Custodia de Arfe y Tesoro Catedralicio

En el centro de la capilla se expone la obra principal de la orfebrería catedralicia, la Custodia, utilizada para la procesión del Corpus Christi (instaurada por la Iglesia en el siglo XIV), fue realizada en el año 1518 por Enrique de Arfe (autor también de la Custodia de Toledo). Tiene una altura de 2,68 metros con una base de 0,92 m. y un peso de 122,5 kg; está realizada en plata y plata dorada, con técnicas de fundido y cincelado. A lo largo de la historia ha sufrido varias reformas, una en 1616, otra en el siglo XVIII, en la que se la añadiría el zócalo y en 1967 se sometió a una profunda restauración.

La custodia se articula en varias partes que han de ser examinadas con paciencia para admirar cada detalle:

La base, realizada por Bernabé García de los Reyes, posee ruedas para facilitar su traslado, añadidas en el siglo XVIII, es de planta dodecagonal, en cada una de las caras se sitúan relieves en donde se representan danzas (entre ellas la de los Seises) y un pasaje bíblico, por encima corren cenefas. En la que fuera base original de Arfe, se representan dieciocho huecos, formando como capillas con arcos trilobulados, en donde figuras doradas representan escenas de la vida de Cristo.

El resto del cuerpo se divide en tres templetes. El inferior y principal es el “Templete del Viril”, en donde varias torres góticas (de 1,18 m. de altura) colocadas en dos filas, se unen las interiores a las exteriores mediante arbotantes, protegiendo un cilindro de cristal, en donde se instala la “Forma Sagrada”.

El intermedio es el “Templete de la Asunción”, toma este nombre de la Asunción, realizada por Bernabé García de los Reyes para sustituir un Salvador original. La unión de las columnas se hace por medio de delfines montados por angelitos.

Cruz del Obispo Íñigo Manrique

El “Templete de la Campana”, es el último, sus torres hexagonales se unen mediante guirnaldas, en el interior se aloja una campana, en la parte inferior del templete se sitúa una corona  de la que penden otras seis campanas, de menor tamaño. Culmina la Custodia con una imagen del Salvador.

Pasemos ahora al museo con más de cuatrocientas piezas de los siglos XIII al XIX, en donde predomina la realizada por artesanos cordobeses, destacando también varias piezas italianas; la pieza más antigua que se conserva en el tesoro es el báculo del obispo Lope de Fitero (primer obispo de la ciudad tras la Reconquista), realizado en el siglo XIII, pero son muchas las piezas dignas de admirar, así entre la colección de cálices, se encuentra uno de 1581 decorado con piedras preciosas; entre las cruces procesionales destaca la del obispo Maradones, (siglo XVII); es amplia la colección de relicarios, destacando el de “San Bartolomé”, con una copa de cristal de roca, o el de “Santa Úrsula”, con un busto de la santa, obra de primeros del XV.

Una pieza que destaca es el crucifijo de marfil cuyo tronco y piernas son de una sola pieza, se le atribuye a Alonso Cano, autor barroco nacido en Granada en el 1601, se trasladó a Sevilla a los trece años; compaginaría en su obra la escultura y la pintura. El siglo XVIII sería el más importante para la producción del tesoro, entre las esculturas destacan la “Virgen de la Candelaria” y un San Rafael, obras de Damián de Castro en 1757, autor éste de varias piezas de esta colección.

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