
Llegamos a un ensanche de la plaza en donde se levanta impresionante un torreón gótico que pertenece a la casa que fuera de los Marqueses del Carpio, hoy de los Herruzo. Esta era antaño la entrada a la casa-palacio, actualmente la entrada principal se hace por la calle “San Fernando”, más conocida como “calle de la Feria”.
El lugar que actualmente ocupa la casa-palacio de los Marqueses del Carpio debió ser parte del repartimiento que, tras la toma de la ciudad en 1236, el rey Fernando III hizo a los caballeros que le acompañaron, seguramente el beneficiario de este lugar sería a la vez encargado de la defensa de esta parte de la muralla de la Villa, y de la cercana “Puerta de Pescadería».
La familia que recibiría esta propiedad sería Méndez de Sotomayor. Garcí Méndez de Sotomayor, casaría con Juana Sánchez de Jódar, señora del castillo del Carpio y en 1325 funda el señorío, por lo que sería el I señor del Carpio. La séptima señora fue Beatriz de Sotomayor (1486-1528) quien casó con Diego López de Haro, señor de Sorbas y Lubrín, pasando el señorío al apellido Haro en su hijo Luis Méndez de Haro. Hijo de este sería Diego López de Haro y Sotomayor (1515-1578), que no se debe confundir con su primo, y nieto también de doña Beatriz, Diego López de Haro y Guzmán, a quien Felipe II nombró Caballerizo Mayor del Reino.

La transformación de señorío a marquesado la realiza Felipe II en 1559, en la persona de Diego López de Haro y Sotomayor, a la vez que le otorgaba el hábito de Santiago. El rey Felipe IV en el año 1640 concede a esta casa la “Grandeza de España”.
El VI marqués, Luis Méndez de Haro y Guzmán (1603-1661), nació en Valladolid, en donde se encontraba la corte de España, criándose junto al futuro rey Felipe IV, su madre era hermana del valido I conde-duque de Olivares. Por entonces su familia era una de las más poderosas de Andalucía.
Tras la expulsión de su tío, el conde duque, en 1643, el rey Fernando IV lo nombraría valido gracias a su capacidad de evitar enfrentamientos entre los grupos palaciegos rivales en un momento en el que la Monarquía pasaba graves apuros, pues estaba inmersa en guerras en Flandes e Italia y rebeliones en Cataluña, Portugal, Sicilia y Nápoles. Al morir su padre en 1648 heredó el título de marqués del Carpio y con él un enorme conjunto de propiedades. En su época hizo de las posesiones familiares en Córdoba el mayor señorío de este reino.


Entre las prebendas que el rey concede a su valido está la Torre de la Calahorra y que su casa de Córdoba tuviese 12 alabarderos (soldado del cuerpo especial de infantería que da guardia de honor a los reyes de España y cuya arma distintiva es la alabarda), así como que su persona podía entrar con armas en el Ayuntamiento donde fuera Veinticuatro (cargo dentro del cabildo municipal, 24 en total, lo ostentaban miembros de la nobleza), y sus tenientes con espada. Con el matrimonio de Catalina Méndez de Haro y Guzmán (1672-1733), VIII marquesa del Carpio, con Fernando Álvarez de Toledo y Silva, X duque de Alba, el marquesado y el ducado se unirán.
Centrándonos ya en el edificio, la impresionante torre es obra posiblemente del siglo XV, con grandes sillares colocados a “soga y tizón”. La portada es de dintel de dovelas y sobre ella se abre un balcón con delgadas columnas, típicas de la arquitectura gótica. A ambos lados se abren ventanas de estilo gótico flamígero, al igual que el balcón de la planta tercera. La última planta es obra de mediados del siglo XVI y en ella se abren ocho ventanas.
Actualmente la entrada principal se encuentra en la calle “de la Feria”, en donde tras una gran reja podemos ver un lienzo de muralla, reconstruida, con un gran arco, obra de los años treinta del siglo XX, junto a él se encuentra otro torreón gótico, más pequeño, cuya función sería la protección de esta zona de la muralla, esta torre fue descubierta, durante la restauración que hizo la familia Herruzo, tras derribar casas que había adosadas a la muralla.

La casa tiene también otros dos accesos en las callejas sin salida de “Horno de Guiral” y “Conejera”, ésta en “Caldereros”, que pertenecían a casas que fueron añadidas a la propiedad.
Tras el abandono de la casa en el siglo XIX, ésta se transformó en casa de vecinos, tiempo durante la que sufrió muchos daños y añadidos. En los años treinta del siglo XX es adquirida por el matrimonio Antonio Herruzo y Pilar de Sotomayor, la cual era descendiente de los Méndez de Sotomayor, señores del Carpio. Este matrimonio llevó a cabo una gran rehabilitación de la casa, para lo que contó con buenos artesanos de la piedra y ebanistas, que realizaron un gran trabajo en la reconstrucción de los artesonados. Para las restauraciones se acudió a material de acarreo contando con buenas unidades de capiteles y fustes de diversas épocas procedentes de edificios en ruinas, así como varios alfarjes (techos con maderas labradas y entrelazadas artísticamente), que fueron instalados aquí.

A través de la portada del torreón de la calle “Cabezas”, al igual que la de la calle de la Feria, se accede al Patio de Entrada, algunos autores dicen que sería el patio de armas de la casa-palacio, a este gran patio dan los dos torreones, en sus paredes este y oeste. En la pared del gran torreón, en la planta segunda se abren dos balcones con amplios arcos ojivales, y en la tercera otras dos ventanas con ajimez (ventana arqueada dividida en el centro por una columna), la cuarta planta mantiene las ocho ventanas.
En el lateral sur se encuentra una arquería de estilo mudéjar con arcos de medio punto y ladrillo visto, descansan sobre pilares de planta octogonal rematados en capiteles góticos de piedra arenisca; el corredor del piso superior se cierra mediante arcos rebajados protegidos por cierres de cristal emplomado. Tras las arcadas se encuentra un bello espacio gótico cubierto con buenos alfarjes; desde aquí pasaremos a las zonas principales de la casa a través de una portada neomudéjar con forma de arco.

Patio de las Cuernas, fotografía del libro «Casas Señoriales de Córdoba»
Llegamos al “Patio de los Pomelos”, por los árboles allí plantados. En él se encuentra una arquería, conocida como “Galería de las Cuernas”, pues en su pared cuelgan gran cantidad de estos trofeos de caza. El pórtico es de cuatro arcos de ladrillo visto, que descansan sobre columnas de acarreo, como son también las basas y capiteles, de origen romano y omeya. El aljarfe de la galería sustituye la madera por ladrillo vidriado. Una portada en arco de medio punto, nos da acceso a una sala mudéjar, a ambos lados de la portada abren dos ventanas con ajimeces y arcos pentalobulados que descansan sobre una fina columna con capitel de la época de Hixen II.
De este patio pasamos al Patio del Pilar, nombre que toma de una imagen de esta Virgen, aquí se ubica uno de los pozos que abastecían de agua a la casa.

El siguiente patio es el Principal de la casa, el más extenso, linda con la muralla romana y pudo ser el huerto en el medievo. Este patio-jardín se articula en zonas, una de ellas presidida por una estatua de Zeus, en otro encontramos una fuente de mármol negro flanqueada por unos bancos de piedra que utilizan como apoyo antiguas basas de columnas. Un tercer espacio está más reservado, abierto con un arco de enredadera, tiene una escultura de la diosa Venus en el interior. El patio se va transformando en un jardín con sabor andalusí y una amplia alberca-piscina junto a la que se encuentra un edificio de estilo morisco, con blancas paredes, en donde la planta baja posee pórtico de tres arcos enmarcados en alfiz y la planta segunda, una ventana con arco ojival tapada con una celosía de madera. Aquí encontramos también un blanco torreón. Desde este patio podemos acceder a la bodega, donde se conservan restos de una domus romana en la que todavía se aprecia el impluvium y el triclinium, espacios decorados con mosaicos con adornos geométricos y figurativos.
La casa aún dispone otros dos patios, el Patio de los Gitanos, con unas arquerías de ladrillo visto en la planta baja, y en el piso superior un pórtico de pies derechos (madero dispuesto en vertical, solo o en compañía de otros, para sostener algo, entre su extremo superior y el miembro sustentado suele interponerse una zapata, también de madera).

El Patio de la Morera, desde el que se accede al comedor de verano; recibe su nombre por la enorme morera que crece en un alcorque. En su centro, este patio luce una fuente de estilo mudéjar. Lo más característico de este espacio son los dos grandes arcos de herradura apuntados, como las alcazabas, obra de la restauración del XX.

Continuando por “Cabezas”, el número 3, conocida como “Casa de Góngora”, es un edificio barroco del siglo XVII o XVIII, propiedad municipal, en donde desde el año 2007 se encuentra el Centro de Estudios Gongorinos, y es la sede de la Cátedra “Luis de Góngora”, creada en el 2014 por la Universidad de Córdoba, con el fin de estudiar y difundir la obra de Góngora, tanto en el ámbito universitario como fuera de él. Hay que precisar que el poeta nunca tuvo relación alguna con esta casa.
Las primeras noticias que se tienen de este edificio corresponden al Catastro del Marqués de la Ensenada, realizado en 1749, donde se menciona como propietaria a doña Juana de Buenrostro. Su último propietario particular fue Fernando Fernández de Córdoba y Martel, hasta la adquisición por el Ayuntamiento para dedicarla a Archivo de Protocolos Notariales.

De fachada sobria, destacan sus rejas gótico-renacentistas, la decoración alrededor de las ventanas y balcones y las dos espadañas de los tejados. El zaguán de la casa se alinea con los dos patios. Al primer patio, de pequeñas dimensiones, se accede a través de una reja de finales del XIX, el suelo es de chino, y de aquí sube la escalera a la segunda planta, ésta es de dos tiros y finaliza en el típico doble arco, haciéndolo con una columna, posiblemente de origen califal. También en este patio se observan los restos de una casa romana, es un almacén, no está excavado hasta la cota inferior, donde la familia de la domus conservaba sus alimentos, pues un cercano venero subterráneo la dota de humedad que facilita el fresco de la habitación.

Desde el patio de entrada, una puerta nos da acceso al patio principal, es un patio barroco porticado en sus cuatro lados con tres arcos que se sustentan sobre columnas, sobre ellos, en la planta superior, se abren balcones. El suelo es enchinado estando en el centro una fuente barroca de piedra negra, alrededor del patio se abren las habitaciones de esta planta.
Dejamos la “Casa de Góngora”, para fijarnos en la acera de los pares, el número seis, frente al torreón, se encuentra la que fuera casa solariega de los condes de Zamora de Riofrio. Es un edificio del siglo XVII, remodelado en el XX y pendiente de una amplia reforma para adaptarlo a hotel.
Su amplia fachada blanca tan solo se rompe por la portada y sus enrejadas ventanas. Esta casa, junto al número 4, perteneció desde la segunda mitad del siglo XIX a los condes de Zamora de Riofrio, quienes, tras vender su casa de la actual plaza de Séneca, se trasladan a este lugar.
El título de marqués de Zamora y Riofrio es otorgado por el rey Carlos IV a Manuel Medina y Corella, hermano menor del Arcediano de los Pedroches y fundador del Monte de Piedad, José Medina y Corella, del que hablamos cuando paseamos por la calle dedicada a él junto a la Mezquita-Catedral. Con él vendría a Córdoba su hermano menor, Manuel, a quien, gracias a los contactos de José con la corte, se introdujo en la nobleza local, así en el año 1781 el rey Carlos III lo nombra Veinticuatro de la ciudad y en el 1789 fundaría para él y sus descendientes un mayorazgo. En 1795 Carlos IV le concedió el título de conde de Zamora de Riofrío, que hacía referencia a dos de sus propiedades con estos nombres en los municipios cordobeses de Monturque y Montilla, respectivamente.


La propiedad de esta casa está documentada desde el Padrón de la Catedral de 1693, viviendo en ella “don Juan de Fuentes, viudo, jurado con escritorio de Seda”, la familia pertenecía a la nueva burguesía gracias al comercio de la seda y cuyos antecedentes familiares se creen que pudieran ser hebreos, pero que serían tapados gracias al poder económico; fue nombrado jurado de una de las collaciones de la ciudad. Un heredero de esta familia casaría con un familiar del II conde de Zamora de Riofrio, y un hijo heredará el condado al morir el II conde sin descendencia, por lo que desde ese momento la casa pasaría a ser del condado. El V conde, Mariano Cabezas Saravia, fue alcalde de Córdoba durante cinco meses en 1868, tras su muerte la economía de la familia entraría en una difícil situación que les hizo vender la casa de la plaza Séneca al marqués de Escalonias y el impago de un préstamo hace que la casa de la calle Cabezas sea subastada mediante un proceso judicial en 1881, pasando a ser propiedad de la familia Suarez Varela y Losada. Tras la muerte sin descendencia de la VI condesa en 1945, el título dejará la ciudad de Córdoba.
Centrándonos en el inmueble que ocupa los solares catastrales de las casas 4, 6 y 8, la fachada principal abre frente al torreón de los marqueses del Carpio, además de la portada principal, posee otra por el callejón rotulado como “Doña Munda”, concretamente la puerta que cierra la calle.

El interior de la casa se articula alrededor de varios patios y un jardín. Por la portada número 4 entramos a un zaguán acodado decorado con una gruesa columna con capitel, por él, a través de una reja de estilo renacentista accedemos al Patio de Entrada, conserva un estilo mudéjar con dos pórticos de doble arco enfrentados, uno con capitel califal y el otro romano sobre una gruesa columna de granito, en él se encuentra la escalera que conserva el pretil de piedra. Esta escalera, de dos tramos se cubre con una bóveda decorada con yeserías, y finaliza en doble arco que descansan sobre una fina columna de mármol. En la planta superior se encuentran dos zonas diferenciadas la de “los señores” y la “de servicio”. En la primera destacan varias salas y salones conectados entre sí mediante amplias puertas, estando inspirado en el estilo francés de finales del XVIII y del XIX. Una de las salas es el comedor, con una galería de arcos cerrados mediante cristal emplomado. También está en este piso la biblioteca, por la que se accede al oratorio.

El segundo patio es el Principal, claustrado en sus cuarto lados por tres arcos de medio punto y capiteles renacentistas. El suelo presenta un mosaico de chino y en el centro se sitúa una fuente baja de piedra negra. En la planta superior abren a cada lado un balcón central y ventanas a sus lados, en estilo barroco. Alrededor de este patio se distribuyen dormitorios y otras dependencias como la que nos conduce al “Patio de las Pavas”, llamado así por disponer en una ventana a la calle con poyetes para sentarse a “pelar la pava”, este patio tiene una amplia vegetación, principalmente arbustos “boj”, en los arriates y árboles de cítricos.
Regresamos al Patio Principal, desde donde una galería nos lleva a un pequeño patio que estaría en la zona de servicio, se denomina “de las Cocinas”, y desde él se puede acceder a la planta superior a través de una escalera con pretil de arenisca, la cual se cubre mediante cúpula y finaliza en el típico doble arco con columna, la escalera era utilizada por el servicio para acceder a otras dependencias del miso como el granero o el cuarto de plancha.
El jardín de la casa sería con toda seguridad el huerto, y fue reformado en el siglo XX para instalar una piscina presidida por una galería porticada con un gran arco central, teniendo a ambos lados balcones de madera, en el pórtico abre una portada neomudéjar con una ventana en ajimez en el piso superior. Este espacio es fácilmente identificable desde la calle, por los altos cipreses que en aquí crecen, esta zona corresponde, según la web del catastro, a la casa número 8.

Al patio de “Caballerizas”, se accede desde el exterior por la puerta de la calleja “Doña Munda”, en este patio se conserva el enchinado cordobés original, en una de sus paredes se sitúa una fuente abrevadero, junto a la que se encuentran unas ventanas bajas, por donde se introducía el carbón al sótano, donde se conserva una caldera de inicios del XX.


El patio tiene la peculiaridad de que el soporte de la viga de madera de la galería adintelada, la hace una columna que en realidad son dos fustes unidos en altura. El patio nos da acceso a la cuadra, perfectamente conservadas, con sus pesebres y el suelo de canto rodado. Desde este patio se accede también a una bodega que pudo ser el cuarto de carruajes
Junto a la “Casa de Góngora” se encuentra el edificio número 1, de blanca fachada, que pasa prácticamente desapercibido, la planta alta posee ventanas con rejas voladas, una de ellas sobre la puerta, y sobre ella se alza un mirador con doble arco, que en la actualidad se encuentra cegado.

El último edifico de esta calle, el número 2, actualmente es la pensión “El Portillo”, era una casa cordobesa fechada en 1814. Una de sus características son los azulejos de estilo mudéjar del zaguán y del patio central. Viendo la fachada, que se decora con una línea de azulejos que divide las dos plantas. así como la forja de rejas y balcones, dan a pensar que debió pertenecer a una familia de la burguesía del XIX. Frente a este edificio nos sale la calle «Portillo» o “Portillo de San Francisco”,




