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La plaza “Elie Nahmias”, es un espacio que hace la conocida como «Casa del Judío», haciendo una forma de C, tres de sus paredes corresponden a esta casa, mientras el lateral oriental se encuentra abierto, mirando a la plaza de «Jerónimo Páez», la del Museo Arqueológico, como es conocida por los cordobeses.
La plaza recibe el nombre del que fuera propietario de la casa finales del siglo XX, actualmente pertenece a sus herederos, que la visitan un par de veces al año, siendo habitada tan sólo por los guardeses. A esta casa se le dedicó una página en exclusiva, «Rey Heredia, la Casa del Duque».
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Esta casa, que en el el siglo XIII fuera del Duque de Medina Sidonia, fue adquirida por el hebreo francés Elie Nahmias (1908-1994), de nacimiento otomano, quien entre otros cargos era Vicepresidente del Consejo de Supervisión de Pétrofrance. En diciembre de 1968, cuando esta familia se encontraba de vacaciones por el sur de España, un contratiempo con el coche les hizo quedarse unos días en Córdoba, de la que se enamoraron del tal forma que compraron esta casa-palacio, de 2.822 m2. Su pasión era el Sefarad hispano, durante su vida recopiló gran cantidad de bibliografía y documentos inestimables que cubren seis siglos de la historia sefardí. Este tesoro pasó a manos de sus hijos, propietarios actuales del edificio, si bien algunos de ellos se encuentran en la “Biblioteca de l´Alliance Israèlite Universella”, una organización educativa establecida en Francis en 1880 con el propósito de brindar ayuda a los estudiantes judíos.

Este lugar es un bello espacio gracias a la gran portada de la casa, en estilo mudéjar, con un portalón bellamente tallado con las figuras de dos reyes castellanos, Fernando III y Pedro I, y girnaldas de frutas. En una de las esquinas un mirador con una celosía de madera. Esta portada fue encargada por Nahmias al arquitecto Féliz Hernández.


En la plaza se encuentra una fuente con un pilón de piedra y un busto de Lucano.



Separando esta casa del edificio ampliación del Museo, nos sale en dirección norte una calle en escalera de subida, es la “Cuesta Pero Mato”, nombre que toma de un suceso ocurrido en el medievo y que forma parte de la tradición popular. En esta cuesta vivía un médico cuya mujer, al parecer tuvo relaciones con uno de los Páez de Castillejo, al tener conocimiento del hecho el marido, doctor don Pedro Pero Mato, intentó descargar su ira contra su esposa, la cual se refugió en un cercano convento. Tras interceder el obispo de la diócesis y ante la negación del hecho por parte de su esposa, doña Beatriz regresó a su casa, tras prometer el marido no hacerle daño. Pero pasado algún tiempo, le gastaron una pesada broma al doctor, colgándole en la puerta de su casa una cuerda llena de cuernos, cosa que reabrió la herida, llevando al marido a ahorcar a doña Beatriz. Este suceso alcanzó tal trascendencia popular, que dio pie a muchos romances y coplas, como:
«Pero Mato mató a su mujer; fisolo tarde, más fisolo bien».
El otro extremo de la escalera es la calle «Alta de Santa Ana», estrecha calleja que corre por el lateral del convento de «Santa Ana», perteneciente al barrio de Santo Domingo. Si subimos la calle, gran parte de su pared de la izquierda corresponde al convento de las monjas.
El origen de esta calle se encuentra cuando en el siglo VIII se levanta un muro de contención, que sería recrecido en épocas islámica y cristiana. Si subimos la cuesta, escalonada llegamos a un pequeño ensanche hecho en 1958, desde aquí, a nuestra izquierda se encuentra el huerto del convento de Santa Ana, y a la derecha instalaciones del colegio Santa Victoria. Esta cuesta nos llevará hasta el barrio de “Santo Domingo”, concretamente a la calle “Alta de Santa Ana”, que corre por el lateral del convento del mismo nombre.



