Frente a la Sinagoga una reja nos da acceso a un pasillo de ladrillo, es lo que se conoce como “Zoco”, palabra que proviene de la voz árabe “suq”, que significa mercado. En este espacio en el año 1954 el alcalde Antonio Cruz Conde inauguraría un espacio dedicado a mercado de artesanía local, enfocado principalmente al turismo, por entonces incipiente.

Realmente es la parte trasera de la “Casa de las Bulas”, de la que más tarde trataremos. Alrededor de su patio mudéjar abren pequeños espacios donde se instalaron los talleres artesanales. El conjunto ha sido declarado Inmueble de Interés Cultural en el Plan General de Bienes Culturales, por lo que goza de especial protección.
El acceso se realiza directamente a través de un estrecho callejón, enmarcado por tres medios arquillos. Tras pasar un primer patio, accedemos a una “plaza-patio de planta rectangular y doble altura, posee galerías con arcos enmarcados por alfiz y apoyados en columnas y capiteles. La planta baja tiene galerías porticadas en tres de sus lados, estando en el cuarto lado la escalera de acceso al segundo piso, construida en la restauración de mediados del s. XX. La parte superior sólo tiene dos galerías, ya que la tercera corresponde a una de las salas del Museo Taurino.



La finalidad del Zoco Municipal, era ubicar distintos artesanos cordobeses del cuero (cordobanes y guadamecíes), de la marroquinería, ceramistas, o la filigrana cordobesa en hilo de plata.
En el patio hay otro arco apuntado, que mira a la Calle de Averroes, donde se sitúa la Capilla de San Bartolomé, a la que más tarde llegaremos.




