En el antiguo muro oriental de la mezquita de Abd al-Rahman I se encuentran los altares de San Cristóbal y Santa Bárbara.
El altar de San Cristóbal es uno de los más antiguos del templo, al final del año 1286, en su testamento, el canónigo Domingo Pérez disponía que lo enterraran ante el altar de San Cristóbal, lugar que él había escogido como capilla propia, otorgando la dotación para un capellán y donaba tres arrobas de aceite “para la luminaria que Dios alumbre mi alma”.

De ese antiguo altar ya nada queda, quedando la posibilidad, que tras el gran lienzo pudiera haber un fresco. El altar actual es del siglo XVIII. San Cristóbal es representado según la iconografía tradicional, con barba, andando con dificultad por las aguas del río que le llegan hasta las rodillas, encorvado bajo el peso de su carga. Sobre el hombro lleva al Niño Jesús. Las representaciones de este santo suelen ser de gran tamaño, “San Cristobalón”, pues la leyenda lo describe como un gigante de nombre Oferus, que por su altura y fortaleza, se dedicaba a pasar personas de una orilla a otra el río
Según la leyenda, Oferus era un hombre bondadoso, de gran estatura y fornidos miembros, que decidió ir a buscar al mayor rey del universo, para entrar a su servirlo. Encontró un poderoso monarca con el que entró a su servicio, pero éste le confesó temer al diablo, por lo que Oferus le dijo, “pues si le temes, claro está que no puedes tanto como él, y en tal caso quiero servir al diablo”.
Oferus encontró a un hombre que le dijo ser el diablo, entrando a su servicio, pero un día vio que éste retrocedía ante una cruz, “por temor a la imagen de Cristo”, a lo que el gigantón contestó, “si temes la imagen de Cristo, tú eres menos poderoso que Cristo.”
Continuaría su búsqueda y encontró a un ermitaño donde podía encontrar a Cristo, el ermitaño le dijo que estaba en todas partes y a Él se le sirve con oraciones, ayunos y vigilias. Oferus le dijo que él no podía hacer eso, por lo que el ermitaño lo llevó ante un torrente y le dijo, “muchas pobres gentes que han querido atravesar este torrente se han ahogado. Quédate aquí, y lleva en hombros a la orilla opuesta a cuantos se presenten; si tú haces esto por amor de Cristo, él te reconocerá por su servidor.”
Una noche, dormido, oyó la voz de un niño que le llamó tres veces por su nombre; se levantó, cogió a cuestas al niño, y entró en el torrente. De pronto el agua se embraveció y el peso del niño, sobre sus hombros, aumentaba enormemente. Offerus arrancó de raíz un gran árbol para apoyarse en él y se esforzó cuanto pudo; pero el agua era cada vez más brava y el niño pesaba cada vez más. Temiendo ahogar al niño le dijo levantando la cabeza: “Niño ¿por qué te haces tan pesado, que no parece sino quo llevo acuestas el mundo entero?”.
El niño respondió: “No solo llevas al mundo, sino al que hizo el mundo. Yo soy Cristo, tu Dios y Señor, a quien debes servir. Yo te bautizo en el nombre de mi Padre, en mi propio nombre, y en el del Espíritu Santo. En adelante te llamarás Christoferus, esto es, el que lleva a Cristo”.
Desde aquel día Christoferus recorrió el mundo para enseñar la palabra de Cristo, muriendo mártir en la persecución de Decio, hacia el año 251.
Otra leyenda local, sobre el cuadro, cuenta que entre la pierna y el bastón de San Cristóbal existe otra pintura, ya gastada y escondida, de la Virgen María, sólo es visible para aquellos que se encuentre en estado de gracia y hayan rezado previamente un Padrenuestro al santo. Es entonces cuando se verá la imagen y se le podrá hacer tres peticiones particulares con la seguridad de que al menos una de ellas se verá cumplida; otros dicen que la persona que llega a verla seguro que contraerá matrimonio.
Debajo del lienzo, existe un pequeño relieve que representa al evangelista san Marcos escribiendo, acompañado por el correspondiente león, su principal atributo. Se ha querido ver en su rostro un posible retrato del escultor Michel de Verdiguier.

El otro altar es el de San Gregorio Magno y Santa Bárbara, se tiene constancia de que ante este altar fue enterrado en 1502 don Fernando de Riaza, protonotario apostólico, tesorero y canónigo de esta Catedral, fallecido, según consta en la lápida sepulcral que hoy se encuentra en la capilla de Villaviciosa, por entonces el altar estaría dedicado a San Gregorio. A este lugar fue trasladado el cuadro de Santa Bárbara que se encontraba en la desaparecida capilla de San Andrés, que se situaba en donde hoy se encuentra la de Santa Teresa o del Cardenal, por acta capitular de 1613, se sabe que el cuadro fue costeado por el racionero Alonso Gutiérrez con motivo de habérsele dado una sepultura en aquella capilla.

El lienzo de la virgen y mártir Santa Bárbara está firmado por Juan de Peñalosa (Baena 1579-Córdoba 1636), quien fue discípulo de Pablo de Céspedes. La santa aparece vestida con ricos ropajes y la palma del martirio en la mano, en el fondo se representa, como es habitual en la iconografía de esta santa, una torre, pues ésta fue encerrada por su padre en una torre para evitar que fuese convertida al cristianismo, aprovechando una ausencia de su padre, escapó del encierro, convirtiéndose al cristianismo, por lo que su progenitor, tras someterla a castigos corporales para que renunciase de su fe, ordenaría su decapitación.
En la parte superior se encuentra un pequeño lienzo que representa a San Gregorio Magno en su coronación, debe ser obra coetánea al traslado del retablo de Santa Bárbara (s. XVIII) para no olvidar la titularidad del anterior altar.



