La calle «Almanzor» toma su nombre de Abu ´Amir Muhammad Ibn Abi ´Amir al-Ma´afiri, caudillo andalusí que nunca perdió una batalla y que sembró el caos y el temor en los reinos cristianos del siglo X, siendo el peor enemigo que jamás tuvieron los cristiano desde la toma de la península en el año 711. Según las fuentes árabes dirigió 60 campañas contra los territorios cristianos. Nació en la ciudad malagueña de Torrox hacia el año 940. Un antepasado suyo fue uno de los que acompañaron al general Tariq en el desembarco en la península, por lo que recibió como pago a sus servicios las tierras de Torrox. Durante la infancia se traslada a Córdoba para estudiar literatura, leyes y tradiciones árabes. Su primer empleo fue en la administración pública y con 27 años ya es intendente del príncipe Abd al-Rahman, hijo del califa al-Hakan, al fallecer el príncipe consigue ser nombrado tutor de Hisham II (965-1013), el nuevo heredero al trono. Eran los tiempos más esplendidos de la dinastía Omeya de al-Ándalus de los Omeya, de gran suntuosidad y la estabilidad al sur peninsular.

Al morir al-Hakam II el año 976, es elegido su hijo Hisahm como califa, en contra del parecer del hermano de al-Hakam II, el ya anciano al-Mugirah, quien esgrimió su derecho al trono, pero esa misma noche es asesinado, al parecer por orden al Almanzor, zanjándose la cuestión dinástica. Tras ello, Ibn Abi ´Amir fue promovido a corregente junto al visir al-Mushafí. Ordenaría el aislamiento del joven califa en Medina Azahara, al que ocupó rodeándole de lujo y de mujeres, embriagándole de placeres, en tanto que él asumía el gobierno personalmente. Con el tiempo, el califa no fue sino un fantasma para sus súbditos, en una mera leyenda.

En 977, los árabes organizaron una campaña para castigar las incursiones realizadas por los gallegos fuera de sus tierras, por primera vez iría al frente del ejército Ibn Abi ´Amir (Almanzor). La campaña se saldó con un éxito rotundo y a su regreso a Córdoba, el corregente repartió el botín conquistado entre sus soldados. Estos le respondieron con vítores y juramentos de lealtad eterna, lo que Ibn Abi ´Amir aprovechó para acusar al visir al-Mushafí de robar fondos públicos. Demostrados los cargos, Al-Mushafí fue encarcelado y, ya en prisión, asesinado.
Durante este tiempo el califato tuvo una época de prosperidad económica, pues las arcas públicas crecieron, se abarataron los alimentos gracias al trabajo esclavo, se construyeron escuelas y zonas de regadío. Pero su poder autoritario e integrista le hizo cometer grandes aberraciones, como perseguir cualquier disidencia política o quemar más de 400.000 volúmenes de la biblioteca privada del anterior califa. Muchos de ellos, obras irrepetibles sobre astronomía, filosofía, medicina, etc.

También emprendió una reforma del Ejército dirigida a apuntalar su obediencia mediante la sustitución de soldados eslavos por bereberes, fanáticos de su figura, y por mercenarios navarros, leoneses o castellanos, servidores del mejor postor. Rejuveneció las tropas, consiguiendo eliminar las añoranzas al anterior califa. Con este nuevo ejército consigue varias victorias ante los reinos cristianos, por lo que se autoproclama al-Mansur bi-Allah (el victorioso de Alá), ordenando que su nuevo nombre fuese proclamado desde todos los minaretes de la ciudad. Para sus enemigos, sería desde entonces Almanzor.
Se casó con una hija de Sancho Garcés II, rey de Navarra, la cual le fue entregada como signo de buena voluntad y de alianza entre ambos reinos. con ella tuvo dos hijos, Abd-al-Málik al-Muzáffar (975-1008) y Abderramán “Sanchuelo” (983-1009).

Entre sus campañas más famosas están la del año 985 que llega a las murallas de Barcelona. Y sobre todo la del verano de 997, cuando un poderoso ejército partió de Córdoba hacia Santiago de Compostela, tierra nunca saqueada. Durante una semana la única ocupación de los árabes consistió en saquear la ciudadela, con la orden expresa de respetar la tumba del apóstol y al monje que la cuidaba, convertido en cronista de aquellas jornadas. La basílica no disfrutó de la misma amnistía y entre el botín llevado a Córdoba estaban las campanas, que fueron utilizadas como lámparas en el interior de la Mezquita. La última incursión que realizó Almanzor fue en el año 1002, cuyo objetivo eran la zona de La Rioja, saqueando el monasterio de San Millán de la Cogolla, en esta campaña, a la que Almanzor acudió con una enfermedad, tuvo una grave recaída que le causó la muerte a la altura de Medinaceli (Soria), ciudad en la que fue enterrado. A Almanzor se debe la última de las ampliaciones de la Mezquita, ampliándola en al lateral este, todo lo largo. Mandaría construir un nuevo palacio para su corte, Medinat al-Zahira, que aún no se ha localizado su situación, aunque se supone pudo estar por la zona del polígono de “Las Quemadas”.
En esta calle hasta el siglo XVIII se conservaba una casa conocida como “Casas del Rey Almanzor”, que la leyenda hacía coincidir con el que fuera palacio del caudillo del Hisem II. Esta casa perteneció al caballero Juan Ponce de Cabrera. Según el “Anuario Arqueológico de Andalucía” de 1993, en prospecciones arqueológicas realizadas en la casa número 20 se ha detectado que esta zona en la época imperial romana debió ser una zona rica según los hallazgos aparecidos, su vida debió existir hasta el siglo III o IV. De época islámica se localizaron restos de una estructura hidráulica que plantea la posibilidad de la existencia de unos baños.

En la última casa, la nº 34, se encuentra una placa que indica que en ella nació el poeta y maestro, Juan Morales Rojas (1918-1991). Como maestro fue el propietario del Colegio Nuestra Señora de la Fuensanta ubicado en la Huerta de la Reina. Como poeta perteneció a la “Generación del 36”, escribiendo varios libros de poemas y otros histórico-turísticos.
La “Generación del 36” incluía a los autores nacidos entre 1905 y 1920, por lo que sufrieron de lleno la Guerra Civil Española, en el ámbito social, económico y político. Sus componentes reflejaban en sus obras lo que sucedía en la España de la época haciendo hincapié en la división de la sociedad, las penurias que se vivían y la censura. Las obras de estos autores dejaron plasmada la situación anímica del país, el dolor, la miseria y la resignación que tuvieron que adoptar los ciudadanos. Todo esto hizo que la creación literaria de la época estuviera muy marcada por la guerra y el dolor, la poesía de guerra fue muy abundante entre los miembros de la Generación del 36, unos versos que perseguían crear conciencia en las trincheras, de ambos bandos. También se llevó a cabo una gran cantidad de poesía de propaganda en ambos bandos y esto hizo que hubiera dos tendencias poéticas. Para muchos críticos, Miguel Hernández es el puente que conecta la Generación del 27 con la del 36 ya que su actividad poética la comenzaría muy joven.
Finaliza la calle “Almanzor” en «Fernández Ruano», junto a la “Puerta de Almodóvar”, regresemos para tomar por «Romero» en donde encontramos una sugestiva entrada en la casa número 6, lugar en donde tuvo su primera sede el cercano restaurante “El Caballo Rojo”, pionero de los restaurantes de elite cordobeses, instalado hoy en la calle “Cardenal Herrero”.



