
Entre el mirador y el Puente Romano se encuentra el “Molino de la Albolafia”, formado entre las ruinas de una noria almorávide construida para sacar agua del río y con ella regar las huertas. Fue mandada construir por el gobernador árabe Tasufín entre 1136‑1137, rehecha en época de Alfonso XI y desmontada por Isabel la Católica. La Albolafia contaba con un acueducto que sobrevolaba la muralla y llegaba hasta la torre del Baño.

En el año 1241, el Rey Fernando III creara el Concejo de Córdoba, al que dio libertad para la adopción del nuevo escudo y bandera, tomándose los símbolos heráldicos de Castilla y León. Del 1248 se conserva la copia de un privilegio de Sancho III en el que se describe el sello de la ciudad, es “un sello grande de cera que por un lado tiene un león y por el otro, la ciudad de Córdoba con el puente y el río figurados”; en él también figura el molino el molino de la Albolafia. Este sello se comenzaría a utilizar en el siglo XVI como escudo representativo de la ciudad de Córdoba, quedando las armas de Castilla y León como representación de la provincia.

El original de este fuero es el texto más antiguo escrito en español, que se conserva en España, forma parte de los depósitos del Archivo Municipal, en la Casa de los Hoces, calle Sánchez de Feria.

La Albolafia es una noria de vasijas de barro y se apoya en un edificio de doble planta con cabecera semicircular, no quedando prácticamente nada del primitivo árabe, el cual se integró en esta noria en las del siglo XVI. En la segunda planta, prácticamente derruida, se ven restos de un arco mudéjar con alfiz (s. XIV) y el arranque de una doble arquería, parte del acueducto que llevaba el agua a las huertas del Alcázar; su muro sur cuenta con un arco de medio punto y tres, de menor tamaño trebolados, obra mudéjar realizada en el reinado de Alfonso XI. Las dos torres sobre las que se apoya el eje de la rueda están consideradas las partes más antiguas del monumento, de época almohade (s. XII). En el siglo XVI, las monjas de Jesús y María, que eran sus propietarias, se ocuparon de su restauración, siendo las obras dirigidas por el maestro Juan de Ochoa, funcionó como molino harinero y como batán; con la desamortización pasará al Cabildo Municipal, quien posteriormente la subastaría y en 1955 el Estado lo adquiere y lo cede al Ayuntamiento, se restaura bajo la dirección de Félix Hernández, quien lo lleva a cabo como fiel reproducción de la noria original.


Este molino fue conocido con los nombres de “Molino de la Añora” o “Molino de la Noria” Al parecer el nombre de “Albolafia” lo tomaría el molino, por pertenecer en el siglo XV al linaje Cabrera, quien ostentaba el señorío del cortijo de Albolafia en Bujalance.



