
Al final de “Velázquez Bosco”, a la derecha se encuentra otra calleja sin salida, a mediados del siglo XX tomaría el nombre de “Samuel de los Santos Gener” (Cartagena 1888 – Albacete 1965), fue director del Museo Arqueológico de Córdoba, desde 1926 hasta 1958. En 1924 ingresó por oposición en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, tomando posesión del cargo de Jefe de la Biblioteca Pública de Córdoba en 1924, donde permaneció hasta enero de 1926, fecha en que a petición propia fue trasladado al Museo Arqueológico de Córdoba en el que prestó sus servicios hasta su jubilación en 1958. Los primeros años de su estancia en el museo coincidieron con la instalación del mismo en la nueva sede, calle que hoy lleva su nombre. Finalizaría su labor con el inicio del traslado a la sede actual en la plaza “Jerónimo Páez”. Desde 1930 estuvo vinculado a la docencia, ejerciendo primero de profesor ayudante de Historia del Arte en la Escuela de Artes y Oficios y más tarde de profesor de Lengua Alemana en el Instituto de Segunda Enseñanza.
A consecuencia de un “expediente depurativo”, frecuentes al inicio de la Guerra Civil, tuvo que dejar su puesto en el museo desde el 29 de octubre de 1936 hasta el 1 de febrero de 1938 en que fue readmitido al Cuerpo, destinándosele al Archivo de Hacienda de Badajoz. En 1939 regresó a Córdoba ocupándose de la dirección del Museo Arqueológico. Durante su dirección la colección se amplió con 10.000 piezas registradas.
Gracias a su labor en excavaciones como director del Museo, su tarea de compilación de información, sus estudios pormenorizados y la recuperación de piezas puso a mediados del siglo XX las bases del conocimiento de la arqueología cordobesa actual. En 1947 fue nombrado comisario provincial de excavaciones arqueológicas en Córdoba.
Junto con el arquitecto Félix Hernández planificarían el nuevo museo en la plaza de Jerónimo Páez, el cual fue inaugurado años después de su jubilación. Samuel de los Santos tras su jubilación traslada su residencia a Albacete, donde vivía su hijo, director del Museo de esta localidad.
Esta calle durante el siglo XIV recibiría el nombre de “calleja del Chantre” (canónigo episcopal que dirigía el coro de la catedral), y posteriormente “calleja del Tesorero”, por vivir en ella el tesorero de la catedral. Varias de sus casas serían de las denominadas “Casas de Estatuto”, propiedad del cabildo catedralicio que servirán de residencia a los altos cargos de éste, mediante el pago de un alquiler.
Con referencia al cargo de tesorero de la catedral, existe el curioso caso de Pedro Fernández de Alcaudete, que pudo vivir en esta calle durante el siglo XV. Fue acusado de hereje y de ser un falso converso al cristianismo, en un auto de fe realizado en 1484 fue condenado a la hoguera, junto a una mujer acusada de ser su “manceba”. El acto se realizó en el compás del convento de San Pedro el Real (actual iglesia de San Francisco), ambos serían ejecutados en la hoguera.

Su sentencia se encuentra en un manuscrito del “archivo del Real convento de San Pedro de la Orden Franciscana, Casa grande de esta Ciudad», en donde se le condena por «erege judaizado apostatado«. En la sentencia habla de «fallo, que le devo condenar y condeno por los dichos delitos é errores á pena de muerte natural, la cual mando que sea por fuego material, é sea quemado vivo hasta tanto que sea convertido en ceniza, é á pena de confiscacion de todos sus bienes, los quales confisco é aplico á quien con derecho los debe haver«. El condenado debía llegar al cadalso cabalgando «en un asno con una soga al pescuexo; é las manos atadas, lo lieve á quemar vivo á la Puerta baja«.
Sobre la vida de este personaje se han narrado diversas leyendas y el escritor Luis Sánchez García, ha escrito la novela “El Tesorero de la Catedral”.
En esta calleja tiene un acceso el convento de “La Encarnación”. Frente a él, la casa número 5 es la sede la Cáritas Parroquial del Sagrario, parroquia dentro de la Catedral, era una de las citadas “Casas de Estatuto”, conserva un bello patio porticado en tres de sus lados, cuyos arcos de ladrillo descansan sobre columnas, la planta alta posee galerías, una de ellas abierta mediante columnas y la otra con pilares. Este patio es uno de los que acuden cada mayo al certamen de “Los Patios”. a su lado, la casa número siete se encuentra prácticamente destruida.

Cierra la calle la «Casa Mudéjar», un edificio que merece la pena visitarlo.



