Convento de Santa Ana

Calle Alta de Santa Ana

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En la esquina de la portada del templo conventual de Santa Ana se nos abre la calle “Alta de Santa Ana”, de continuarla, en el último tramo cambia el nombre por el de “Cuesta de Pero Mato”, que desemboca en la plaza de “Jerónimo Páez”, donde se encuentra el Museo Arqueológico, zonas de la que hablamos en el recorrido en el texto “Recorriendo las calles de la Judería de Córdoba”.

La historia del “Convento de Santa Ana” se inicia en una ermita dedicada a Santa Ana, conocida ya a mediados del siglo XIV, ésta le fue entregada en el año 1589 a tres monjas Carmelitas Descalzas para la fundación de un convento de la orden, en la que intervine el carmelita San Juan de la Cruz. En el 1608 el marqués del Carpio cedería una casa contigua a la ermita para la creación del templo, siendo este marquesado mecenas del convento.

La fachada principal es del siglo XVIII, posee una portada con un vano de medio punto enmarcado por dos grandes columnas rematadas por un frontón curvo partido por una hornacina que cobija las figuras de Santa Ana, la Virgen y el Niño; completa la decoración el escudo del Carmen.

A las dependencias conventuales se accede por un portal, en una pequeña calleja, en él destacan el claustro, una loggia (galería exterior conformada por arcos sobre columnas, techada y abierta en uno o más lados) que se comunica con el jardín y la escalera renacentista, decorada con el escudo del fundador.

La entrada al templo la haremos desde la calle, tras subir la escalera enrejada y pasar el cancel de madera, en el que se labra el escudo de los carmelitas. El sencillo interior es de una sola nave con planta de cruz latina y capillas laterales, se cubre con bóveda de cañón.

En ambos laterales de los dos primeros tramos de la nave se exponen sencillos altares del XIX, con una imagen cada uno, a la derecha los dedicados a “La Virgen de Lourdes” y a “San José” y a la izquierda al “Corazón de Jesús” y a la “Dolorosa”. En el tercer tramo se abren capillas, la de la derecha se fundó en 1685, de planta cuadrada y con decoración mariana enmarcada en yesería, en su pared se encuentra una lápida sepulcral fechada en ese año; su retablo se decora con pinturas pertenecientes a la escuela cordobesa del XVIII. Frente a ella, la capilla de la “Virgen del Carmen”, posee una imagen de la titular del siglo XVIII.

El crucero se cubre con una cúpula con pechinas en las que se encuentran los escudos de los que fueran patronos del templo, los marqueses del Carpio. En el lateral derecho del crucero se encuentra una puerta de acceso al convento, en este lugar se instala un retablo dedicado a Santa Teresa, fundadora de las carmelitas.

Entre este y el altar mayor se encuentra la imagen del “Cristo de la Sed”, bella y curiosa imagen de un crucificado realizado por el imaginero cordobés Miguel Ángel González Jurado, bendecido en el año 2013, fue realizado para el interior de la clausura, pero se trasladó a este lugar en 2015, la imagen se inspira en una experiencia mística de la Madre Teresa de Calcuta, teniendo el brazo derecho desclavado de la cruz.

En el altar mayor, del círculo de Sánchez de Rueda, se encuentra un retablo barroco del 1710, posee tres calles, con banco, cuerpo y ático; entre sus figuras destaca una pequeña, de alabastro, que representa a “Jesús atado a la columna” (s. XVI). En el ático un conjunto de la Virgen Niña junto a San Joaquín y Santa Ana. En el lado derecho del ábside se encuentran dos rejas, en dos alturas, que dan acceso a la clausura, mientras que en el izquierdo se encuentra una curiosa reja con grandes pinchos. Los laterales del presbítero se adornan con pinturas representando “La alegoría de los Lirios” (s. XVIII) y “Santa Teresa”.

El lateral izquierdo del crucero sufrió un incendio en las Navidades de 1993 al arder un «Belén» que las religiosas habían instalado en este lugar; a consecuencia del fuego quedaron destruidas las obras que se exponían aquí, entre ellas una imagen de Santa Ana de 1720. A partir de 2015 se comenzó un proceso de remodelación que incluyó la reconstrucción del retablo perdido en el incendio y la restauración de la fachada principal.

Crucero izquierdo

En la clausura del convento se conservan varias obras de arte como el “Niño Jesús” de Alonso de Mena y una rica colección de piezas de orfebrería punzonada.

Al fondo de la pequeña calleja junto a la iglesia se abre una puerta que nos da acceso al patio del convento y al torno de la clausura, donde las monjas venden sus productos de repostería para ayudar al mantenimiento económico del cenobio.

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