
Volviendo a la esquina con “Manriquez”, nos encontramos a la derecha con el hotel “Las Casas de la Judería”, de blanca fachada en la que abren ventanas y balcones. Posee una sencilla portada renacentista de dos cuerpos, estando sobre el balcón el relieve de dos pavos reales enfrentados, con el escudo de Sigler en el centro. En muchas culturas el pavo real era considerado símbolo de inmortalidad y, en el caso de los cristianos, como un recordatorio del paraíso. Además, el patrón en forma de ojo en el plumaje del pavo real recordaba a los cristianos el ojo que todo lo ve de Dios. Por estas razones los pavos reales se encontraban frecuentemente en las catacumbas e iglesias cristianas y se representaban en tumbas, como una alegoría de la vida eterna y la inmortalidad del alma.

Por el relieve de los pavos la casa es conocida como “La Casa de las Pavas”. Realmente no erauna sola casa si no un conjunto con dos núcleos principales, uno con este acceso y que recibía el nombre de “Casa de los Pavones”, y el otro con entrada por Campo Santo de los Mártires, que era la “Casa de las Pavas”. Este edifico estaba unido con el que veremos junto a los “Baños Califales”, perteneció en el siglo XVI a Juan Sigler de Espinosa, quien la adquiere en 1597 y la reforma en estilo renacentista
Los inicios del canónigo Juan Sigler de Espinosa no están claros y sus méritos se consideran algo controvertidos, en el texto “Casos Notables”, publicada sobre 1616, nos dice que él figuraba como Juan de Espinosa, siéndole añadido posteriormente el “Sigler”. Fue paje del obispo Leopoldo de Austria, al que cuentan que ayudó a ocultar las relaciones de éste con la que fuera madre del hijo de ambos, Maximiliano de Austria (obispo de Santiago). Estas ayudas llevarían a ser correspondidas con favores que hizo que Juan Espinosa subiera rápidamente en su estatus social y económico, llegando a ser canónigo de la Catedral y tutor de su hijo don Maximiliano.
En la Catedral construiría una capilla funeraria, dedicada a San Juan Bautista, en donde la reja exhibe otros pavos reales en torno al escudo.
El espacio que ocupa la “Casa de las Pavas”, en el siglo I d.C. lo ocuparía una domus romana de importancia, pudiendo ser la del general Metilio, gobernador de la Bética. En época musulmana, el enclave del hotel Las Casas de la Judería volvió a ejercer como edificación sobresaliente ya que estaba rodeada de los edificios más importantes de la capital omeya. A poca distancia se encontraba la Mezquita y el Palacio Omeya.
En el siglo XIII, ya en poder cristiano, este lugar ocupa un espacio destacado dentro de la ciudad, estaba junto al Palacio Episcopal y enfrente se construyó el Alcázar de los Reyes Cristianos, con el que posiblemente estaría muy relacionada la construcción del siglo XV, de los que han aparecido restos de muros

El edificio que hoy queda en pie pasaría, durante el siglo XVII por diversas vicisitudes, siendo segregado en varios, construyéndose casas de vecinos. A inicios del siglo XXI el duque de Segorbe propietario de una cadena hotelera, y cuyo escudo se puede ver al pie de la puerta de acceso, compra este inmueble y otros contiguos para instalar un hotel. La blanca fachada del edificio es de tres plantas y en él se abre la portada en piedra, sobre el balcón el relieve de los pavos reales con el escudo de Sigler. Esta fachada es una obra de inicios del siglo XX, pues hay fotografías en que se aprecia que la altura del edificio era de dos plantas, no tenía balcones, sino algunas ventanas y la portada era muy distinta, donde la puerta aparece escoltada por dos semicolumnas, al igual que el vano del balcón superior, el cual se coronaba con un frontón, que sobresalía de la línea del tejado, en el que dos personajes sostenían un escudo eclesiástico con la imagen e la torre de la Catedral.
Al entrar al zaguán, a nuestra derecha se encuentran las cuadras, trasformadas en un salón, en la pared contraria apreciamos una ventana alta con una curiosa reja con grandes pinchos. El suelo es de piedra y se aprecian diversos “poyos”, muy habituales en las casas solariegas, pues entre sus usos estaba facilitar al señor, subir al caballo. También eran utilizados para dar refugio nocturno las duras noches de invierno.

Una reja de madera nos dará acceso al “Patio del Crucero”, de estilo renacentista, en donde se puede contemplar una magnífica galería exterior conformada por arcos sobre columnas, techada y abierta al patio (logia). La planta baja es de doble arco y la segunda de cuatro arcos que descansan en capiteles de estilo genovés. en este patio se conservan los pilones usados como abrevaderos de las caballerizas, en torno a este patio se encontraban espacios del servicio de la casa, como las caballerizas, cocinas y habitaciones del servicio.

Junto a él se encuentra el “Patio Renacentista” con arcadas de medio punto sobre columnas de mármol blanco. Por una de sus galerías se accede a la escalera principal, de tres tramos, adornándose con azulejos de distintas épocas, y sobre el cimacio de una columna se decora con un cojín, que nos indica que esa columna no es de sujeción, si no de adorno. Para diferenciar las distintas casas que componen la edificación actual, sus patios de distribución se han pintado con colores distintos. muchas de las habitaciones respetan sus techos de madera y otros materiales originales y típicos de la época.
En los trabajos de arqueología antes mencionados, se han encontrado solería de ladrillos y olambrillas (azulejo cuadrado de unos siete centímetros de lado) vidriadas, así como, también, una estructura hidráulica que conducía el agua de un gran aljibe sobre muros de sillares.


Al siglo XV corresponde una canalización de agua. Al siglo XVI dos piletas, un gran aljibe, una gran tinaja, una solería y un muro. En el sótano, se exponen dos silos del siglo XVII, construidos con ladrillo y mortero de cal utilizados para almacenamiento de grano, tienen más de tres metros de altura. En el patio mudéjar aparecieron en los arcos pinturas de estilo mudéjar.


El aljibe se encuentra bajo la piscina del hotel y destaca por su enorme tamaño y buen estado de conservación, tanto por dentro como por fuera. Tiene casi cinco metros de altura y una capacidad de 92 metros cúbicos, posee una bóveda, a cuatro aguas, de ladrillo con mortero de cal. En el resto del conjunto predomina el mudéjar.


Salimos del hotel y continuamos hacia el final de la calle, toda la pared derecha pertenece al hotel. Durante la segunda mitad del siglo XX se encontraba aquí, en el nº 12, la popular “Taberna la Lechuga”, que se hizo famoso por poner cogollos de lechuga regados con una vinagreta en cuyo aceite se habían frito los ajos picados, un plato que sigue siendo típico en Córdoba.



