Pozo de Cueto

Desemboca “Cara” en la pequeña plaza “Pozo de Cueto”, nombre que también lleva la calle que la atraviesa y desemboca junto al río, se conoce que ya estaba urbanizada en el siglo XVI, tomando el nombre, según Ramírez de Arellano, por un vecino que vivió en ella, en sus “Paseos por Córdoba”, también nos dice que en esta plaza se encontraba una ermita dedicada a Nta. Sra. de la O, pues esta es una advocación mariana muy arraigada en la etnia gitana, quien poblaba esta zona. Cuando en 1841 fue suprimida, trasladaron la imagen a la capilla de los Santos Varones en la Catedral. Aparece con el nombre actual ya en el plano de 1851, nom teniendo salida hacia el róa, será en el plano de 1920 cuando aparezca con dicha salida.

En la reforma urbanística de esta zona a finales del s. XX se instaló una fuente en la pequeña plaza.

El edifico número 6 es una casa barroca del siglo XVIII, conocida como “Casa de los Cueto”, pero ésta nunca fue propiedad de alguien con este apellido, sin embargo, si fue la solariega de los Muñoz de Velasco, quienes se encontraban empadronados en esta plaza en el siglo XVII. Gonzalo Muñoz fue un jurado de Córdoba que tiene enterramiento en la Catedral en la capilla del muro norte “Los Santos Varones” o del “Santo Sepulcro”, en ella figuran los mismos escudos heráldicos.

A finales del siglo XX esta casa se transformó para albergar en ella varias viviendas, respetando la esencia del edificio.

La fachada noroeste de la casa da a la calle “Cara”, posee tres plantas y junto a la casa medianera se alza un torreón rectangular con una ventana ajimezada en los laterales más estrechos y una galería de arcos en los laterales más anchos.

 La fachada principal da a la plaza, posee dos plantas y se articula en tres calles, estando en la central una portada adintelada sobre la que un balcón rompe un frontón triangular, coronándose el balcón con otro frontón, este curvo. La portada se decora con un escudo que se repite a ambos lados, con la cruz de la Orden de Santiago, coronado con caco con rejilla y penacho, símbolo de hidalgo, estando girado el de la izquierda, para dar simetría. pues el escudo mirando hacia ese lado significa, en las reglas heráldicas, bastardía.

A ambos lados de la portada se abren ventanas, la planta inferior enmarcadas y la superior con balcones cerrados por rejas e igualmente recercados.

Tras pasar la portada destaca un amplio zaguán con la techumbre original de madera, al final, a la derecha, se encuentra una escalera barroca de doble tiro, labrada en piedra negra de Córdoba, en su descansillo se abre una ventana a la calle Cara, la llegada a la segunda planta se hace con doble arco. La casa posee un solo patio, al final del zaguán, a la izquierda, con dos pórticos enfrentados, uno de ellos con arcos de ladrillo visto que apoyan sobre un capitel corintio y un fuste de granito, ambos romanos, la basa de la columna es otro capitel, colocado invertido, también corintio romano. La otra galería es barroca, tiene arcos de medio punto sobre capiteles y columnas de arenisca, una de las otras paredes es la medianera con el edificio contiguo. Posee un sótano abovedado, que en su día serían despensas, hoy pertenece a una de las viviendas del edificio.

La familia Muñoz de Velasco, que fue propietaria de la citada casa, era una familia judeoconversa, descendiente de un comerciante de especies que tuvo que huir de la ciudad, pues iba a ser encausado por el inquisidor Lucero, quien llegó a ejecutar a 107 cordobeses en un proceso. Un biznieto suyo, Gonzalo Muñoz de Velasco, será el que inicie el ascenso económico de la familia, comerciante de seda que consiguió ser nombrado jurado de la collación de la Santa Iglesia Catedral. En el año 1617 construiría una capilla funeraria en el muro norte de la Catedral, con la advocación del “Santo Sepulcro”, en la que recibirá sepultura él y sus descendientes. La familia había perdido por completo su condición hebrea, como demuestra que dos de sus hijos fuesen religiosos del Carmen Calzado y un tercero capellán, así como dos hijas monjas del convento “Jesús y María”, una de ellas ingresó al quedar viuda, y con ella cuatro hijas.

A la muerte de Gonzalo, su hijo Juan Muñoz de Velasco continuará viviendo en la casa, estando empadronado en ella.

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