
Nos encontramos ante el edificio civil más importante de la ciudad, tanto por su antigüedad como por su historia, se trata del Alcázar de los Reyes Cristianos, su construcción se inició en el siglo XIII, tras la toma de la ciudad a los musulmanes, en él se alojaron los distintos Reyes de Castilla, hasta los Reyes Católicos, durante la guerra con el reino nazarí de Granada. Isabel y Fernando lo habitaron durante ocho años y en sus dependencias nacería María, reina de Portugal.
La historia del terreno que ocupa se remonta a la época romana. En las excavaciones realizadas entre los años 2002 y el 2004, se localizaron abundantes restos arqueológicos, como la muralla romana del siglo I d.C., tras la refundación realizada por el emperador Augusto. La muralla iba acompañada además de un puerto fluvial próximo al río Guadalquivir. Se tiene constancia de que en entre los siglos IV y V d.C., hubo un reforzamiento de la muralla, dando lugar a la construcción de un Castellum (diminutivo de la palabra Castrum, campamento militar) cuya finalidad era fortificar el acceso al puente y el puerto fluvial.

La leyenda marca éste como el lugar donde Julio César plantó un plátano, según un texto de Marcial, pues Julio César fue destinado a Coduva como cuestor de la provincia Hispania Ulterior. Antes de finalizar el periodo para el que fue designado, regresará a Roma por voluntad propia, para intentar ascender políticamente, cosa que logra en varias votaciones para cargos políticos. En el año 61 a.C. regresará a la Ulterior, esta vez como pretor de la provincia (cargo inferior al consul, comandantes militar y administrador del gobierno). Es en esta ocasión cuando organiza y dirige una expedición contra los lusitanos, que le reportará fama entre sus conciudadanos, así como riqueza personal, que le ayudará a un rápido ascenso en su carrera hacia el poder. En 59 a. C. fue elegido cónsul gracias al apoyo de sus dos aliados políticos, Pompeyo y Craso, los hombres con los que César formó el Primer Triumbirato.
Con la llegada de los Omeyas, este Castellum fue reformado siendo integrado en el palacio del emir, los almohades lo refuerzan en el siglo XII para constituir una gran alcazaba en la que acuartelar a un número de sus tropas dentro de los muros del Alcázar.
Al llegar los reyes cristianos se alojarían en este lugar, siendo Alfonso X el Sabio el último que habitó el “Alcázar Viejo”, pues al quedársele pequeño el espacio que su padre había reservado para el poder civil, mandaría construir en su terreno y otro más añadido, un castillo-fortaleza que fue conocido como “Casas Reales”, a ella pertenecería la “Torre de los Leones”, es la de forma cuadrangular que se alza actualmente en la esquina noroeste del edificio, pues de estas Casas Reales, se conserva dicha torre y algo del lienzo norte de la muralla.

La reina regente, María de Molina esposa de Sancho IV y por tanto nuera de Alfonso X, sería la tutora de su hijo Fernando IV, en su minoría de edad. Esta reina regente concedería a los monjes Agustinos unos terrenos en esta zona para trasladar aquí su convento del Campo de la Verdad.


En ese tiempo la corte castellana no tenía un lugar fijo en el territorio geográfico, era una corte itinerante; Alfonso XI decide crear un Alcázar tomando como origen las Casas Reales de su bisabuelo. Pues Córdoba había sido designada “Ciudad Adelantada y Plaza de Armas”. Con el fin de ampliar las Casas Reales, permuta a los agustinos su convento por otras tierras en la collación de Santa Marina, donde edificaron un nuevo convento, donde hoy está la iglesia de San Agustín.
Finalizada la guerra con Granada, el edificio pasará por diversos usos, hasta que a madiados del siglo XX, es recuperdo por el ayuntamiento como uno de los edificios emblemáticos de la ciudad.




