Calle Cara

Esta vía conserva un espíritu de calleja antigua, corre desde «Poeta Ricardo Molina», entre «Corregidor L. de la Cerda» y el río. Según Ramírez de Arellano, la calle “Cara” toma su nombre por haber estado instalado en ella un cuadro de la Santa Faz.


En el plano de 1811 aparece con el topónimo de “de los Gitanos”, aparece con el nombre actual desde la segunda mitad del siglo XIX.

Aquí destaca la casa número 5, una casa barroca del siglo XVIII, que a finales del XX fue rehabilitada íntegramente para casa unifamiliar. La blanca fachada de dos plantas se corona con un mirador en la esquina, la portada se decora con placas y la corona un frontón partido por una ventana con reja volada, coronada a su vez por otro frontón, a sus lados dos pináculos. Las ventanas de la fachada son amplias y las de la planta alta se cierran con rejas voladas. Destaca la cornisa de ladrillos pintados a la almagra.

La esquina la hace, como es tradición con una columna, las ventanas de esta fachada, que dan a una calle más estrecha, son de menores dimensiones que las de la fachada principal. Al entrar en la casa, un amplio zaguán nos comunica con el patio, porticado en uno de sus lados con doble arco de ladrillo, en estilo mudéjar y con material de acarreo, la columna es de granito y el capitel romano. Desde el pórtico nos comunica con el segundo patio. La escalera es sencilla, de estilo barroco y se cubre con una bóveda. La carpintería de puertas y ventanas fueron adquiridas durante la rehabilitación, pertenecen a otros edificios de los siglos XVI a XVIII. La casa cuenta con varios artesonados originales, destacando un alfarje mudéjar (techo de madera horizontal y entrelazada que en muchos casos se labra y se pinta adicionalmente).

En el número 12 de la calle es un edificio de finales del XIX, en donde se ha instalado una pensión.

en esta calle nos encontramos con la escultura de una pequeña figura de mujer desnuda, una ninfa, que se echa agua con un recipiente, se dedica al baño árabe que existió en el solar tras ella, en su pedestal las palabras del poeta cordobés Ibn Suhayd:

Maravillado por la belleza de este baño
el tiempo ha venido a teñir
las lucernas de su techo
con los rubores del crepúsculo”

Ibn Suhayd (Córdoba 992-1035) fue un poeta de linaje aristocrático árabe vinculado a la dinastía omeya, hijo de un ministro de Hixen II, escribió poesía áulica (poesía de la corte), estuvo al servicio de los distintos gobernantes de Córdoba tras la crisis del califato, aunque también cultivó otros géneros, como la elegía, la sátira, el poema descriptivo o el báquico, nombre este que procede del dios romano Baco, estando estos poemas relacionados con el vino y la embriaguez.

El citado baño fue identificado por Enrique Romero de Torres (1872–1956), quien hacía referencia a una escritura de compraventa de 1453, en la que, “el Cabildo vendió a Bartolomé Rodríguez, zapatero de obra prima, las casas de baño que dicen de la Pescadería, que hacen linderos con casas de Pozo de Cueto y con casas del Cabildo de las calles del Rey Nuestro Señor”.

El conjunto fue declarado “Bien de Interés Cultural” en el año 1954 y en el año 2018 se derriba el inmueble número 22, quedando los restos arqueológicos a la espera de una conveniente restauración y puesta en valor.

Este hammam árabe fue conocido en época cristiana con el nombre de “Baños de la Pescadería”, por la cercanía de la que en época ya cristiana era la “Puerta de la Pescadería”. Datan del siglo X y fueron reformados posteriormente en los siglos XIV y XV. Los baños no son visitables y están pendientes de estudio y restauración. Ocupan las casas número 39, 41, 43 y 45 de la calle “Corregidor Luis de la Cerda” y 16, 18, 20 y 22 de la calle “Cara”. En las casas de la calle Cara se conservan dos salas abovedadas con lucernarios, así como el suelo, del siglo XIV o XV. En las de la calle Corregidor Luis de la Cerda se conservan tres galerías de arcos, una de ellas con alfices, con reformas mudéjares y capiteles califales; también bóvedas de cañón, de ladrillo, sobre muro de sillares a soga y tizón, característico de la época emiral y califal, esto se puede ver en el bar del edificio número 47. En las obras de puesta en valor, en el año 2024, se localizó un horno almohade, para el calentamiento del agua que era utilizada de forma similar a lo que actualmente llamamos “suelo radiante”.

Este suelo funcionaba de forma similar al de las termas romanas, a través de una serie de pilares de ladrillo que, desde una caldera, pasaba el calor por debajo calentando el suelo. Las investigaciones, además, han hallado también un edificio califal de gran relevancia y una ampliación cristiana de los baños, que fundamentalmente se centraría en la sala caliente.

La cimentación de los baños se realizó sobre un anterior edificio de época califal, de grandes sillares, que podría haber sido una gran propiedad, conservando una decoración de atauriques similar a la de Medina Azahara.

Estos baños fueron usados hasta el siglo XV, tras la conquista cristiana en 1236 se produce una ampliación de estos, concretamente en la sala caliente, que da paso a una sala mayor que mantiene su uso hasta 1453. Posteriormente sería utilizado como carbonería y cuadra.

En las casas de la calle Cara se conservan dos salas abovedadas con lucernarios y el suelo, del siglo XIV o XV. En las de la calle Cardenal González se conservan tres galerías de arcos, con reformas mudéjares y capiteles califales; bóvedas de cañón de ladrillo, sobre muro de sillares a soga y tizón, característico de la época emiral y califal.

Es un edificio de época califal, por la forma de construcción, estaría en la zona del conjunto más próxima a lo que ahora es la calle “Corregidor L. de la Cerda” y cuyo uso en ese momento se desconoce. Sí está claro que sería una construcción importante.

Entre los años 950 y 1162, cuando llegan los almohades, es cuando la vivienda se reaprovecha para hacer baños, de forma similar a lo que se hace en muchas viviendas de Córdoba, cuando se aprovechan muros y estructuras muy antiguas en buen estado.

Este hallazgo es uno de los más relevantes de los últimos trabajos, que también han encontrado los restos de una ampliación en época cristiana, en la zona de la sala caliente. “Tienen unos pilares, a los que desde una caldera pasa el calor por debajo para calentar el suelo sobre el que se apoyan los bañistas”.

La sala caliente, la más antigua del baño islámico, tienen una serie de saletas auxiliares, y se asientan sobre los cimientos califales. En época cristiana se amplía, y se utiliza hasta bien entrada la Edad Moderna.

La sala fría no está tan bien identificada y se trabaja con varias hipótesis dentro del conjunto de la calle Cara. A partir del momento en que perdieron su uso, comenzaron a utilizarse como viviendas, primero de tipo mudéjar, según se ha deducido por la tipología.

Como sucede en muchos edificios antiguos de Córdoba, hay actuaciones desde la época romana hasta los mudéjares, y que dan valor al edificio y muestran cómo se va adaptando a las distintas épocas y usos.

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