Los Sotos de la Albolafia

Si nos acercamos al río, a un mirador podemos contemplar los “Sotos de la Albolafia”, único espacio medio ambiental dentro de un casco urbano Patrimonio de la Humanidad; la zona fue declarada Monumento Natural de Andalucía el 2 de octubre de 2001. En estos 354.581 m2, de agua y suelo, se encuentra una zona húmeda en la que se han contabilizado unas ciento cincuenta especies de vertebrados, de las que ciento veinte son ave, siendo muchas de ellas especies protegidas. El motivo de la gran concentración de aves, muchas de ellas migratorias, hay que buscarlo cuando se estableció un dormidero de garcillas bueyeras, de lo que no solamente se benefició esta especie, sino muchas más, encontrando muchas de ellas su alimento en el vertedero municipal; muchas especies migratorias descansan en este lugar a su paso hacia, o desde diversas zonas húmedas del sur de España, como el Parque de Doñana. Es extraordinaria la visión del enorme número de ejemplares que se pueden localizar, sobre todo al amanecer o a la caída de la tarde, en la salida o llegada a las zonas de descanso. Entre las especies que se pueden ver están las garcillas bueyeras, gaviotas, milanos, cigüeñas, garza real, y muchas más.

Este espacio natural ha sido creado, indirectamente, por la mano del hombre, por la construcción del puente de San Rafael, inaugurado en 1953, y con la construcción, durante la alcaldía de Julio Anguita (abril de 1979 -febrero de 1986) de un colector paralelo al río, que recoge las aguas fecales para llevarlas a la estación depuradora de “La Golondrina”, pero también recoge el agua de lluvia, que ahora no llega al río. Anterior a estas obras no existía este espacio verde. Además este espacio, al ser “artificial”, no tiene una autorregulación, ya no pastan animales, por lo que necesita de la mano del hombre para ello y no proliferen especies vegetales o animales en demasía, algo que se realiza muy de vez en cuando.

En esta zona de la ribera se encontraba en época romana el puerto fluvial que comunicaba Córdoba con la capital del imperio, este puerto fue la base de la existencia de la ciudad romana en este lugar ya que la ciudad se fundó en este lugar por la conexión con la zona minera de Sierra Morena y la posibilidad de construirse un puerto, se podría decir que no fue el “puerto de Córdoba”, sino más bien al revés: su situación y su carácter de centro de comunicación del comercio del Guadalquivir impulsó a la ciudad como capital de la Bética y la convirtió en lo que fue a partir de este momento. El cobre y la plata que llegaban a este lugar, procedente de las minas, servían para mover tropas e impedimenta con más facilidad que a través de tierra. El puerto colocó a Córdoba en el mundo. Desde este lugar salían las exportaciones al resto del Imperio, pasando por el puerto de Sevilla, donde la mercancía cambia a barcos de mayor calado.

Era el punto más alto navegable del Guadalquivir, en Córdoba y en su puerto era donde se distribuía el comercio del valle medio del Guadalquivir para salir al Atlántico. Salían hacia el imperio metales, miel, trigo, vino y, sobre todo, aceite de oliva.

Sobre la localización del puerto no hay certeza exacta, según el catedrático Vaquerizo, pudo estar aguas abajo del Puente Romano, quizá desde la altura del Alcázar hasta el Jardín Botánico, donde se instalarían los almacenes, aduana, grúas y espacios administrativos. Marcaría la zona sur de Corduba, llegando sus instalaciones auxiliares hasta el meando, aguas arriba.

Pero el cauce desde Sevilla tendría puntos difíciles de navegar para los que los romanos construirían infraestructuras para franquearlos, como canales artificiales, presas y azudas, que darían mayor volumen para la navegación. Para subir aguas arriba estarían los caminos de sirga, paralelos a las dos orillas, por los que los barcos subían arrastrados por animales o por esclavos en los puntos más complicados.

Las edificaciones junto al puerto y a la “Puerta del Puente” debió ser un importante espacio cosmopolita, como atestigua que en el actual Palacio de Congresos apareciese un altar escrito en griego dedicado a dioses orientales, muy probablemente “frecuentado por marineros o mercaderes de todo el ámbito del Mediterráneo”. Las representaciones de Hércules que se encontraron en el Alcázar, muy cerca también del puerto de Córdoba, también tendría que ver con ello. A su regreso los barcos no vendrían de vacío, traerían otros materiales, como el mármol, importante para la decoración de la ciudad.

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