A lo largo del Guadalquivir a su paso por Córdoba se conservan varios molinos como recuerdo de la época medieval y moderna en la que la fuerza de las aguas del rio se utilizaban para la industria del paño o de la harina.

En el BOJA de fecha 21 de julio de 2009 se publica la inscripción como Bien de Interés Cultural, con la tipología de Monumento, a los molinos del Guadalquivir en la ciudad de Córdoba:
“Los Molinos del Guadalquivir son unas construcciones de incalculable valor histórico y etnológico, una muestra importante de la arquitectura preindustrial que se encuentra inmersa en un entorno de gran valor paisajístico y cultural, caracterizando de manera especial el paisaje del río a su paso por la ciudad de Córdoba, y confiriendo una gran relevancia en la memoria identificatoria de la misma.”

Se inscribieron como BIC los molinos siguientes: Lope García, Carbonell, Martos, San Antonio, Pápalo, Enmedio, la Albolafia, la Alegría, San Rafael, San Lorenzo y Casillas.
No se tiene constancia en Córdoba de molinos hidráulicos en época romana, fueron los árabes quienes los utilizaron a gran escala en al-Ándalus. Los primeros datos sobre los molinos del Guadalquivir proceden de una crónica del año 748, que sugiere la posibilidad de un origen tardorromano. Con la conquista de la ciudad en 1236, los molinos fueron utilizados por los cristianos, pues Fernando III los reparte entre sus vasallos, familiares, órdenes militares y religiosas, pero sólo el Cabildo y las órdenes militares y religiosas conservaron la propiedad.

El siglo XVI es un periodo de auge de la producción de lana en la ciudad y por lo tanto de molinos bataneros, dedicados al batedeado de los paños, pues cuando las telas o paños tejidos en los telares debían tener una resistencia mayor o una consistencia más gruesa, se les sometía en los molinos a un proceso denominado abatanado o enfurtido. En el siglo XIX, con las desamortizaciones, los molinos propiedad de la iglesia pasarían a propiedad privada. A finales de ese siglo algunos molinos se adaptaron para producir energía eléctrica y casi todos cambiaron sus rodeznos de madera por rotores metálicos. Los molinos permanecieron en funcionamiento hasta el año 1942 en que se prohíbe la molienda artesanal.




