
La calle «Osio» es otra bocacalle de la plaza de «Abades», el nombre lo toma del obispo cordobés en los años 295 a 357, jugó un papel fundamental como asesor del emperador Constantino, en la redacción del Edicto de Milán por el que en el año 313 se daría definitivamente la libertad a la iglesia católica. Presidió el concilio de Nicea en donde se aprobó la oración del Credo, escrita por él, por ello la expresión: “cuando un cristiano hace publica su fe, lo hace con las palabras de un cordobés”.
Se cree que Osio nació en Córdoba el año 256, el primer dato conocido de su vida es su participación en el Concilio de Iliberri o Elvira, situada en el actual barrio del Albaicín de Granada, a comienzos del siglo IV, en este concilio se asentarían las bases del cristianismo en la Bética. Sufrió las persecuciones de Diocleciano y de Maximiano, según narra él mismos en una carta a Constantino, a quien asesoraría en asuntos religiososmenos, al menos desde el año 313. Se cree que es autor de la cuantiosa legislación con la que Constantino favorecerá al cristianismo, entre los años 316 y 320, ya que Osio intervino en la legislación sobre la liberación de esclavos en las iglesias, la restitución de los bienes sustraídos a los cristianos e indemnizarlos en numerosos casos; dejar libres de impuestos a los edificios propiedad de las iglesias; poder recibir las iglesias legados y donaciones; abolir las leyes contra el celibato, la imposición del descanso dominical; dispensar a los clérigos de todo cargo para que se ocupen sólo de las obligaciones religiosas.

Osio presidirá el primer concilio ecuménico celebrado en la historia de la Iglesia, celebrado el año 325 en Nicea (İznik – Turquía). Sus principales logros fueron la proclamación de la naturaleza divina del “Hijo de Dios” y su relación con “Dios Padre”; el establecimiento del cumplimiento uniforme de la fecha de la Pascua y la promulgación del primer derecho canónigo. Después de su celebración, Osio desapareció de la vida pública y se retiró a Córdoba, volviendo a intervenir en el Concilio de Sárdica, convocado por los emperadores Constantino I y Constante, con el fin de reunir a todos los obispos de Oriente y de Occidente. Osio presidió el concilio, que fracasó en su fin, por la actuación de los obispos contrarios a Nicea, los obispos orientales se negaron a participar en el concilio. Los cánones del Concilio de Sárdica, año 343, son obra principal de Osio.
Desde la terminación del Concilio de Sárdica hasta la celebración del Concilio de Sirmio (año 351), Osio permaneció en Córdoba. Los obispos defensores del arrianismo (no dan a Jesús el carácter divino) volvieron a la carga ante Constancio contra Osio. El Emperador llamó a Osio a Milán para entrase en comunión con los arrianos, lo que no hizo, volviendo a Córdoba. El emperador Constancio II (hijo de Constantino I) escribió varias cartas a Osio, unas veces adulándole y otras amenazándole. Osio contestó a Constancio manteniéndose fiel al Concilio de Nicea, aconsejándole no apoyar las opiniones de Arrio ni creer a los orientales. Le aconsejó no meterse en asuntos eclesiásticos. Osio, según Atanasio, escribió a otros obispos exhortándoles a dar la vida antes que traicionar la verdad. El Emperador llamó a Osio a Sirmio y le detuvo un año. Expresó su opinión desfavorable de Arrio y pidió que nadie aceptase su herejía. Es probable que los arrianos propagasen noticias falsas sobre la aceptación de Arrio por parte de Osio. Fallecería en Córdoba en el año 357, con 101 años.
La calle “Osio” se abrió a finales de la Edad Media, con el nombre de “Pellejería Vieja” cambiando luego al de “Espalda de Santa Clara”, pues toda la acera de los impares era el citado convento, en el año 1852 será cuando tome el nombre del mencionado obispo.
Tras la reconquista, esta zona de la ciudad fue cedida por Fernando III a su esposa Juana de Ponthieu, posteriormente pasaron al hijo de ambos, don Luis, señor de Marchena y Zuheros, tras su muerte (¿1275?) la viuda venderá las propiedades heredadas en Córdoba, siendo ocupada por el huerto del convento de Santa Clara, hasta la apertura de la calle.
De la calle Osio, se sabe que en el siglo XVIII fue habitada por varios miembros de la iglesia, pues según Ramos Gil, en el Padrón de Vecindad de 1718, aparecen domiciliados un presbítero y racionero, un arcediano, y otro presbítero y capellán que compartía casa con un ministro de la Inquisición.
Entrando por «Abades», encontramos la casa número 22, una casa del siglo XVII convertida recientemente en apartamentos turísticos “los Patios de la Judería II”, una ampliación de los que están en “Martínez Rücker, 12”. Al pasar la puerta accedemos al zaguán, desde donde podemos apreciar la viga de madera que hace el dintel de la puerta, que conserva restos de una antigua pintura que la decoraba, este espacio se cubre con un sencillo techo de madera, y tras una reja nos da acceso a un bello patio, donde destaca la fachada frontal, un bello pórtico de dos plantas, con tres arcos en cada una, la inferior descansan en columnas y la superior los arcos se cierran con cristaleras, estando parcialmente cubiertos mediante una verde enredadera. En el pórtico una puerta nos da acceso a una habitación transformada en estudio, que conserva su artesonado original. La pared por la que se accede al patio posee un porche que se sustenta con una fina columna de hierro. El edificio posee el estudio y dos dúplex, uno a cada lado del patio, ambos conservan sus techos de madera.


Destaca en esta calle el tacón que hace el edifico número 12, donde abre una portada de cantería con un relieve de un crucifijo, sobre ella una ventana con reja volada con guardapolvo, que impide ver un relieve realizado sobre la ventana.
En el edificio 10 desde el año 2022 se abren unos apartamentos turísticos, “Los Patios del Pañuelo”, construidos en una casa señorial del siglo XVII, con una portada gótica enmarcada por un arco escarzano y otro lobulado con un relieve de una mitra y un báculo de obispo, este relieve marca que esta casa era una de las conocidas como “casas de morada”, siendo su último morador eclesiástico, hasta los años ochenta del siglo XX, Juan de Font, canónigo de la Catedral, tras su muerte el edificio pasa a depender de la “Obra Pía de la Trinidad”, que la cederá a la Parroquia del Sagrario para instalar en ella una residencia geriátrica, la cual se trasladó en 2009.

En este edificio se aprecian los últimos restos de la arquitectura gótico-mudéjar, que dejará paso al Renacimiento del XVI. Al pasar la portada accedemos a un zaguán que comunica con el patio a través de un doble arco enrejado desde finales del XIX, separándose ambos por una gruesa columna de piedra. Accedemos a un patio porticado en dos de sus caras que, hasta mediados del siglo XX, conservaba las cuadras. Los soportes de una de las arcadas son de ladrillo visto, mientras que la de la otra se hace con columnas con capitel toscano, típico del siglo XVII. El suelo está empedrado y en él hay un pozo.


El segundo patio, o “Principal”, tiene porticado el lado norte en un estilo de transición entre el mudéjar y el renacimiento, por lo que se data en el siglo XV. La planta baja, renacentista, posee tres arcos peraltados, con capiteles genoveses. La planta alta es mudéjar con un corredor con una celosía de madera y vidriera, con tres arcos rebajados, separados por columnas de mármol rojo y capiteles de avispero, material de acarreo, es decir, procedentes de una edificación anterior. En el centro del patio se alza una fuente de piedra barroca con surtidor central. La casa posee un tercer patio, que podría ser una antigua plaza a la que llegaba la calle “Pedro Jiménez” o “del Pañuelo”, que se pudo anexionar a esta casa, con la correspondiente autorización municipal, por ello el nombre de “Patios del Pañuelo”. Desde aquí la casa tiene salida a esta calleja, es la puerta más a la derecha de las tres que hay al fondo. Algunas de las columnas de las arcadas son originales de Medina Zahara. Entre las piezas originales de la casa destacan una fuente de piedra original con cabezas de leones, un pozo, un aljibe y un bello artesonado de madera.

Al final la calle se ensancha y se puede ver a la derecha la pared el antiguo convento de Santa Clara, en donde se aprecia una puerta islámica cegada. En esta zona se encuentra el edificio nº 6, en donde se ha instalado el “Hostal Osio”, que conserva algunos elementos antiguos en el patio. La casa número 4, también con una portada gótica, pero sin elementos interesantes en su interior, fue una popular taberna, “Santa Clara”, en la segunda parte del siglo XX.
También podemos ver las ventanas del que fuera “Colegio Público Julio Romero de Torres”, edificio ocupado hoy por las oficinas del Instituto Municipal de Turismo, con entrada por la calle “Rey Heredia”.






