujer, decidió representar el bello rostro en su obra, cosa totalmente prohibida por la religión musulmana, por lo que el artista decidió camuflarla entre los dibujos de los cinco arcos trilobulados que decoran la parte superior del mihrab, si nos fijamos bien, podemos ver su rostro disimulado en el vano del arco central.

Junto al Mihrab se encuentran dos puertas, la izquierda (según miramos a la Kibla) es la Puerta de la Cámara del Tesoro (Bayt al-mal), cinco habitaciones, hoy desaparecidas, que guardaban los donativos para las obras de caridad, así como un gran Corán, el cual debía ser llevado, por dos hombres, al mirhab para la oración del viernes por la mañana; este hermoso Corán tenía la particularidad de que cuatro de sus páginas fueron escritas personalmente por el califa Utman (tercer sucesor de Mahoma) y se guardaba en un estuche enriquecido. En esta sala se guardaban otros ricos artículos de ajuar de la mezquita; su acceso era custodiado por el Qadí.

Otra de las joyas que aquí se guardaban un púlpito con ruedas (almimbar), desde donde el imán pronunciaba los sermones y daba noticias al pueblo. Era esta una pieza de gran valor y hermosura, tallada en madera de ébano se recubría treinta y seis mil piezas de marquetería, en madera de sándalo rojo, marfil y aloe incrustados.
La decoración de esta puerta es de inicios del siglo XX, la original bizantina desapareció, pues en este espacio, y desde el siglo XVI, estuvo la “Capilla de la Institución del Santísimo Sacramento o de la Santa Cena”, hasta 1912, con la restauración de Velázquez Bosco.
En el lateral se exponen dos puertas originales, recubiertas de placas horizontales de latón colado.
La otra puerta (Bab al-Sabbat) que se abre en la Maxura es la que daba acceso al Sabbat, tras un pasillo, junto al muro sur de la mezquita, se llegaba a un pasadizo elevado sobre la calle, que comunicaba la mezquita con el palacio califal (Qasr al‑Julafá), de tal forma que el califa y su familia pasaban de un edificio a otro sin pisar la calle, evitando problemas de seguridad. Actualmente esta puerta da acceso a las dependencias del Archivo Catedraliceo.
La riqueza de su decoración es similar a la del pabellón izquierdo, aunque los motivos vegetales son algo diferentes al no haber sido realizados por el artesano bizantino, sino por alumnos suyos que había formado en Córdoba.
Su cúpula, gemela de la existente en el pabellón izquierdo, aunque ésta fue restaurada a principios del siglo XX por Velázquez Bosco. La planta es también ochavada y la disposición de los arcos constituyen un tercer tipo, diferente a los existentes en el pabellón central y en la Capilla de Villaviciosa, quedando los arcos como uniones de los vértices opuestos de esta figura octogonal. La bóveda central es algo más pequeña y también está formada por ocho gallones. En los espacios intermedios, vemos dispuestos florones y estrellas. Los arcos inferiores disponían de atauriques con fondos azules y rojos y fileteados de negro que venían a sustituir la inexistente decoración. En la actualidad, se pueden ver en los zócalos unas pinturas realizadas posteriormente y fechadas en el año 1135.




