La fachada oriental pertenece por completo a la ampliación de Almanzor realizada en el año 987 y a la cual, para terminar antes la obra, trasladaron muchos fustes, capiteles y celosías de los que adornaban el muro anterior a la ampliación.

Cinco de las portadas de este lienzo fueron restauradas, a primeros del siglo XX, siendo sus restauradores Velásquez Bosco y Mateo Inurria, quedando otras dos portadas sin restaurar.
Al estar sin restaurar las dos portadas primeras, se pude apreciar su estructura original formada por tres calles verticales divididas en tres cuerpos cada una. Los dos laterales constan de sendos vanos ciegos en los cuerpos inferior e intermedio y de una ventana cubierta por una celosía en el superior. El cuerpo central es de mayor tamaño, en él se abre la puerta adintelada bajo un arco de herradura. Aunque en ninguna de las dos puertas existe alfiz (moldura rectangular que enmarca un arco), ni tampoco el friso de arcos ciegos sobre éste, sí se aprecia el estado de deterioro que presenta el lugar que podrían haber ocupado ambos. En la Puerta del Sagrario sí han permanecido los arcos geminados de los cuerpos laterales intermedios y restos de lo que podrían haber sido sendos arcos polilobulados sobre las ventanas del cuerpo superior.
Puerta del Sagrario, es la única que se suele abrir, por ser la que da acceso a los ritos litúrgicos que se celebran en la Capilla del Sagrario, que hace las funciones de templo parroquial del barrio de santa María.

La tercera es la Puerta de San José, pues da acceso a la capilla del mismo nombre, obra del siglo XV. Es la primera de las cinco puertas de esta fachada restauradas por Velázquez Bosco a partir del año 1913, para lo que se somete a un profundo estudio de imágenes antiguas de las puertas para intentar ser lo más realista en su restauración.

Estas puertas, sin nombre conocido árabe, lo han tomado del santoral cristiano, denominándose, “La Magdalena”, “de la Concepción”, “San Juan”, o “San Nicolás”

Al Patio de los Naranjos se abre la Puerta de Santa Catalina, obra renacentista de 1573, realizada por Hernán Ruiz «el Joven» sobre otra existente de tiempos islámicos.

Su nombre lo toma del cercano convento de Santa Clara, que por entonces se denominaba de “Santa Catalina”.
La portada renacentista sigue el esquema clásico de la época, dos cuerpos, el inferior con arco de medio punto enmarcado por columnas de capiteles corintios. En el segundo cuerpo dos columnas y dos pilares hacen de marco a tres frescos de Antonio del Castillo, de los que apenas quedaba un resto, hasta su restauración en 2015, en donde Santa Catalina ocupa el espacio central y los laterales los patronos Acisclo y Victoria.
Se corona con un frontón curvo con la imagen del Padre Eterno. En ella se pueden ver tres escudos, a ambos lados los del cabildo, uno posterior al siglo XVI, con la torre campanario, y el otro en donde se representa el alminar árabe que poesía este templo antes de la construcción de la torre cristiana. En el centro el del obispo Cristóbal Rojas Sandoval (1562-1571).
Las puertas se recubren con placas de bronce, y en ella se encuentra un aldabón fechado en 1.573.


Junto a la Puerta se sitúa la fuente de «Sta. Catalina» o «del Mocosillo» (siglo XVIII), es una de las fuentes externas de la Mezquita en las que el Cabildo se «veía obligado a proveer, como responsable de las Aguas de la fábrica de la Catedral», según manuscrito del año 1.834.
En la última cortina se abre una puerta restaurada en 1738 en estilo churrigueresco, es la Puerta de la Grada Redonda, cuyo nombre lo tomaría de una grada redonda azul, que había junto a ella y que hoy es el pilón de la fuente del Cinamomo, en el interior del Patio de los Naranjos; da acceso al noroeste del riwat.




