A comienzos del siglo XX albergaron durante casi medio siglo las galerías fotográficas de Rafael Garzón y Rafael Señán. Hoy son los únicos en pie de la decena de estudios fotográficos que existían en la ciudad hacia el año 1900, son dos de los escasísimos ejemplos de arquitectura fotográfica que se conservan en nuestro país. Señán y Garzón eran fotógrafos en Granada, realizaban sus fotografías en el Patio de los Leones de la Alhambra, al serles prohibida esta actividad, se asocian en el año 1898 para crear las primeras “galerías turísticas”, donde los turística que visitan la Alhambra se podían fotografiar en una réplica del patio nazarí. La escasa sensibilidad de las placas fotográficas de la época obligaba a instalarse en azoteas iluminadas, donde construían una galería metálica acristalada, este modelo de estudio fotográfico, dependiente de la luz natural, fue desapareciendo a partir de la década de 1920 con la llegada de la electricidad a las ciudades y con ella los primeros flashes de estudio.

En 1904 los dos socios se separan y crearon cada uno su propia galería árabe en la Alhambra, años más tarde, 1908 y 1909, abren estudio en Córdoba y Sevilla, donde reprodujeron un modelo de negocio fotográfico que conquista tanto a turistas como vecinos y que inmediatamente es copiado por otros estudios.
El primero que se instala en Córdoba fue Señán González, en el año 1908, el estudio lo abre adaptando el inmueble que hace esquina (calle Corregidor Luis dela Cerda, 87) para el uso de galería fotográfica, lo decora como su casa granadina, para lo que cuenta con artesanos granadinos que construyen yeserías, azulejos y celosías idénticas a las de la Alhambra, la obra la dirige el arquitecto conservador de la Mezquita Catedral, Félix Hernández. El fotógrafo personalizaría el patio nazarí con una arquería califal y un farillo (adorno de papel con una luz en su interior) pintado que reproduce el bosque de columnas de la Mezquita. El patio se remataba con una montera acristalada que, mediante toldos, controlaban la entrada de luz solar para la realización de las fotografías. El edificio, además de su vivienda, contaba con despacho para el público y laboratorio.

Un año después, 1909, será Garzón Rodríguez quien instale su negocio en la casa colindante, esta es obra del arquitecto Adolfo Castiñeira. en su galería reproduce el ambiente nazarí granadino a la que añade una arquería de la Mezquita y un segundo fondo cordobés en el que simula una balconada que se asoma a la vista de la ciudad desde el río Guadalquivir. Este espacio, conocido como la “Casa del Kalifa”. A lo largo de los años, este estudio se convirtió en una de las galerías fotográficas más importantes de la región. En Córdoba, su hijo, Rafael Garzón Herranz, continuó la tradición familiar, dirigiendo un negocio que no solo inmortalizaba a los turistas, sino que también definía una era en la que la fotografía turística comenzaba a ganar relevancia.
El estudio era uno de los pocos lugares donde los visitantes podían llevarse a casa una imagen que evocaba la esencia de Al-Ándalus. El negocio fotográfico cerró en los años 60, transformándose en una tienda de souvenirs. Mientras, en su interior, el bosque de columnas y las yeserías aguantaban estoicas el paso del tiempo, aunque inevitablemente sucumbiendo a las humedades y los estragos del abandono. Todo ello en un edificio que está protegido como parte del entorno Bien de Interés Cultural (BIC) de la Mezquita-Catedral, lo que ha restringido considerablemente las posibilidades de intervención. En el año 2024, el bisnieto del fundador se planteó la restauración del estudio, algo aún pendiente.

Los establecimientos de Señan y de Garzón eran negocios familiares dirigidos por, Rafael Garzón Herranz, hijo mayor de Rafael, y en el caso de Señán, primero por su esposa, Nicasia Aldanondo y posteriormente por su hija María Señán, dos de las escasas fotógrafas andaluzas de comienzos del siglo XX.

El éxito de ambas galerías fue paralelo durante casi tres décadas, en las que los Garzón y los Señán retrataron a multitud de viajeros y cordobeses disfrazados de califas omeyas, pero también editaron postales de la ciudad y vendieron las vistas fotográficas de los monumentos más importantes de Andalucía.

En la actualidad, la galería Señán se mantiene espléndida gracias a los cuidados de Manuela Revuelto, quien conserva intacto el patio galería. Por su parte, Daniel Garzón lleva unos años recuperando la casa familiar que sufrió peor el paso del tiempo.



