Regresemos al “Patio Morisco”, para acceder a los Jardines, ocupan el espacio de lo que era la “Huerta del Alcázar”, limitadas por los distintos lienzos de las murallas, era abastecida por agua procedente de la noria de la Abolafia y de la sierra a través de conducciones. En su origen las huertas tenían más terreno, pues cedió parte a Caballerizas Reales y en el siglo XX perdió la zona sur para la creación de la “Avenida del Alcázar”.

Los actuales Jardines del Alcázar se configuraron a mediados del siglo XX y se estructuran en tres terrazas a diferentes niveles, con fuentes y grandes albercas, con profusión de ornamentación floral.
Desde el “Patio Morisco” accedemos al “Jardín Medio”, es anterior al resto del jardín, estando ya configurado a mediados del s. XIX sobre el espacio ocupado por el antiguo “Jardín de los Inquisidores”. Su vegetación es de talla más elevada y de espesores superiores, generando recorridos más angostos. El espacio se configura en parterres con flores, naranjos y limoneros, en él se encuentran dos fuentes.

Subimos, pegados al lienzo de la muralla, al “Jardín Alto”, pasando junto a las dos albercas, en su interior podemos ver peces. Se sitúa junto a la Torre de los Leones, y próximo a la cubierta del paisaje subterráneo que comunica el edificio del Alcázar con el de Caballerizas Reales. El espacio posee setos, que proporcionan un olor característico, lo preside un gran eucalipto centenario.
En este lugar existió hasta 1955 un edifico construido en 1870 denominado “Casa de Baños”, por unos que allí había.

Regresemos y bajemos las escaleras para pasear por las albercas superiores, los “Jardines Bajos” , en ellos podemos ver dos líneas de albercas, en la del lado sur se sitúan, entre cipreses recortados, estatuas de reyes que representan a los monarcas que habitaron el Alcázar, son obra del escultor nacido en Fernán Núñez Pablo Yusti Conejo, creadas en 1960, obras de esta autor son el “Averroes” de la calle “Cairuan”, el monumento “de los enamorados”, o las esculturas de los agricultores en su localidad natal.


Al final del “paseo”, se encuentra un grupo escultórico, también de Yusti. Los Reyes Católicos hicieron de este alcázar su residencia y cuartel durante ocho años, hasta la toma del reino de Granada, y en este lugar fue donde recibieron por primera vez a Cristóbal Colón, quien les pide financiar su proyecto, que en inicio era la de abrir una nueva ruta hacia las Indias.
Anteriormente se ha dicho que Julio César debió habitar, por su cargo de cuestor, el edificio de la aduana romana (Forum Censorium), en recuerdo a ello, pasadas las albercas, y junto a la pared de la derecha, que nos separa de Caballerizas Reales, se construyó un estanque que decora su fondo con un mosaico (s. XX) con peces, hipocampos y seres acuáticos de fantasía. Junto a él crece un plátano de sombra. En el muro se inscribe un texto de Marcial dedicado a César:

“En tierras tartesas hay una casa celebérrima, allá donde la Córdoba vienta se mira en el plácido, en medio y abarcando toda la morada, se alza el plátano de César, de espesa cabellera, que la diestra feliz del huésped invicto plantó, comenzando su tronco a crecer desde su mano. ¡Oh, árbol del gran César! ¡Oh, amado de los dioses! No temas el hierro ni el fuego sacrílego”.

Marcial fue un poeta latino del siglo primero, nacido en Bílbilis (Calatayud), muy aficionado a enaltecer las gestas de los grandes dirigentes romanos. Cayo Julio César, estuvo en Córdoba en dos ocasiones, en el año 65 a.C., César fue destinado a Corduba como cuestor, y fue entonces cuando, según la leyenda, plantó un plátano de sombra con sus propias manos en los jardines de la fortaleza. El árbol se volvió tan frondoso con los años que llamó la atención de poetas de todo el mundo latino, como el citado Marcial, quien lo inmortalizaría en su obra.
En el Mundo Clásico, este árbol se asociaba con la guerra, y se creía que plantar uno propiciaba buena ventura sobre el campo de batalla. Según Plinio, el héroe mitológico Agamenón plantó un colosal plátano en el bosque de Arcadia antes de alzarse victorioso en las innumerables aventuras narradas por Homero en la Ilíada.




