La Hoguera

En la calle «Deanes» se nos abre una estrecha calleja, es la “Calleja de la Hoguera”, en el plano de 1920 aparece como “Quero”, en los planos anteriores no citan su topónimo. La esquina la hace con un resto de columna. Este blanco recorrido es calleja y dos plazas al mismo tiempo.

Al final de este estrecho primer tramo, nos encontramos con la casa número seis, que a la calle tan solo abre una modesta portada y una diminuta ventana, por la que a través de su reja podemos contemplar un relajante patio con estrechas columnillas, sobre pilares, soportan vigas de madera, esta fue la casa taller del pintor Miguel del Moral Gómez, a quien el Ayuntamiento ha dedicado la pequeña plaza.

Nació en la plaza de San Miguel el año 1917, estudió en la Escuela de Artes y Oficios de la calle Agustín Moreno, entonces “calle del Sol”. Siendo aún adolescente contactó con los grandes artistas de finales de los años veinte, incluidos los Romero de Torres. Colaboró con la revista “Cántico” desde su inicio en 1949, ilustrándola con “sus ángeles, niños campesinos, damas…”

Como ilustrador marcharía a Madrid donde ampliaría su formación en el Círculo de Bellas Artes, a la vez que colaboraba con la prensa como “El Español” o “La Estafeta Literaria”. En 1952 se va a París, regresando a Córdoba el siguiente año para exponer. En 1955 viaja a Italia, Austria, Yugoslavia y Hungría, regresando a Córdoba para instalar su estudio en la calleja de la Hoguera. Fue conocido como el “Zurbarán Cordobés”. Murió en 1998, su casa la conserva una sobrina, a forma de museo.

La columna que podemos ver en la esquina de la fachada de su casa, con la inscripción:  “SOY DE DOM LUIS DE GONGORA ANNO DNI 1627”

la había rescatado de una demolición en la plaza de Las Bulas, pues era muy crítico con el espolio que se hacía de la riqueza cordobesa.

La primitiva calleja acababa en este lugar, será hasta mediados del siglo XX cuando se comuniquen ambos tramos de la calleja, al integrar dos patios de casas particulares. En esta primera plaza podemos acceder al restaurante “El Caballo Rojo”, del que hablamos en la calle “Cardenal Herrero”.

La plaza está dedicada al citado pintor Miguel del Moral Gómez, si bien no es su nombre oficial, pues las direcciones de las casas, que figuran en el Catastro», es la de «La Hoguera».

Continuamos “La Hoguera”, por un rincón encantador, un pequeño balcón de madera une las dos paredes del estrecho paso y desembocamos en una de las plazas con más encanto de la ciudad, pues, aunque diminuta, en ella se respira algo que nos hace trasladarnos a las calles de la Córdoba islámica, gracias al conjunto que forman sus dos naranjos, las encaladas paredes, las ventanas y sobre todo ese pequeño pórtico, cubierto por el artesonado de madera, sostenido por una columna. El poeta Ricardo Molina escribió “esta plazuela con sabor a viejo patio es uno de los lugares más íntimos y secretos de la ciudad”.

Estos dos tramos de la calleja no se unieron hasta mediados del siglo XX, tras derribar un edificio, pudiéndose apreciar en todos los planos de la ciudad, desde el de 1811, como son dos callejas independientes que no se unen, siendo esta segunda plaza, el patio de la casa.

Pasando bajo el pórtico llegaremos al último tramo de “la Hoguera”, en donde una placa nos dice que aquí se encuentra la “Mezquita de los Andaluces / Universidad Islámica Internacional / Averroes de Al-Andalus”. La Universidad Internacional Islámica Averroes de Córdoba, era una institución universitaria creada por los acuerdos del Estado español con la comunidad musulmana en 1989, se dedicaba a estudios relacionados con el mundo musulmán, como la lengua, la religión o la cultura. Se financiaba a través de un patronato formado por personas del mundo musulmán y europeo, presidido por Amadou Mahtar M’Bow, exsecretario de la Unesco. La vida de esta sede universitaria llegaría a su fin en 2001, año en el que el edificio pasaría a ser una mezquita.

Esta mezquita es un pequeño oratorio almohade del siglo XII, se compone de un patio de entrada y una sala de oración de una sola nave. Si volvemos la vista podemos ver como se alza un alminar coronado por un yamur de cinco esferas decrecientes que representan los cinco preceptos del islam: “la divinidad de Alá, la oración, el ayuno, la limosna y la peregrinación a la Meca”, finalizando en una luna creciente y una estrella de ocho puntas. Este tipo de estrella, resultado de la superposición de dos cuadrados concéntricos girados 45º, fue utilizada por diversas culturas mediterráneas. Durante la ocupación musulmana de la península ibérica se acuñaron las primeras monedas con la estrella de ocho puntas como símbolo político y elemento decorativo. Los mozárabes y mudéjares llevaron la estrella de ocho puntas por todo el norte de la península ibérica y los musulmanes y moriscos la difundieron por el Magreb y Oriente Medio.

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