
En el edificio número 3 de la plaza se encuentra el hotel “NH Amistad”, construido coincidiendo con la celebración en Sevilla de la Expo-92, está construido sobre la que fuera “Casa de los Armenta”. Según se recoge en el libro “Casas Señoriales de Córdoba”, los Armenta tienen su origen en las proximidades de Vitoria y los primeros que llegaron a Córdoba fueron Gonzalo Alfonso de Armenta, señor de la citada Casa y su hijo, que estaban al servicio del rey Enrique II, quien les dio tierras de la campiña en agradecimiento por la ayuda en la guerra contra su hermanastro Pedro I. Se afincó en Córdoba llegando a ser una de las personas que tenían el “derecho de Cepa”, que les daba el privilegio de que las campanas de la Catedral repicaban en su fallecimiento, las familias con este privilegio eran conocidas como “de la Cepa de Córdoba”. En el siglo XVII, Inés de Armenta ostentaba el mayorazgo de los Armenta y por tanto la propiedad de esta casa, estaba casada con Pedro de Cárdenas y era sobrina del arcediano Damián de Armenta, propietario de la “Casa del Duque” (actualmente conocida como “Casa del Judío” con salidas por la calle “Rey Heredia” y plaza de “Jerónimo Páez”), éste en su testamento permuta con su sobrina la propiedad de ambas casas, cediendo a la Capilla del Sagrario de la Catedral las de la plaza de Maimónides. La muerte del arcediano se produjo en 1640.

En esta casa nacieron en el siglo XIX los hermanos Rafael y Tomás Conde y Luque, dos personajes importates en la vida de la ciudad y de los que hablaremos al pasar por la calle que Córdoba les dedicó. De la casa solariega, solamente conserva el patio del hotel, un bello patio rectangular de dos plantas en estilo mudéjar porticado con arcos de ladrillo que descansan sobre una colección de capiteles, romanos, visigodos e islámicos; en el centro hace de fuente una antigua piedra de moler de un molino. En las obras del hotel aparecieron restos de unas termas romanas.
Frente al Museo Taurino y haciendo esquina con «Tomás Conde«, encontramos la que fuera casa del conde de Castel. En 1634 su propietario era Cosme de Córdoba y Bocanegra. A finales del XVII esta familia se trasladará a «las Indias», dejando el inmueble en arrendamiento; en el siglo XVIII su propietario era don Juan Alfonso de Cárdenas, Conde de Castel y “gobernador de las Indias”, quien seguía en el continente americano.

El linaje Bocanegra es de origen genovés y se asentó en Córdoba en el siglo XIV, por medio de Micer Egido Bocanegra, almirante de la Armada de Castilla que sirvió a Alfonso XI, quién en premio a su labor en la zona del estrecho de Gibraltar contra el rey de Marruecos, el año 1342, le concedió la villa de Palma del Río.
Como pasó con la casa del Arcediano, al siglo XX llegará convertida en casa de vecinos, hasta que fue adquirida por la familia Herruzo, quien la restauró para hacerla su vivienda. El edificio es una obra barroca del siglo XVIII cuya fachada se decoraba con un recubrimiento de placas barrocas. La portada, hoy desprovista de las citadas placas, se corona con un frontón curvo partido. La esquina con la calle “Tomás Conde” la hace un mirador, estos eran un recuerdo de las torres de vigilancia, misión que ya en el siglo XVIII no es necesaria, como tampoco la de secadero de alimentos, pasando a ser un mirador que simboliza el prestigio de la casa.
Tras la puerta se accede a un zaguán o “casa puerta”, nombre que se dio a este espacio en las casas del barroco. El interior se articula en torno a un patio principal con el suelo decorado con mosaico de chino cordobés, dos de sus laterales se encuentran porticados, uno de estilo mudéjar, con dos arcos de medio punto, que desecan sobre una columna central con fuste y capitel de procedencia romana, frente a él otro claustro, éste de cuatro arcadas que descansan sobre finas columnas de mármol blanco. El acceso a la segunda planta se realiza por una escalera barroca.
En el solar de la esquina de esta plaza con la “calleja del Cardenal Salazar», según “Arque Córdoba”, en excavaciones arqueológicas previas a la construcción del edificio se localizaron vestigios de un relleno de época augustea. En época altoimperial se documentaron muros y pavimentos de unas termas públicas. La fase tardoantigua destaca por un edificio de carácter público, mientras que para la fase califal se detectaron dos grandes muros dispuestos en sentido perpendicular, que delimitaban un gran edificio con un patio o plaza de acceso pavimentada. Sus grandes dimensiones remiten a una gran construcción pública, ocupada y expoliada en época almohade, momento al que pertenecen los restos de dos pavimentos y tres muros correspondientes a una estructura de carácter doméstico.
Estas mismas características ocupacionales se ponen de manifiesto en fechas bajomedievales, documentándose una serie de estructuras que definían una casa con patio cuadrangular con andén perimetral o rebanco por tres de sus lados y un pozo con encañado.
A época moderna se vinculan unos espacios domésticos organizados, también, en torno a un patio, al que se abrían varias estancias de planta cuadrangular.



