Capilla 46: Nta. Sra. de la Antigua y Altar de San Felipe y Santiago

La capilla 46 está dedicada a la «Virgen de la Antigua», es una obra de inicios del XVII.

En su portada, de medio punto, se encuentra el escudo de su fundador, el jurado Martín Gómez.

Situación de la capilla y del altar de San Felipe y Santiago,

Su sencillo retablo se forma a partir de una mesa y un par de columnas que enmarcan un arco de medio punto en el que se instala una pintura de Nuestra Señora de la Antigua.

Tanto el altar como la pintura son obra del mayor exponente de la pintura renacentista cordobesa, el racionero Pablo de Céspedes, autor del gran cuadro de la Santa Cena en el muro occidental. Su lápida funeraria puede verse ante la capilla de “La conversión de San Pablo” (nº 65), junto al crucero.

Esta advocación, originada en el siglo XIV, fue muy popular en su día, en la actualidad tiene gran fervor en el pueblo cordobés de Hinojosa del Duque, de donde es la patrona (junto a San Gregorio) y alcaldesa perpetua. La figura se inspira en el arte bizantino, en concreto en la Virgen Odighitria, esta palabra griega significa “la que muestra el camino”, algo que hace la Virgen señalando al Niño, como camino de la salvación.

Remata el retablo un frontón partido en donde se sitúa una representación de Cristo, obra también de Céspedes.

Merece mención la mesa del altar, una composición de azulejos con la representación del Sacrificio de Isaac por su padre Abraham.

Cubierta de la capilla

En esta capilla también podemos ver las columnas que soportaban los arcos de acceso de la mezquita de Abd al-Rahman I.

En esta nave de la mezquita y a la espalda del altar de “Santa Cruz”, sobre un pilar de los contrafuertes de la catedral, se encuentra el altar de San Felipe y Santiago el Menor, obra del pintor local Antonio del Castillo (s. XVII), próximo a las capillas del lado occidental se encuentra otro altar realizado por este pintor dedicado a estos apóstoles. En una hornacina de medio punto se sitúa la pintura en donde se representan a los apóstoles portando los atributos de sus martirios. Así, San Felipe, junto al libro abierto, objeto que lo identifica como apóstol, lleva una cruz en la mano, símbolo de su crucifixión. Santiago el Menor, apoyándose en la maza con la que fue rematado tras ser arrojado al vacío desde el techo del templo.

En la pared sobre la hornacina se pueden apreciar unos soportes de un cuadro, puede ser que fuera una Inmaculada, pues estos dos apóstoles se les suele representar junto o cerda, de la Inmaculada, pues la tradición marcaba que ellos fueron los primeros en defender que María nació libre de pecado.

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