Velázquez Bosco

Frente al altar de la “Virgen de los Faroles” se abre la calle «Velázquez Bosco», (Burgos, 1843 – Madrid, 1923). Fue un arquitecto, restaurador, historiador, arqueólogo y dibujante, trabajó por muchos lugares de España, una de sus obras es el “Palacio de Cristal” (1887), en el Retiro de Madrid, año en que es aprobada su propuesta de restauración de la Mezquita de Córdoba, si bien no comenzó a intervenir en el monumento hasta 1891. Desde 1892, los proyectos de Velázquez se centran en la restauración de la Mezquita de Córdoba, entre esa fecha y 1923, logró recuperar el antiguo esplendor gracias a sus intervenciones; colaboró con él el escultor local Mateo Inurria. Entre 1909 y 1923 compaginó este trabajo con el “redescubrimiento”, excavación y restauración de las ruinas de Medina Azahara, iniciadas en 1911, centrándose en la zona alta del Alcázar y catas en las terrazas bajas, anteriormente había excavado la almunia de al-Rummaniyya, al oeste de Medina Azahara.

Palacio de Cristal, Madrid

Tras los interesantes hallazgos encontrados, realizó un primer viaje a Egipto acompañado por sus alumnos y costeado en su mayoría por él, con el fin de estudiar este tipo de arquitectura y establecer su conexión con los erigidos en España. Al año siguiente, pidió una pensión para la ampliación de estudios en el extranjero y establecer las influencias de la arquitectura del norte de África, con la árabe española. Con la ayuda otorgada viajó a Egipto, Túnez y Argelia donde visita los monumentos de Alejandría, El Cairo, Kairua y las ruinas de Cartago. Esta expedición sirvió, entre otros aspectos, para establecer la conexión de los elementos externos como: caminos, canteras y acueductos de Valdepuentes, que abastecían la ciudad. Ricardo Velázquez dedicó catorce años a las excavaciones y restauraciones del yacimiento de Medina Azahara. Estos hechos le hicieron meritorio del título de Hijo Adoptivo de la ciudad en 1916. También actuó en el monasterio de la Rábida de Huelva y en la Alhambra de Granada.

Propuesta de Velázquez Bosco para la restauración del paramento oriental de la capilla de Villaviciosa

En la restauración del Museo de Bellas Artes de Córdoba, 1917, y la organización museística de las piezas arqueológicas encontradas en las excavaciones de Medina y en las obras de la Mezquita. También trabajo en esos años en la Alhambra de Granada, en especial el palacio de Carlos V. En 1888, fue elegido académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En 1910 fue designado director de la Escuela de Arquitectura. El año 1916 la ciudad de Córdoba lo nombra “Hijo Adoptivo” y le dedica esta calle. Poco antes de su muerte, las ruinas de Medina Azahara fueron declaradas Monumento Nacional y a Velázquez, su excavador, le fue concedida la Gran Cruz de Carlos III.

Excavó en el interior de la Mezquita, en la fachada oriental del oratorio de Al Hixem II, documentando la cimentación, el adarve y la calle preexistente. De igual manera trabajó en el estudio y restauración de las puertas de acceso al edificio del citado califa. Desmontó las bóvedas barrocas de escayola en varias naves, sustituyéndolas por réplicas de los anteriores artesonados de madera omeyas. En el exterior restauró las puertas, limpiando del encalado a la “Puerta de San Sebastián”. siendo estudiadas y restauradas la mayoría. Las mejor conservadas (como la Puerta de San Ildefonso) sirvieron como inspiración para las otras. Su imagen actual es, principalmente, fruto de los trabajos desarrollados por él y su equipo.

Calle Velázquez Bosco en los años 60

Durante la segunda mitad del siglo XIV esta calle era conocida como “calle de la Cárcel”, pues al final de ella estaba situada la Cárcel Real o del Concejo, que perduró hasta el siglo XVI, cuando se construye la Casa del Corregidor en la plaza de La Corredera y la prisión se instala en la planta baja, donde hoy se encuentra allí el mercado. Posteriormente se conocería a la calle como “de la Comedia”, pues en el solar de la cárcel se construiría un corral de comedias, con este nombre aparece en el plano de 1811, será en el plano de 1915 cuando ya aparece con el topónimo actual.

Al entrar en la calle, una placa conmemora el lugar de nacimiento, en 1591, de Benito Daza de Valdés, autor de «Uso de los anteojos«, primer libro sobre lentes publicado en el mundo. El 30 de diciembre de 1606, Benito Daza se graduó como bachiller en Artes y Filosofía, en Sevilla, y teniendo en cuenta su labor de notario, parece probable que fuera también licenciado en “Cánones o en Leyes”. Ejerció el cargo de notario del tribunal inquisitorial de Sevilla, y fue óptico y optometrista en esta ciudad, donde escribió y publicó, en 1623, su única obra conocida: “Uso de los antoios. Para todo genero de vistas: En que fe enfeña a conocer los grados que a cada uno le faltan de fu vifta, y los que tienen cualefquier antoios”.

La obra, distribuida en tres libros, presenta el primer estudio sistemático publicado sobre las lentes correctoras para los defectos de la visión:

Libro 1º: De la naturaleza y propiedades de los ojos
Libro 2º: De los remedios de la vista por medio de los antojos
Libro  3º: Contiene cuatro Diálogos, donde se comentan los casos clínicos más frecuentes que se presentan al determinar los cristales correctivos necesarios para la ametropía correspondiente.

Según los historiadores de la Oftalmología, la obra de Daza es un hito aislado dentro de la evolución de esta ciencia.

Casi frente a la “Calleja de la Flores”, en el número 10, se encuentran “los Baños de Santa María”, unos baños árabes del siglo X que se encuentran situados en una casa del siglo XIX. Los baños fueron rehechos en el siglo XIV por alarifes mudéjares. Las partes mejor conservadas de los antiguos baños son tres salas abovedadas correspondientes al bayt al-barid’ o sala fría, el bayt al-wastani o sala templada y el bayt al-sajum o sala caliente, así como el aljibe.

La sala fría, bayt al-barid, se conserva enmascarada entre las reformas acometidas de la casa. Se corresponde con una estancia cubierta con bóveda de medio cañón que se conserva integrada dentro de la vivienda actual y compartimentada en varias habitaciones. La sala templada, bayt al-wastani, actualmente es el patio, un cuadrado de 7,50 metros de lado con galerías sustentadas por ocho columnas, que soportan arcos de herradura y bóvedas de medio punto perforadas por lucernas troncopiramidales, los arcos son de construcción moderna. Los capiteles son de época califal, de nido de avispero, excepto uno visigodo. Entre los cimacios son algunos musulmanes y otros visigodos. En las galerías norte y sur se localizan un compartimento enmarcado por dos arcos de herradura que podría tratarse de un diván o una piscina o baño. Junto a él un pozo y en el muro un cubículo que podría corresponder a otra piscina.

La sala caliente, bayt al-sajum, es rectangular de 10,30 x 3,10 metros con muros en los que se combina el ladrillo y el sillar de piedra, se cubre mediante una bóveda de cañón de piedra, en la que se abren lucernas, de sección cuadrangular, actualmente cegados. En su lado oeste se abren a cada extremo dos arcos de herradura donde se encontraban las piscinas, conservando restos de estucado rojo, entre ambos, un vano enmarcado por un doble arco que abre a una estrecha galería abovedada de 6 metros de longitud y 1,80 metros de anchura, nos conduce hasta un aljibe o pozo elíptico de 10 metros de profundidad. Este aljibe sirvió para abastecer de agua a los baños, posiblemente mediante el empleo de una noria de tracción animal. El resto de la casa no conserva otras estructuras reconocibles de los baños árabes, pues ha sufrido modificaciones en época contemporánea, aunque no se descarta que se encuentren ocultos otros elementos. En el año 2001 fue declarado Bien de Interés Cultural.

En el número 3 de “Velázquez Bosco” se encontraba hasta el año 2023 el Colegio Oficial de Enfermería de Córdoba, el solar que ocupa es el mismo que lo hiciera la “Cárcel del Rey”, desde el siglo XIV al XVI y posteriormente el «Corral de Comedias». Este edificio tiene otra entrada por la plaza de la «Calleja de las Flores». Actualmente es un negocio hostelero, un restaurante y apartamentos turísticos. Conserva un antiguo suelo en el patio y sus gruesos muros.

Se tiene constancia que desde principios del XVI en la iglesia de San Pedro se realizaban representaciones teatrales infantiles con textos religiosos de Fernán Pérez de Oliva a modo de las representaciones grecolatinas. Con la llegada de los jesuitas en el año 1556 y la fundación de su colegio de “Santa Catalina”, comenzarían una práctica regular del teatro escolar dentro del plan de estudios del centro, gracias a la llegada a este centro del jesuita toledano Pedro Pablo Acedo, un humanista y dramaturgo, estudioso de arte y humanidades, materia de la que era profesor en Sevilla antes de ingresar en la orden jesuita, su primer destino en esta orden sería el colegio cordobés, donde ejerció entre los años 1561 y 1572. Las primeras noticias de la existencia de un lugar estable para la representación datan de 1583, se sabe por los documentos de alquiler por Alonso de Castro de unas casas en la “Cuesta de Pero Mato” para funciones teatrales, pronto prohibidas por las protestas de las monjas del convento de Santa Ana, cercano al lugar. En este local debió de actuar Lópe de Rueda (Sevilla-1510, Córdoba-1565), quien fue uno de los primeros actores profesionales de España y dramaturgo precursor del Siglo de Oro del teatro español. Se sabe que tuvo una compañía, aunque se piensa que solamente la formaban él y su mujer, contratando al resto en las localidades donde representaban. Lope enfermó en una de sus estancias en Córdoba, aquí redactaría testamento y fallecería días después, siendo enterrado en un lugar desconocido de la Catedral.

El Cabildo municipal decide crear en esta calle de la “Cárcel Real” un corral de comedias, algo muy de moda en ese momento, para ello contrata a Juan de Ochoa, quien construye un edificio que estaría a la vanguardia de los de este tipo. Su estreno fue el 25 de diciembre de 1602, siendo el primer local de este tipo en la ciudad de carácter público. La Casa de las Comedias funcionará durante casi un siglo como teatro municipal, bajo un sistema de arrendamiento que asegura unas rentas anuales.

El Corral tenía planta cuadrada, de 24 metros de lado, con capacidad para unos 800 espectadores sentados, más 300 en el patio, que podrían disponerse en bancos (lunetas) y gradas. El teatro cerraría en el año 1694, entre otros motivos por las censuras morales de parte de la iglesia local y de los proyectos de mejora socioeconómica del alcalde Ronquillo, quien proyectaba convertir el solar del teatro en un centro industrial.

A pesar del ímpetu dado por los jesuitas al teatro escolar, parte de la iglesia era contraria a las representaciones teatrales paganas, muestra de ello es el bando en el año 1599 dado por el obispo Reinoso:

No vayan los prebendados a la Casa de Comedias o a oírlas, por la gran incidencia y mal exemplo que se da al clero, so pena de un día de oficios cada vez que fueren”.

 Un acérrimo enemigo fue el dominico padre Francisco Posadas (Córdoba 1644-1713) quien, gozando de gran fama como predicador, desde el púlpito atacaba al teatro por considerarlo contrario a la vida cristiana; llegaría a pedir autorización a su superior religioso para entrar en el corral, con el crucifijo en mano y convertir a los pecadores que veían la función. Llegó incluso a entrar en uno de los cabildos que celebraban los Veinticuatro de la ciudad, a los que sermoneó para que prohibiesen las celebraciones teatrales. Este sacerdote fue beatificado en el año 1817.

El edificio se derribaría en el 1704, a excepción de los murallones que lo circundan. Desde el año 1708 pasaría a la propiedad del Cabildo.

Desde el cierre del Corral de Comedias, Córdoba quedaría sin un espacio específico para representaciones teatrales. Hasta su prohibición en 1765, los autos sacramentales constituyeron prácticamente la única forma de teatralidad en el siglo XVIII cordobés, sin un lugar estable para realizar funciones dramáticas, a pesar de los intentos de levantar un teatro cerca de la iglesia de San Nicolás. Las representaciones se realizaban durante las fiestas urbanas, ya extendidas en el siglo XVII, las representaciones se hacían en la Plaza de la Corredera. Su práctica se mantendría a lo largo de todo el siglo XVIII, extendiendo la vigencia del modelo barroco.

No sería hasta 1800 que encontremos un edificio teatral en la ciudad, era el “Teatro Principal”, construido en la calle “Ambrosio de Morales”, sufrió los avatares de la Guerra de la Independencia y la conflictiva vida política nacional de la primera mitad del siglo XIX, además de las continuas quejas del vecino convento del “Corpus Christi”.

En esta calle encontramos construcciones antiguas, destacando dos portadas renacentistas enfrentadas, las números 1 y 2.

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