11: Cuadro de la Última Cena

En la zona donde se abre la puerta de San Pedro, colgado sobre la parte externa del muro de la capilla del “Espíritu Santo”, se encuentra uno de las mejores pinturas que cuelgan en las paredes de la Catedral “La Última Cena”, una bella pintura de Pablo de Céspedes (1595), quien fuera racionero de la Catedral (canónigo racionero: el prebendado con derecho a ración, o sea, que dispone de parte de las rentas de la catedral).

Su sitio original, hasta 1912, fue la desaparecida capilla del Santísimo Sacramento o de la Cena, que, situada entre el mihrab y la capilla de Santa Teresa, como se puede ver en el plano de la Mezquita-Catedral del siglo XVIII.

El cuadro se encuentra en un marco de 1595, en cuyo banco se encuentran pinturas representando a Elias, el Encuentro de Abraham y Melquisedec y Sansón sacando el panal de la boca de un león. En el frontón un oleo con una figura femenina con un cáliz en la mano.

De él, algunos autores han afirmado que la disposición de los alimentos sobre la mesa corresponde a un ejercicio simbólico de relacionar sus propiedades con el poder curativo (del alma) de la comunión. Así, las naranjas y limones vendrían a ser un símbolo sanador (se creía entonces que los cítricos eran antídotos de algunos venenos); la sal (vemos delante la presencia de un salero) lo sería de la integridad; y los vasos, de lo frágil que es el ser humano.

En el cuadro se pueden observar diferentes elementos representativos, en primer plano una bella fuente y un aguamanil, que recuerdan las purificaciones pascuales de los judíos, y también el lavatorio de los pies, sobre la mesa, la vajilla y el salero, que en la Pascua judía recuerdan la amargura del agua del mar y de la esclavitud, el limón que simboliza la purificación, pues era utilizado para limpiar de impurezas las carnes y pescado.

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