Junto a la “Casa Cabezas”, cerrada con una reja, se encuentra la calleja, conocida popularmente como “Arquillos”, ésta era una de las callejas privadas utilizadas como medianía entre casas del medievo, fue descubierta en el año 1949 y restaurada al año siguiente. El descubrimiento de esta calleja aumentó la creencia en la leyenda de que la casa había sido alcázar de Almanzor y prisión de Gonzalo Gustioz, padre de los Siete Infantes de Lara, quien tuvo que contemplar las cabezas seccionas de sus hijos presentadas en bandeja de plata. También cuenta la leyenda que las cabezas fueron expuestas en el callejón, colgando una cabeza por arco, de ahí que esta angosta vía tenga siete arquillos y que la calle principal hasta hoy, conserve el nombre de Cabezas.

Los siete infantes de Lara (o de Salas) es una leyenda que se inicia a partir de textos de crónicas medievales, su testimonio se encuentra en una versión de la «Estoria de España» escrita en el reinado de Sancho IV de Castilla, anterior a 1289.
La leyenda de los Infantes de Lara proviene de un cantar épico escrito en el siglo XIII, durante el reinado de Sancho IV de Castilla, recuperado por Menéndez Pidal. La leyenda cuenta una traición familiar en la que Gonzalo Gústioz, señor de Salas, con su esposa doña Sancha, y sus hijos los Siete Infantes de Lara, acuden a la boda del hermano de doña Sancha, Ruy Velázquez, a quien el Conde Garci-Fernández había concedido la mano de su prima Doña Lambra, por el heroico comportamiento en el «Cerco de Zamora». Como era costumbre en las celebraciones, se instaló un tablado para que los caballeros jugasen a lanzar sus bohordos (lanza corta arrojadiza), demostrando su valía como caballeros. Ganó un primo de Doña Lambra, Alvar Sánchez, y se mofó de los infantes de Lara. Gonzalo, el pequeño de los hermanos, sintió su honor ofendido y golpeó a Alvar Sánchez, dejándolo muerto. Doña Lambra pidió a su marido para que vengara el agravio. Ruy Velázquez fue hasta donde se encontraba su sobrino Gonzalo y le golpeó con su vara con intención de matarle. Gonzalo, para defenderse cogió su azor para devolverle el golpe a su tío. Justo después de esto, mientras las dos familias se estaban armando para enfrentarse a la otra, llegó en padre de los infantes y García Fernández, el señor de todos ellos, e hizo hacer las paces a las dos familias.

Al terminar la boda el séquito, con toda la familia, se dirige a Barvadillo, en donde Ruy tiene sus propiedades; allí Gonzalillo se desnudaría para bañarse en el río, tomándolo esto su tía doña Lambra como una ofensa, por lo que ordenó a un sirviente que le arrojase un recipiente de sangre, al ver esto los hermanos le dan muerte en presencia de doña Lambra. Esto provocaría nuevamente el levantamiento de la ira del matrimonio quien juraría su venganza. Ruy Velázquez prepara su venganza para lo que hace redactar una carta dirigida a Almanzor en la que pedía que diera muerte al mensajero que la portaba y se uniese a él para realizar juntos una emboscada. Esta misiva se la entrega a Gonzalo Gústioz, el cual creía llevar una petición económica al caudillo cordobés; cuando éste lee la epístola que le entrega Gonzalo, se la lee y lo hace prisionero. Mientras esto sucedía en Córdoba, Ruy invitaba a sus sobrinos a realizar unas escaramuzas en «tierras de moros», tras haber llegado al acuerdo con varios jefes islámico de que realizasen una emboscada a los Infantes.
Las tropas de los Lara fueron asaltadas en varias ocasiones muriendo todos sus componentes, excepto los Infantes, que se defendían con bravura, conocido el hecho por parte de los acompañantes de Ruy Velázquez, dejan a éste para apoyar a los Infantes, siendo nuevamente asaltados y muertos, capturando al final a los hermanos que serían decapitados.

Las cabezas fueron llevadas a Córdoba para presentarlas a Almanzor a quien informaron de la heroica defensa de los siete hermanos. En reconocimiento del hecho el caudillo árabe entregó las cabezas a don Gonzalo, el cual estaba recluido en esta casa. Cuenta también la leyenda que, para consolar al padre, Almanzor hizo que le acompañara una hermana suya, la cual quedaría embarazada del cristiano; a la salida de Córdoba, don Gonzalo entregó a su compañera medio anillo con el fin de que se lo entregase al hijo de ambos para que éste lo pudiera reconocer con el tiempo, saliendo para Burgos don Gonzalo con las cabezas de sus hijos en una arqueta. Al llegar a su destino narró lo sucedido al Conde de Castilla, quien no se atrevió a sancionar a Velázquez, dado el rango que ostentaba y la pobreza de Gonzalo. La leyenda continúa narrándonos como dieciocho años después el hijo musulmán de Gonzalo Gústioz, Mudarra, se entera de quien era su padre y de lo sucedido, por lo que pide a Almanzor permiso para ir en busca de su padre, el caudillo no solo le autoriza, sino que libera a trescientos caballeros cristianos y se los entrega a Mudarra para formar una fuerza, al salir de Córdoba el joven explica lo sucedido años antes y sus propósitos a los caballeros cristianos, jurándoles estos su apoyo. Mudarra encontraría a su padre pobre y ciego, quien lo reconocería por el medio anillo entregado a su madre, tras el encuentro éste expondría a su padre su idea de venganza, en Burgos, Mudara decide convertirse al cristianismo a la vez que lo adoptaría doña Sancha. Tras formar un ejército Mudarra se dirige en busca de Ruy Velázquez, quien huye, hasta que Mudarra lo encuentra y en un enfrentamiento personal da muerte al traidor, vengando la muerte de sus hermanos, los Siete Infante de Lara. Esta leyenda fue tratada hasta el siglo XVIII como parte de la historia de España, en que se demuestra que tan solo fue eso, una leyenda.



