Puerta de Sevilla

Vamos a entrar de nuevo en la ciudad amurallada, lo haremos por la muralla frente al aparcamiento junto al Cementerio, por la “Puerta de Sevilla”, bajamos una pequeña cuesta, frente a nosotros se encuentra la muralla que cierra la ciudad, pero no es la de la “Corduba” romana, pertenece a un pequeño barrio creado en el siglo XIV para albergar las viviendas del personal de servicio del Alcázar y a sus ballesteros, recibirá el nombre de San Basilio.

Esta zona de la muralla fue muy restaurada en el año 1958, pues la muralla estaba casi desaparecida, la puerta que allí existía recibió desde su inicio el nombre de “Sevilla” por ser de donde se iniciaba el camino a esta localidad, también tomó el nombre “de los Drogueros”. En el año 1935 fue localizado en este lugar una necrópolis hebrea. Junto a la puerta se alza una torre unida a la muralla por dos arcos (la torre fue restaurada a la vez que se reedificó la puerta), los dos arcos de herradura podrían ser restos del acueducto que salvara el arroyo del Moro (Uadi ar-Rusafa o río de la Arruzafa) que pasa por el foso; esta construcción databa de la época califal, tiempo en que esta zona no estaba amurallada. Bajo los arcos  vemos una escultura, realizada por Ruiz Olmos en 1960, dedicada al historiador, poeta, literato, jurisconsulto, teólogo, moralista y filósofo musulmán Ibn Hazam (o Ibn Hazm) (994-1064), nació en el actual barrio de San Lorenzo, dentro de una familia de muladíes (antiguos cristianos convertidos al Islam), su padre perteneció a la corte de Hixem II, alcanzando el cargo de visir con Almanzor, por lo que la niñez de Hazam transcurriría dentro del harén paterno, en donde aprendería a recitar versículos del Corán y se adentraría en el sentido moral sobre la psicología femenina. Con el declive del califato, su padre fue asesinado y sus bienes confiscados, tomando él parte activa a favor del restablecimiento de la dinastía Omeya por lo que fue desterrado con su familia, regresando a Córdoba en el año 1023.

Tras dedicarse al estudio de libros sagrados en la Mezquita, es nombrado visir (ministro) del califa Abd al-Rahman V, que sería destronado a los pocos meses, por lo que Ibn Hazm deja la política, pasará a residir en Játiva hasta el año 1029, año en que regresa a Córdoba para dedicarse a una polifacética vida cultural, siendo maestro, poeta, literato, historiador, filósofo y teólogo. La principal obra literaria que nos ha llegado a nosotros fue escrita en su juventud, es un tratado del amor titulado «El collar de la paloma», en donde nos refleja la Córdoba de su tiempo. Ibn Hazm vivió la decadencia del califato, por tanto, un periodo de revueltas y venganzas, por ello no son de extrañar las palabras que él escribe:

     “Aunque queméis el papel, no quemareis lo que el papel contiene; antes al contrario, ello quedará en mi pecho, irá conmigo donde quiera que mis pies vayan y se detendrá donde yo me detenga, y será sepultado en mi tumba…”

Ibn Hazam está considerado un eminente polígrafo, siendo autor de numerosas obras científicas, jurídicas, filosóficas, teológicas y literarias, teniendo en su haber más de cuatrocientas obras.

Al pie de la muralla, frente a la estatua, se encuentra una pequeña edificación, es un mausoleo romano encontrado en la actual calle “Antonio Maura”, al iniciarse la urbanización de “Ciudad Jardín”, fue trasladado a este lugar en 1960.

La tumba la localizó Enrique Romero de Torres en una excavación en la confluencia de las calles Infanta Doña María con Antonio Maura, en el año 1931. Es una construcción realizada a base de sillares de roca calcarenita local y que presentaba indicios de haber sido profanada en la antigüedad. Se integraba en una vía sepulcral caracterizada por la monumentalidad de las tumbas dispuestas en sus márgenes, todas destruidas tras su excavación con excepción de ésta.  Según Samuel de los Santos se trataría de un hipogeo de carácter monumental rematado exteriormente por un edificio cuyo aspecto debió asemejar una torre, la cual se apoyaría sobre los sillares que se encuentran en la zona alta, sobre la puerta.

Presenta planta cuadrangular con unos 3,7 m de lado por 4 m de altura, el acceso era a través de un arco de medio punto. Este vano debió estar cerrado mediante una reja de hierro, por las marcas en dos dovelas superiores. La cámara está cubierta con bóveda de cañón remarcada al interior con una cornisa y construida igualmente en roca caliza.  Por los restos encontrados en su interior se ha datado en el siglo I d.C.

Tras la tumba un foso nos separa de la muralla cristiana, es una construcción que nos recuerda al “arroyo del Moro”, el cual bajaba desde la sierra por los Jardines de la Agricultura, buscaba desde ahí el lienzo occidental de la muralla y se incorporaba finalmente al foso de la misma a la altura de la Puerta de Almodóvar. En el año 1892, a la altura más o menos de lo que hoy es la Glorieta de Santa Beatriz (la fuente del “Carrefour La Sierra-Sierra”), se desvió el arroyo unos 90º para llevarlo a un nuevo cauce, que ya en el plano topográfico nacional de 1928 sigue su último trazado conocido a cielo abierto por lo que hoy son las Avenidas del Arroyo del Moro y Gran Vía Parque, algo más al oeste de lo que representa el mapa.

En la esquina de esta muralla, la más próxima al río, se encontraba hasta el siglo XVII la “Puerta de los Sacos”, pues dada la proximidad a los molinos del río, por ella entraban al Alcázar los sacos de harina molida. En el lienzo de muralla se abre una puerta que daba acceso a las “Caballerizas Reales”, de las que luego hablaremos más adelante.

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