Tomemos la primera calle de la derecha, es la calle «Judíos«, en cuya esquina observamos un detalle típico en muchas calles cordobesas, es la utilización de una columna, con o sin capitel, y de épocas diversas, para la creación de la esquina. Esta calle es el eje de entrada a La Judería, de la que un poeta escribió:
«Entrar en la Judería cordobesa es como zambullirse en el embrujo insondable de tiempos pretéritos, donde aún flota en el aire el murmullo de los rezos sagrados del rabino en la Sinagoga o el eco que repite las lecciones de la Escuela Talmúdica.
“Caminar en silencio por el laberinto de las estrechas callejas de Córdoba es el gozo eterno de poder contemplar cómo las macetas y los patios te ofrecen sus flores y los naranjos y limoneros, nevados de blanco azahar, transcienden al aire con miles de aromas, que es como pasar de la tierra a un Edén infinito …»

Nos encontramos en una calle con un tipo de pavimento antiguo que se nos repetirá a lo largo de las callejas cordobesas, los laterales de placas de granito y el centro cantos rodados, de esta forma el peatón caminaría por una superficie lisa, mientras los equinos tendrían un suelo donde sus cascos encontrarían un firme no deslizante ni embarrado.
Los topónimos que ha tenido esta calle siempre han hecho relación con la judería, así en el plano de 1851, aparece con el nombre actual, en el de 1610 con el de «Maimónides» y en el de 1927, el primer tramo se denomina «Maimónides» y el segundo «Judíos».

Tras la Reconquista vuelven a la ciudad la minoría hebrea que había sido expulsada por el integrismo almohade. Por orden real de Alfonso X en 1272, los judíos debían alojarse en una zona concreta y re servada de la ciudad, era conocida como “La Judería”, en Córdoba se localizaba entre la “Puerta de Almodóvar” y la calle “Romero”, en ella disponían de mercados, centros religiosos y educativos, seguridad y orden. La Judería quedaba totalmente separada del resto de la ciudad por un recinto amurallado, cerrándose sus puertas por la noche. En el año 1391 se produjo un asalto a la Judería, al propagarse la creencia de que los judíos eran los que habían causado una gran epidemia de peste que asolaba Europa, envenenando las aguas. Desde entonces los judíos ocuparon viviendas por diversos sitios de la ciudad, hasta que en 1492 son expulsados de España, expulsión que se había iniciado en otros países europeos desde el siglo XII.
Durante el siglo XIV Europa fue arrasada por epidemias de peste, la flota genovesa expande esta enfermedad por el continente como consecuencia de que ratas infectadas viajaban en los barcos y saltaban a tierra expandiendo con rapidez la enfermedad. Al parecer los que poseían propiedades en el campo huyeron de la ciudad antes de que se cerrasen las puertas de las murallas, los hospitales se llenaron de enfermos y los cadáveres se apilaban en las calles sin que nadie pudiese enterrarlos, hasta los notarios no daban abasto a la hora de redactar testamentos.
La Judería de Córdoba pertenece a la “Red de Juderías de España – Caminos de Sefarad”, una Asociación constituida por municipios que cuentan, en sus conjuntos medievales, con un patrimonio histórico, artístico, medioambiental y cultural, herencia de las comunidades judías que los habitaron.
Al inicio de la calle encontramos una placa que recuerda a Antonio Jaén Morente (Córdoba 1878 – Costa Rica 1964); una de las personas más destacadas de la etapa republicana en el ámbito local (1931-1936), maestro, doctor en historia y licenciado en derecho; en 1912 obtiene por oposición una cátedra de la Universidad de Sevilla. En 1917 ocuparía la dirección del Instituto de Enseñanza Media de Córdoba, en donde comenzaría a recopilar información histórica sobre esta ciudad, editando en 1921 “Historia de Córdoba”.

En 1926 el rey Alfonso XIII le propuso ocupar un ministerio, a lo que renunció por sus ideales republicanos. En 1933, dos años después de proclamarse la República sería nombrado ministro plenipotenciario en Perú. En 1936, de nuevo en España, salió electo diputado a Cortes por la provincia de Córdoba por el partido Izquierda Republicana, que Manuel Azaña había fundado dos años antes. Durante la Guerra Civil el Ayuntamiento le declaró “Hijo maldito de Córdoba” en represalia a los artículos que diariamente publicaba en el diario “Ahora” de Madrid. En 1937 pasó de ministro plenipotenciario a Filipinas. Su vida en Manila transcurría pobremente ya que le adeudaban sus sueldos y padecía diabetes, por lo que también trabajaba como profesor y conferenciante, posteriormente consiguió la cátedra de Historia de América en la Universidad Central de Quito. En 1942 pasó a dirigir la recién creada Facultad de Ciencias y Letras de la Universidad de Guayaquil y dictó la cátedra de Historia General de la Cultura. En 1948 vivía en Costa Rica bajo la protección del ilustrado presidente José Figueres. Ecuador le designó agregado cultural “ad honores” en ese país. En 1950 el Ayuntamiento de Córdoba derogó el nombramiento de “Hijo maldito”. Entre 1953 y 1955 vivió viudo y solo en España, amnistiado por el Gobierno. Sufría de ceguera paulatina a causa de su diabetes, se casó con una alumna. Volvió a Costa Rica y esperó una pensión jubilar de España, que nunca le llegó. En cambio, los gobiernos y universidades centroamericanas le invitaban a visitar esos países para escuchar sus conferencias. Falleció ciego con 85 años en el santuario del Cisne en México.

En el número 7 de “Judíos” se encuentra la “Taberna Guzman”, o “Rafalito Guzmán”, como es más conocida, uno de los «palacios del vino y tertulias taurinas» de Córdoba, posee un ambiente taurino junto a las botas que crían un buen vino de Montilla. Rafael Guzmán Zamora compraría en 1947 la “taberna González” en la calle “Zorrilla” y en 1953 el edificio de la calle “Judíos”, donde se encontraba una bodega con pocas botas, dedicada a la venta de vino a otros establecimientos. Allí Rafael Guzmán, padre, creó un ambiente de reuniones en torno a un perol y una copa de Montilla, criado en la casa, allí se reunían cantaores, pintores, como Antonio Povedano, músicos, Ramón Medina y escritores como Ricardo Molina y Manuel Medina. Tras la muerte de Rafael Guzmán en 1963, se hace cargo su hijo, Rafael Guzmán Montilla, que había estudiado perito mercantil, él “Rafalito Guzmán” sería el que cambiaría el nombre a la “taberna Casa González” por el de “Bodega Guzmán”. Hasta el año 1984 tendría también la taberna de la calle “Zorrilla”. En 1999 fallecería “Rafalito”, quedando al frente de la taberna sus dos hijos, Ana y Rafael. A la entrada de la bodega cuelga de la blanca pared la cabeza del toro “Tagarrito”, de la ganadería de Concha y Sierra estocado por el torero local Martorell, en la Feria de Mayo de 1953, le acompañan carteles de la Feria de Mayo de los años 1919-1920.

En la calle se encuentran diversas viviendas de construcción antigua, muchas del siglo XIX, en las que la puerta da acceso a un zaguán cerrado por una cancela que hace de escaparate del patio. La antigua arquitectura de estas calles hacía que las viviendas se refrescasen a la vez que refrescaban las calles, pues las puertas de las casas permanecían abiertas, entrando el aire por ellas, atravesaban las rejas que comunicaban con el patio al que se abrían las habitaciones, este aire renovaba el de la vivienda volviendo a la calle, creando así un circuito de refrigeración natural. Hoy la mayoría de esas puertas están cerradas, lo que impide esa circulación, y para colmo el aire de la calle se calienta con los motores de los aires acondicionados.

En la portada de la casa nª 6 se aprecia un azulejo con el escudo del Cabildo de la Catedral, con un fondo amarillo se encuentra un muro de la Mezquita-Catedral, con la torre, si bien es el alminar árabe, pues dicho escudo es anterior a la construcción da la actual torre de finales del siglo XVI. El azulejo marcaba las casas que recibían “Aguas del Cabildo”, pues a éste se le concedió parte del suministro de aguas a la ciudad de Córdoba desde 1604. En 1836, la desamortización de Mendizábal supuso el abandono de estas canalizaciones tras el cambio de propiedad y la falta de mantenimiento, constituyéndose una sociedad de partícipes con reglamento propio y formada por todos los titulares de derecho de las pajas de agua, pasando a denominarse “Sociedad de Partícipes de las Aguas del Cabildo”. A lo largo del siglo XX estas aguas siguieron suministrando a fuentes y domicilios de la ciudad, pero la construcción del embalse sobre el río Guadalmellato vino a iniciar la sustitución y el abandono paulatino de las captadas en los diferentes manantiales de los que se nutría. Las aguas se captaban en la Huerta de Hierro y Huerta Santa María, hasta las antiguas murallas de la ciudad en la zona del Campo de la Merced, y llegaban al partidor general de la Puerta de Osario, hoy desaparecido y denominado “Del Santo Cristo”. La unidad de referencia para los volúmenes de agua era la paja, que correspondía a unos 4 litros por minuto.



