Frente a la pared sur de la Mezquita, comunicándonos con el río, nos sale la pequeña calle “Canónigo Torres Molina”, nos comunica con el río, hasta la reforma de la zona a primeros del XX, en que se construye el Centro de Visitantes, la calle no tenía salida. Anteriormente tomó los nombres de “plaza de Anayas” y “Vallinas”. El nombre lo toma en recuerdo de José Torres Molina, natural de Rute, fue párroco de El Salvador y Santo Domingo (La Compañía), donde en 1933 realizó las primeras gestiones para la fundación de la Hermandad del Santo Sepulcro. Posteriormente sería nombrado párroco del Sagrario de la Catedral, parroquia del barrio. En 1948 se le nombró Canónigo de la Catedral con la dignidad de Chantre (director del canto del coro).

En una excavación arqueológica, previas a la construcción de un hotel en el edificio número uno, se ha comprobado que la casa número uno era la “Aduana de los Reyes Católicos”, construida en el siglo XV siendo utilizada para la gestión fiscal por la monarquía, como los Reyes Católicos, Carlos I y Felipe II.
Posteriormente pasaría a manos de la iglesia, siendo desamortizada en el siglo XIX y pasando a ser casa de vecinos y posteriormente pensión. El inmueble conserva varios elementos que se pretenden conservar integrados en un nuevo hotel. La construcción tenía un carácter funcional y con pocos adornos, articulándose en torno al almacén de grano o pósito, que en este caso estaba dividido en dos naves separadas mediante arcos de medio punto, estando anexo a “Ronda de Isasa”, el pósito era destinado a almacenar de la mercancía en especia recaudada. También se localizó una sala-palacio con una galería adyacente a un patio secundario, con un artesonado mudéjar de los siglos XIV y XVII.

Alrededor de este granero se organizaba un amplio edificio, en el que se combinaba su uso como vivienda para el funcionario encargado del cobro de los tributos reales, llamado almojarife, como el de presidio temporal para las personas que se saltasen la ley e incumpliesen sus obligaciones tributarias.
Conserva dos patios y de un singular sistema de cerchas, que permitía la subida del grano a la planta alta para aislarlo de la humedad del río. Los contrafuertes de dichas cerchas todavía se pueden ver hoy en el exterior de este inmueble como testimonio de sus históricos usos.

Entre los siglos XV al XIX, la “Casa de la Aduana” era el lugar donde se recaudaba el “almajarifazgo”, es decir, el impuesto sobre las mercancías que entraban a la ciudad, por lo que se situaba cerca la “Puerta del Puente”, una de las entradas principales a la ciudad.
Entre los elementos que se conservan están unos artesonados y una pintura mural con la imagen de San Antón, que formaba parte de la pintura mural de una de las paredes del corredor que une ambos patios. La casa presenta además restos de la época altoimperial, lo que muestra que se levantó sobre un edificio romano anterior.




