Cementerio Nuestra Señora de la Salud

La continuación del Puente de San Rafael, tras pasar junto al Triunfo es la Avenida del Corregidor, a nuestra derecha, en una cota inferior, podemos ver las murallas del Alcázar. A unos trecientos metros, a la izquierda, tras un aparcamiento público, se encuentra el Cementerio de Nuestra Señora de la Salud. Su historia se remonta a 1665, cuando dos vecinos del cercano barrio del «Alcázar Viejo», Simón de Toro y Bartolomé de la Peña, al arar descubren un pozo con brocal de jaspe blanco y en su interior una pequeña imagen de la Virgen con el Niño en brazos. La noticia del suceso se difunde con rapidez, sobre todo al conocerse los supuestos milagros obrados en personas enfermas; por lo que en 1673 se inaugura una capilla en el lugar del descubrimiento. La aparición de imágenes, principalmente de Vírgenes, en el interior de pozos era motivado porque en el brocal se solía poner una imagen para que “bendijera el agua”, éstas caían al interior y se olvidaba.

Estos hechos motivaron la celebración de fiestas conmemorando el hallazgo, fiestas que han llegado hasta nuestros días, de forma muy distinta a la original, hoy es la “Feria de Nuestra Señora de la Salud” o «Feria de Mayo», que se ha celebrado en las cercanías de este lugar hasta que en el año 1.994 se trasladaron, por motivo de espacio, al nuevo recinto ferial de «El Arenal».

El origen de las ferias en Córdoba se remonta al año 1284, cuando el rey Sancho IV otorga a la ciudad un privilegio, en pergamino, por el cual le concedía poder celebrar dos ferias al año.

Sepan cuantos esta carta vieren como Yo Don Sancho, por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaen, de los Algarbes, de Algecira, por hacer bien y merced al Concejo de Córdoba, é por muchos servicios que me han fecho, tengo por bien que fagan feria en Córdoba dos veces en el año, la una que comience el dia de cinquesma, y la otra el dia primero de cuaresma, y que dure cada feria quince dias; é cualesquier que á esta feria vinieren con sus mercanderías mando que vengan salvos y seguros, é ninguno no sea osado de les facer tuerto, fuerza ni mal á ellos ni á sus cosas, dando sus dichos dó los hubieren á dar”.

Con el tiempo, la Feria de la Cincuesma (cincuenta días contados a partir del domingo de Resurrección) se vincularía a la Virgen de la Salud, tras el descubrimiento de la imagen. En 1792 un documento del Archivo Municipal dice que la feria de la Salud ya estaba en el “sitio y paraje del Campo de la Victoria, por ser el más acomodado y ancho para todos los ganados de todas especies que concurren a ella y colocación de tiendas y comestibles, como igualmente para el desahogo y extensión de las muchas gentes que acuden”.

El humano, desde su inicio ha rendido culto a sus difuntos, la llegada de los romanos a nuestro territorio trajo los cementerios a extramuros monumentalizados y textos en lápidas, agasajando al difunto. El enterramiento a extramuros lo continuaron las siguientes civilizaciones, incluida la musulmana, en necrópolis perfectamente organizadas, estos pierden los sarcófagos, pues entierran el cadáver directamente en tierra, envuelto en un sudario, girando al difunto en dirección a la Meca.

Con la conquista castellana la ciudad se distribuyó en catorce parroquias, cuando se levantan los nuevos templos, llevando todos un cementerio anexo, esto hace que se tome una nueva costumbre, el enterramiento a intramuros, algo muy insalubre. En 1787 Carlos III promulga el 3 de abril una Real Cédula que establecía el uso de cementerios ventilados fuera de las poblaciones con el fin de recuperar espacios urbanos y, sobre todo, para evitar enfermedades y epidemias. La medida será acogida favorablemente por parte de los concejos locales, mientras que la jerarquía eclesiástica batallará para mantener la situación, dadas las repercusiones de toda índole que la medida comportaba. Los dos primeros cementerios de Córdoba fueron construidos durante el año 1804, uno de la huerta del convento de San Cayetano y otro en el Campo de la Verdad. Además, ese mismo año, la cuidad fue acometida de fiebre amarilla en septiembre, por lo que se construyeron dos camposantos provisionales, uno detrás de la ermita de San Sebastián y otro junto a las tapias de la Huerta de la Reina, estos cementerios ya han desaparecido, siendo sustituidos por los construidos en 1811. Un Decreto firmado por José I Bonaparte en marzo de 1809 ordena la construcción de un cementerio junto a la Ermita de Nuestra Señora de la Salud, las obras comenzarían en 1810, finalizando el año siguiente, recibiendo ampliaciones hasta 1833, en que adopta el espacio actual.

En 1814 el nuevo gobierno cesa el uso de los cementerios extramuros y se volvió a sepultar en las iglesias, en 1821 se restablecen los enterramientos en los cementerios a extramuros, pero dados los continuos cambios políticos de la época, entre 1823 y 1833 el gobierno absolutista de Fernando VII, vuelve a ordenar el enterramiento en iglesias a intramuros.

La actual capilla del cementerio se finalizó de construir en 1805, y el nuevo cementerio se instaló junto a ella, pero independiente, no será hasta 1846 cuando se unen los dos, tomando el camposanto el nombre de la capilla.

Tras la portada neoclásica se abre una ermita de una sola nave con dos tramos y se cubre con bóveda de cañón rectangular. La portada es de estilo neoclásico, contando con dos pares de columnas a ambos lados de la entrada sobre las que se asienta un frontón triangular. Sobre la puerta, hay una hornacina que guarda una imagen de la Virgen con el Niño bajo la cual se puede leer la inscripción latina «Salus Informorun» («Salud de los Enfermos»).

Durante más de siglo y medio la ciudad solo contaría con dos cementerios, éste y el de “San Rafael”, al otro lado de la ciudad; el de la “Salud” sería el camposanto donde correspondería ser enterrados a los vecinos de la Villa, la zona “más rica de la ciudad”, motivo por el cual en él se encuentran las sepulturas de varios vecinos que fueron importantes en la vida de la ciudad, y se construyeron grandes monumentos funerarios, por lo que es interesante recorrer su interior.

Este cementerio pertenece a la “Ruta Europea de Cementerios”, y a propuesta por la Aso­ciación de Cementerios Significativos de Europa, ha obte­nido el distintivo de Itinerario Cultural del Consejo de Europa”. Esta propuesta pretende conservar y promocio­nar el patrimonio de los cementerios europeos para con­cienciar a los ciudadanos de la importancia de los campos santos, tanto a nivel histórico como artístico. Al entrar al cementerio, mediante un código QR podemos descargar un PDF con un recorrido por el mismo. En él se describen 27 sepulturas de interés:

No obstante, por mencionar algunos de los enterramientos podemos citar el mausoleo de la Marquesa de Conde Salazar, quien se trajo de un viaje a Japón tres acacias que se plantaron junto a su mausoleo, estos tres árboles forman hoy parte de la guía de árboles singulares de Córdoba.

El monumento sobre la tumba de María Victoria de Rascón y Anduaga, con una bella escultura de un ángel con la trompeta que anuncia el Juicio Final. En el conjun­to destaca el primoroso labrado de las alas.

Aquí también se encuentran enterrados los cuatro califas del toreo fallecidos. Rafael Molina Sánchez “Lagartijo”, enterrado en un mausoleo construido por Mateo Inurria en 1894, diez años antes de la muerte del torero. Rafael González Madrid “Machaquito”, Rafael Guerra “Guerrita” y Manuel Rodríguez “Manolete”, éste enterrado en un mausoleo realizado por Amadeo Ruiz Olmos en 1951.

Mausoleo de Manolete

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