La Sinagoga de Córdoba

La Sinagoga de Córdoba fue construida en 1315 y en ella hubo culto hebreo hasta la expulsión de éstos, tras lo que quedó el edificio dedicado a hospital de hidrófobos (enfermos de rabia). En 1588 pasó a la cofradía del gremio de zapateros bajo el patronazgo de San Crispín, que lo utilizaría para sus cabildos y fiestas patronales. En el siglo XVIII se sustituyó el artesonado original por una bóveda de caña y yesería; en esta época ya era totalmente desconocido que este edificio fue en el siglo XIV un templo judío.

En el año 1876 el obispado realizaría obras en el edificio y al retirarse el retablo dedicado a Santa Quiteria, salen a la luz inscripciones judías junto a restos de decoración, ante lo cual se encarga un estudio al director del Museo de Bellas Artes (Rafael Romero Barros, padre de Julio Romero), su resultado será el inicio de la recuperación de la sinagoga en el año 1884, siendo declarada Monumento Nacional el 24 de enero de 1885. En el año 1916 el nuncio apostólico firmaría el convenio de cesión de la Sinagoga a la Comisión Provincial de Monumentos de Córdoba, siendo actualmente dependiente el edificio de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, careciendo de culto.

El aspecto actual de la Sinagoga se debe a diversos procesos de restauración del inmueble desde su recuperación, pues se realizarían obras en los años 1900, 1928, 1984 y 1993. En la restauración realizada en el año 2014, se comprobó que la sala de oración se asienta sobre la muralla romana.

En esta misma intervención, en la casa número 18, se han encontrado restos de lo que pudiera ser un Mikve, espacio donde se realizan los baños de purificación según prescribe el judaísmo.

Entramos al templo y nos encontramos con un patio, a su derecha una puerta nos dará acceso a un pequeño atrio en donde vemos una escalera de acceso a la tribuna de mujeres, desde donde éstas seguían las ceremonias religiosas.

Desde el vestíbulo se accede a la pequeña sala de oración, de forma casi cuadrada, con una altura de 6,16 m. La decoración del templo es a base de atauriques (relieves decorados con yeso, propio de la decoración árabe) formando estrellas de 4, 6 y 8 puntas mezcladas con motivos vegetales de estilo morisco, habiéndose perdido la decoración en algunas zonas de la sala.

Completa la decoración una serie de inscripciones transcritas del Libro de los Salmos, en escritura cuadrada hebrea, siendo originalmente en color rojo sobre fondo azul.

En el centro del muro oriental (derecha) se encuentra el espacio principal de la Sinagoga, el Tabernáculo, un hueco de 2,8 m. de ancho, con tres hornacinas, en donde se colocaba el Aaron (arca que contenía los rollos de la Torá, el Pentateuco para los cristianos). Uno de los momentos más importante para un varón judío, es cuando al cumplir los 13 años es llamado a leer por primera vez el Sefer Torá, frente a su comunidad.

La decoración de esta pared se hace con atauriques, dividiéndose el espacio en tres partes, una central, en donde se conserva un arco y dos espacios rectangulares a los lados, con una decoración geométrica de lacería.

La decoración epigráfica del dintel del arco nos dice:

  • “busco: hablar en la casa del Señor toda mi vida”
  • “…ra tu promesa a tu fama, Una cosa pido al Señor y es lo que…”
  • “me postraré hacia tu santuario y alabaré tu nombre por tu lealtad y por tu fidelidad, pues supe…”

Bajo el espacio del lado derecho se conserva una inscripción que alude al fundador de la sinagoga, Isaac Mohed, la cual dice: «Santuario provisional y morada del Testimonio que terminó Isaac Mohed, hijo del señor Efrain Waddawa, el año setenta y cinco. Así mismo, presta atención, oh Dios, y apresúrate a reconstruir Jerusalén».

El muro frente a la puerta de entrada se encuentra también cubierto de atauriques y coronado por cinco arcos de medio punto a través de los cuales entra la luz, al igual que en otras tres paredes de la sala. La decoración de esta zona es una profusión de atauriques, como el resto de la sala, bajo los cinco arcos de luz corre una franja enmarcada por líneas epigráficas. La zona principal son tres arcos ciegos, los laterales de medio punto y el central adintelado. Éstos se separan entre sí y de las paredes laterales, mediante cuatro espacios rectangulares decorados con atauriques en los que se inscriben salmos:

“Entrad, adoremos y postrémonos, doblemos la rodilla (?) ante Señor, Creador nuestro. Entremos en su morada, postrémonos ante el estrado de sus pies. Ensalzad al seños, Dios nuestro, postraos ante el estado de sus pies: Santo es Él”

“Aclamad la gloria del nombre del Señor, postraos ante el Señor en el atrio   tiemble de su presencia toda la tierra. Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen ante ti, canten salmos a tu nombre. Sélag”

En el lateral izquierdo destaca un arco ojival polilobulado, coronado por un paño de yeserías. La inscripción hebrea que lo enmarca, casi desaparecida, parece aludir al Cantar de los Cantares; este nicho debió alojar la «bimah» o púlpito para la lectura de la Torá. La cruz pintada en el centro del nicho puede ser del siglo XV, pintada al transformarse la Sinagoga en templo cristiano bajo la advocación de Santa Quiteria.

La pared sur, sobre la puerta de entrada, es la fachada más hermosa, en ella se encuentra la galería de las mujeres, comunicada con la sala de oración por tres balconcillos, sobre los que aparece un amplio friso decorativo y sobre éste cinco ventanas. Las inscripciones de este muro provienen de los libros de los Proverbios, Isaías y Salmos.

La sala de oración se cubre con un artesonado instalado en la restauración del año 1984.

El solar al norte de la Sinagoga adjunto fue adquirido en el año 2008 por la Junta de Andalucía para realizar un programa museográfico, las catas arqueológicas mostraron restos importantes como el ‘mikvé’, un lugar para el baño ritual que los judíos tienen que hacer antes de la oración. Lo más probable es que estuviese vinculado a la misma Sinagoga, según las investigaciones.

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