Museo Taurino

En mayo de 1954 se crea el «Museo Municipal de Artes Cordobesas» , pues en inicio fue concebido para albergar las obras de artesanía local. Tras dos años de cierre, en 1983 reabriría como Museo Taurino, exponiendo una colección de objetos de los toreros cordobeses. En 2005 vuelve a cerrar y se reabre en 2014, reduciendo el material expositivo e instalando gran cantidad de paneles informativos.

En el Museo se pueden contemplar «reliquias» de los diversos toreros cordobeses de los siglos XIX y XX, como Lagartijo Chico, Conejito, Bocanegra, Damaso Pepete y otros, pero destacando sobre todo a los cinco que han recibido el galardón de ser denominados los “Califas” del toreo cordobés: Lagartijo, Guerrita, Machaquito y Manolete y El Cordobés. Éste título fue creado por el crítico taurino Mariano de la Cavia “Sobaquillo”, al llamar en una crítica “Califa del Toreo” a “Lagartijo”.

El primer Califa, Rafael Molina Sánchez “Lagartijo”, nació en el año 1841, era hijo de un banderillero, debutó como becerrista a los once años, pasando posteriormente a una cuadrilla juvenil y de ésta a la de Pepete (1861); tomaría la alternativa en el año 1865, llegando a triunfar en casi todas las plazas de España, aunque se le resistió la de Sevilla, a la que decidiría no regresar en 1884. Fue definido como “un torero completo, admirable con el capote, elegante con la muleta, muy hábil con las banderillas, dominador de todas las suertes, en especial las de adorno, y seguro con el estoque”.  A lo largo de su carrera mató 4.687 reses en 1.632 tardes. y tuvo una fuerte rivalidad con “Guerrita”, quien cuando murió, aquél le dedicó una corona que decía: “Al sin rival maestro Lagartijo, su discípulo Guerrita”. Una vez le preguntaron qué era el toreo, a lo que contestó: “Pues… viene el toro, se quitá usté, que no se quita usté… le quita a usté el toro”. Fallecería en su ciudad natal en el año 1900. Su monumento funerario, en el cementerio de “Nta. Sra. de la Salud” es obra de Mateo Inurria, realizado unos años de la muerte del torero.

Rafael Guerra Bejarano, apodado “Guerrita” (1862-1941), sería el segundo “Califa”, la critica lo consideró como el torero más completo del siglo XIX, de él se escribió que era “excelente banderillero, dominó el capote y la muleta siendo muy eficaz con el estoque”. Nació en el matadero donde su padre era conserje, situado próximo a la torre de “la Malmuerta”. Con catorce años ingresó en una cuadrilla juvenil, después de haber practicado varios meses con reses del matadero, tomando el apodo de “Llaverito”; pasaría por las cuadrillas de “Lagartijo”, “Bocanegra” y “El Gallo”, con quien mataría su primer toro en el 1884, adoptando su definitivo apodo de “Guerrita”; tres años más tarde recibiría en Madrid la alternativa de manos de su maestro “Lagartijo”.

Promovió el “Club Guerrita”, un lugar donde se hablaba de to­ros y donde la presencia del maestro, y sus sentencias, se convertían en algo parecido a un esperado ritual; desde allí organizó en 1898 uno de los eventos taurinos más originales que se producen en España: “la becerrada homenaje a la mujer cordobesa”, durante mucho tiempo la becerrada fue presidida por el propio torero, actualmente lo organiza el “Club Taurino”. “Guerrita” se retiró en 1899 tras matar 2.338 toros. Fue celebre en Córdoba por sus frases que se hicieron famosas como: “hay gente pa tó”, “ca uno es ca uno”, “Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible”, «hay que desengañarse: en esto del toreo, unos saben lo que hacen y otros hacen lo que saben«.

El tercer califa es Rafael González “Machaquito” (1880-1955), tomó la alternativa a los veinte años, siendo considerado como un “torero valiente y pudoroso”, como demuestran las diecisiete cogidas que recibió. El 16 de octubre de 1913 dio la alternativa al que sería gran torero Juan Belmonte, y al día siguiente, sin previo aviso se cortó la coleta no volviendo a torear, viviendo en Córdoba hasta su muerte el año 1955. El 9 de mayo de 1907 en Madrid mató a un toro de forma magistral y pidió al escultor Mariano Benlliure que inmortalizara aquel momento y de ahí surgió la escultura “La Estocada de la tarde”, una réplica de la misma es entregada cada año por la peña taurina “Ciudad Jardín”, a la mejor estocada de la temporada en Córdoba. En 1910 el periódico “Los Toros” lo eligió el mejor torero del momento tras una encuesta en la que participaron 49.120 personas. Fue condecorado con la Cruz de Beneficencia, pues estando toreando, el año 1902 en Hinojosa del Duque (Córdoba), una parte de la pla­za se vino abajo haciendo que los espectadores cayeran a la plaza con el evidente peligro ante el toro, entonces Ma­chaquito se fue hacia éste matándolo de una certera estocada, evitando así una posible tragedia.

 El cuarto “Califa” pertenece ya al siglo XX, es Manuel Rodríguez Sánchez, “Manolete”, descendiente de una familia de toreros, pues tío abuelo suyo fue José Damaso Pepete, y su padre un matador que no alcanzó la fama, nació en el año 1917, iniciando su carrera a los doce años como becerrista, dos años más tarde mataría a su primer novillo; tras el parón de la Guerra Civil Española tomaría la alternativa en la Real Maestranza de Sevilla el 2 de julio de 1939 en una corrida extraordinaria organizada por la Asociación de la Prensa de Sevilla, siendo confirmado en Madrid el 12 de octubre del mismo año a manos de “Chicuelo”. Especialista como matador, realizó un toreo muy serio y depurado, lo que le llevó a ser considerado el mejor torero del siglo XX. En la cúspide de su carrera profesional, la tarde del 28 de agosto de 1947, en Linares, sería corneado de muerte al entrar a matar al toro “Islero”, de la ganadería de Miura, falleciendo al día siguiente. Su entierro en córdoba fue la mayor manifestación popular conocida hasta entonces.

En octubre de 2002 se proclamó como quinto Califa del Toreo a Manuel Benítez Pérez “El Cordobés”, nacido en la localidad cordobesa de Palma del Río en 1936. De origen humilde, logró convertirse en uno de los más afamados toreros y considerado uno de los iconos de la década de los 60. Con un toreo poco ortodoxo, exaltó siempre en su estilo la inmovilidad ante el toro y como matador causó siempre emoción y controversia. Un domingo de abril de 1957, en una corrida de toros en la plaza de toros de las Ventas de Madrid, se lanzó al ruedo como espontáneo, recibiendo una gran paliza del toro y siendo arrestado a continuación. Vistió por primera vez de “luces” el 15 de agosto de 1957 en Roa de Duero, Burgos. Tomará la alternativa en 1963 en Córdoba, siendo su padrino Antonio Bienvenida y saliendo a hombros esa misma tarde al cortar dos orejas en el festejo. Fue líder de la estadística durante varios años, retirándose de los ruedos en 1971, aunque regresaría ocho años más tarde, lidiando pocos festejos. Luego lo haría en el año 2000 con dos corridas.

Destaca también la figura del rejoneador cordobés Antonio Cañero, quien nació en la calle de la “Puerta de Osario” el 1 de enero de 1885. Su primera profesión fue la de oficial del ejército, que compaginó con su pasión del rejoneo desde 1913, dedicándose de pleno a ello a partir de 1922, con la Guerra Civil, Cañero dejaría los toros para regresar al ejército, con el empleo de teniente coronel, que dejará finalizada la contienda, pero ya solamente volvería a torear en espectáculos benéficos. Fue considero como uno de los mejores rejoneadores de la primera mitad del siglo XX, su fama perdura en Córdoba por su gran generosidad al donar los terrenos para la construcción de un barrio de casas para familias humildes, que actualmente lleva su nombre. Fallecería el 21 de febrero de 1952 en la finca de su propiedad “La Viñuela”. cercana al citado barrio.

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