Córdoba y el caballo pura raza español

La importancia histórica del caballo en Córdoba parte al menos de la época omeya, teniendo gran auge en el califato de Al-Hakem I, en el siglo X Almanzor fundó en la dehesa de la Alamiriya (cerca de Medinat Azahara), la Yeguada de Córdoba, primer gran centro de cría caballar.

Alfonso X aprobará una regularización para la protección de la pureza de los caballos, como la prohibición de sacar caballos fuera de los reinos hispánicos.

En el siglo XVI el caballo, además de sus funciones tradicionales de trabajo, tomará una especial importancia como símbolo de relieve social. En el reino, los caballos criados en Córdoba contaban de gran aprecio, eran conocidos con el nombre de “guzmanes”, pues se consideraban descendientes de un caballo berberisco propiedad de un tal Guzmán, los mejores descendientes de este ejemplar fueron vendidos al duque de Sesa, quien nombró a Francisco Valenzuela como cuidador de las nuevas descendencias, por lo que también fueron conocidos con el nombre de “valenzuelas”.

Felipe II decidió planificar la cría caballar para mejorar la calidad de sus caballos, para ello tomó de inicio los ágiles y resistentes caballos de los Reinos del Sur peninsular.

Se inicia en el año 1565, cuando don Diego de Haro trae a la “dehesa de la Alameda del Obispo”, 51 yeguas seleccionadas de la “Yeguada Real de Aranjuez”, que había sido creada por los Reyes Católicos. Como primer semental se utilizó un caballo propiedad de Haro, “Astigiano”. En 1572 se adquieren 150 yeguas, y otras tantas seis años más tarde, todas ellas procedentes de la zona sur peninsular.

Por Real Cédula de 28 de noviembre de 1567, firmada por el rey Felipe II, se ordena construir una caballeriza en Córdoba, proveyéndola de las dehesas necesarias para que el ganado pudiera pastar. El edificio de las Caballerizas Reales de Córdoba, albergaría a más de cien sementales y los potros procedentes del destete del año a los que allí se domaban.

Las yeguas se alojaban, en régimen de pastoreo, en diversas dehesas que se adquirieron. Entre algunas de estas dehesas estaban: “Córdoba la Vieja”, “Dehesa de la Rivera”, “Alameda del Obispo” y “La Valenzuela”. En el año 1584 contaban con 587 yeguas, de las que 494 eran mayores de tres años. Con respecto a sementales, contaba con 161 caballos y más de cien potros.

Para la reproducción la mayoría de los sementales seleccionados para cubrir a las yeguas eran trasladados a la “Pendolilla”, una pequeña dehesa próxima al Puente de Alcolea. También se enviaban sementales a las yeguadas existentes en Jerez de la Frontera y en Jaén.

Según narra el catedrático de veterinaria Eduardo Agüera, estos caballos alcanzaron tal fama en los reinos europeos de finales del XVI, que el Emperador Maximiliano II y su hermano el Archiduque Carlos de Estiria, con los caballos “andaluces ligeros” crearon los caballos Lipizzanos, y con el tiempo “la Escuela Española de Equitación de Viena”. Don Juan de Austria, el Rey de Francia, el Duque de Baviera, entre otros, lo llegaron a considerar como el mejor caballo del mundo. En 1658, el Duque de Newcastle, dijo a su rey, es “el caballo más noble del mundo, el más bello, el más digno de ser montado por un rey en un día de triunfo”. Y una autoridad tan constatada como La Guérinière (1733), aseveró “todos los autores han dado la preferencia al caballo de España y se le ha mirado como el primero para el manejo, la pompa, la parada y la guerra”.

El prototipo de caballo creado en el siglo XVI se ha mantenido, y su morfología era similar al caballo que ha llegado hasta nosotros, el “caballo andaluz”. El concepto de raza es del siglo XIX y desde inicios del XX, al “caballo andaluz” también se le conoce como “caballo español” o “caballo de pura raza española”.

7º Depósito de Sementales

En 1897 se crea la Junta de Cría Caballar del Reino (predecesora del Organismo de Cría Caballar de las Fuerzas Armadas), que agrupó a los Depósitos de Sementales y a las Yeguadas Militares (tuvieron su primer emplazamiento en la provincia de Córdoba), fue un hecho destacable para el desarrollo de esta raza. Algunos años después, por la Orden Real de 1912, se crea el Registro-Matrícula de Caballos y Yeguas de Pura Raza Español, tomando la raza el nombre que perdurará hasta nuestros días.

Un Real Decreto Ley del año 1929, declaran a las Caballerizas Reales de Córdoba “Monumento Histórico Nacional” y “Patrimonio Nacional”.

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