Calle Tomás Conde y el Marquesado de la Vega de Armijo

Al final de «Manriquez», a nuestra derecha nos llega la calle «Tomás Conde», que nos viene de la plaza “Maimonides”. En el plano de 1851 y en el de 1906 aparece como “de las Pavas”, y ya en el de 1910 figura con el nombre actual. En el siglo XVI tenía el nombre “Martín de Angulo”, en honor a Martín Fernández de Angulo Saavedra y Luna, un cordobés del siglo XVI, doctor en derecho civil y canónico por la universidad de París, arcediano de Talavera y canónigo de Sevilla, consejero del rey Fernando el Católico y presidente de la Real Chancillería de Valladolid (órgano judicial establecido por Enrique II de Castilla en 1371, funcionaba como el alto tribunal de justicia del reino, fue suprimido en 1834). Fue obispo de Cartagena y de Córdoba (1510-1516), en donde fallece.

Tomás Conde y Luque (Córdoba 1833-1888) nació en la casa que hoy ocupa el Hotel NH en la “Plaza de Maimonides”, donde una placa informa del nacimiento de su hermano Rafael. Fue empresario y político, ocupó la alcaldía de Córdoba durante dos años en 1875, también fue nombrado presidente de la Diputación Provincial en 1880, cargo que ocupó solamente cinco meses. Murió al ser atropellado por un tren en el paso a nivel de “Las Margaritas”.

“Manriques” hace esquina con “Tomás Conde”, con una antigua columna en un edificio, en donde algunos autores sitúan una de las casas en que viviría el poeta cordobés del Siglo de Oro, Luis de Góngora y Argote, no sabiéndose si en ella fue donde nació, pues la investigadora gongorista Amelia de Paz descubrió en un legajo de la Inquisición un padrón de 1607 que situaba a Góngora como habitante de la casa. Formaba parte de la collación de San Bartolomé, por entonces era racionero activo de la Catedral. Allí vivió el poeta junto a su hermano Juan, “caballero notorio y veinticuatro de Córdoba”. Gracias a este censo, se conoce la vida del barrio y de la vecina collación de Santa María. Góngora nació en el año 1561 y se sabe que en el 1612 compró la casa en la plaza de la Trinidad, en donde murió en 1627. Durante varios años se dio como casa natal la vecina “Casa de las Pavas”, pero fue desmentido por los historiadores al no coincidir fechas de sus propietarios con el nacimiento del poeta.

Entremos a “Tomás Conde” para pararnos en la casa número 8, de blanca fachada posee una portada pétrea del del siglo XVII con la particularidad de tener un saliente curvo en su parte superior, y el arco de medio punto tiene pilastras de estilo dórico a los lados, sobre la puerta se encuentra el escudo familiar; en el segundo piso se abre un balcón sostenido por cornisa que avanza en su centro, anunciando el movimiento más exagerado que será propio de la siguiente centuria, y remata en frontón partido sustentado por dos pares de pilastras jónicas. La vivienda fue propiedad de los Mecías de la Cerda, Marqueses de Armijo, quienes, según Ramírez de Arellano, descendían de uno de los conquistadores de Córdoba en el siglo XIII. La planta alta fue muy reformada a mediados del XX, transformándose en casa de vecinos con acceso independiente. En el interior, conserva una galería abovedada en la planta baja, así como otras dos dependencias interesantes por su cubierta: un artesonado mudéjar, en una, y una cúpula, en otra. Estructurada alrededor de un patio principal como la mayoría de las casas de su tipo, ésta ha llegado hasta la actualidad muy modificada de como debió de ser en el momento de su construcción.

El Marquesado de la Vega de Armijo fue creado por Carlos II en 1679 en favor de Fernando Antonio Mesía de la Cerda y Angulo, VII señor de la Vega de Armijo, caballero de la Orden de Calatrava y Veinticuatro de Córdoba. Este señorío hacía referencia a unos bienes de jurisdicción señorial situado en el término municipal de Montoro. Los caballeros veinticuatro eran cargos de las corporaciones municipales de algunas ciudades españolas, especialmente andaluzas, durante los siglos XV a XVIII. Vendrían a ser como los concejales de los ayuntamientos actuales. Generalmente lo desempeñaban hombres con cierta posición social y nobles.

El marqués de la Vega de Armijo, nacido en Córdoba, con más relevancia histórica fue Pedro Messía de la Cerda y de los Ríos (Córdoba,1700 – Madrid, 1783), V marqués de la Vrga de Armijo, marino, teniente general de la Real Armada y V Virrey de Nueva Granada. Con quince años ingresó en la Armada como guardia marina; entonces ya pertenecía a la Orden de Malta; de la que luego sería comendador. Al completar los estudios fue destinado a la escuadra del marqués de Mary, marino genovés al servicio de la Corona española, y bajo su mando, en 1717, participó en la conquista de Cerdeña; sirvió en la reconquista de Sicilia contra la Royal Navy, donde fue hecho prisionero y canjeado, peleó en las tomas de Palermo y de Messina. El año 1760 fue nombrado virrey, gobernador y capitán general de Nueva Granada y presidente de la Real Audiencia de Santa Fe; le acompañaba el destacado sacerdote y científico de la Ilustración, José Celestino Mutis. Este virreinato fue aprobado por Felipe V en 1717 y ocupaba los actuales territorios de Colombia, Venezuela, Ecuador, Panamá y Guayana. A su llegada se encontró con un territorio en estado caótico y con las arcas vacías, estuvo diez meses en Cartagena de Indias (Colombia) donde restauró las fortificaciones. En Bogotá fundó el primer colegio femenino del Virreinato, y por mediación de Mutis dispuso la creación de cátedras de Matemáticas en los centros de enseñanza superior de Nueva Granada y se iniciaron las enseñanzas de Astronomía y Ciencias Físicas y Naturales.

Fomentó la minería de plata, a cuyo cargo puso a los hermanos Delhuyar, quienes en 1783 habían sido los primeros químicos en aislar el wolframio. Entre las numerosas obras civiles que emprendió destacan la construcción de tres puentes, el arreglo de caminos y el levantamiento del Plano geográfico del Virreinato de Santafé de Bogotá. Para aumentar los ingresos de las cajas reales, estableció el monopolio del aguardiente de caña, nacionalizó y potenció el servicio postal, al que potenció. Los nuevos impuestos, unidos a su propuesta de abolir la Audiencia de Quito, provocaron la doble rebelión de esta ciudad por la aristocracia criolla en 1765. En la primera, los rebeldes exigieron la abolición del monopolio del aguardiente, y en la segunda saquearon y mataron por toda la ciudad, llamando a la expulsión de todos los españoles. El virrey Mesía, carente de tropas para reprimir los disturbios, tuvo que aceptar los hechos consumados.

En 1767 supervisó la expulsión de los jesuitas residentes en Nueva Granada, disponiendo que las bibliotecas jesuíticas fueran trasladadas y con sus fondos creó la Real Biblioteca de Santa Fe de Bogotá, que luego sería la Biblioteca Nacional de Colombia, primera biblioteca pública de Nueva Granada. Ante la falta de pólvora para las guarniciones militares, ordenó la búsqueda exhaustiva de salitre y creó a las afueras de la ciudad, la Real Fábrica de Pólvora de Santa Fe, dotándola de grandes muros para evitar el peligro de posibles explosiones. En 1772, tras doce años, renunciaría al cargo y regresaría a la península.

Los últimos años los vivió retirado de los asuntos oficiales y de los negocios públicos, falleciendo a los 83 años. En la Nueva Granada se le recordó siempre como un magistrado ecuánime y preocupado por el avance del virreinato. Tras su muerte, el marquesado pasaría a manos de un nieto de su hermana. El VIII marqués de Armijo, Antonio de Aguilar y Correa (Madrid, 1824-1907), fue presidente de Gobierno con Alfonso XIII entre 1906 y 1907.

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