
El interior de la Torre de la Calahorra posee una estructura gótica,aquí tiene su sede el “Museo Vivo de al-Andalus”, donde se puede descubrir la cultura en al-Andalus, a través de la arquitectura, la música, la ciencia o la coexistencia de las religiones judía, cristiana y musulmana, entre los siglos IX y XIII. A través de sus ocho salas se ofrece un repaso histórico y didáctico para comprender su relevancia e influencia en el desarrollo de Córdoba.
En el año 1987 el Ayuntamiento cede el edificio, de forma temporal, a la Fundación Roger Garaudy, que en el 2010 cambiaría su nombre al de Fundación Paradigma de Córdoba, la cual tiene una exposición permanente con el título “Calahorra, puente de Oriente a Occidente”, con la que intenta dar a conocer el espíritu cultural de las tres religiones que convivieron en Al-Andalus.
La actividad de Roger Garaudy en Córdoba fue muy destacada, especialmente en propugnar la convivencia entre todas las culturas. Sus Estatutos recogen sus fines esenciales “de recordar el papel capital de Córdoba en la fecundación recíproca de las culturas de Oriente (china, hindú́, árabe y persa) y de Occidente (greco-romana y judeocristiana) entre los siglos VIII al XIII. Así como, los ejemplos positivos de convivencia entre las tres religiones abrahámicas: judía, cristiana y musulmana, que concurrieron en al-Andalus. Se trata de fomentar la excepcional dimensión cultural de la ciudad de Córdoba, bajo los principios y fundamentos del Ecumenismo y del Diálogo”. La fundación posee otras iniciativas en la ciudad, como el Museo Vivo de al-Ándalus (calle Judíos) y la Biblioteca Viva de al-Ándalus (Cuesta del Bailio).

Roger Garaudy (1913-2012) fue un filósofo y político autor de unos cincuenta libros, la mayoría tratan de la historia de las grandes figuras del comunismo y la religión. Fue un destacado intelectual que formó parte del Partido Comunista Francés, hasta su condena a la invasión de Checoslovaquia por los tanques soviéticos en 1968. Era protestante y se convirtió al catolicismo, pero tras casarse en 1982, con la palestina Salma Faroukhi, se convirtió al Islam, siendo a partir de entonces defensor de la causa palestina. En 1995 publicó “Los mitos fundadores de la política israelí”, donde defendió las tesis negacionista del Holocausto, por lo que la justicia francesa lo condenó a seis meses de cárcel, que no llegó a cumplir. En 1987 se trasladó a Córdoba donde creó su fundación.

Al interior de la Calahorra se accede por la fachada norte, su espacio interior se divide en la recepción, siete salas expositivas y otra para audiovisuales. A través de ellas viajaremos por la cultura en al-Andalus al mismo tiempo que se ponen de manifiesto aspectos positivos de la colaboración entre cristianos, judíos y musulmanes, tres religiones entroncadas por un mismo patriarca (al que respectivamente llaman Abraham, Abraham e Ibrahim).
La primera sala es la recepción, donde nos entregan los auriculares para ir oyendo las explicaciones de cada sala. En la segunda sala se exponen cuatro figuras históricas, Averroes, Ibn Arabi, Maimónides y Alfonso X, que nos hablan de su experiencias.
Ibn Arabi (Murcia-1165, Damasco-1240) fue un místico sufí, filósofo, poeta, viajero y sabio andalusí. Sus importantes aportaciones en muchos de los campos de las diferentes ciencias religiosas islámicas le han valido el sobrenombre de Vivificador de la religión.

La sala III está dedicada al “Ingenio y avances científicos”, donde se expone una réplica del instrumental médico utilizado por Albucasís, cirujano que vivió́ en la Córdoba califal (936-1013) y autor de la primera gran enciclopedia: el Tasrif, un extenso tratado sobre farmacología, patología y cirugía, en su volumen XXX, Albucasis describe las principales técnicas e instrumentos quirúrgicos que debían utilizarse para cada intervención. La sala muestra una reproducción de los utensilios diseñados por él, como como lancetas y catéteres empleados en las amputaciones, fistulas, hernias, trepanaciones o cauterios para aliviar gota, artritis o jaquecas; algunos de ellos fueron empleados hasta el siglo XX.

También se expone una copia de la Tabula Rogeriana, obra del geógrafo del siglo XII, al-Idrisi, uno obra cartográfica encargada por el rey de Sicilia, se retícula en diez meridianos y ocho paralelos que determinaban zonas climáticas. Figuran mares, ríos, ciudades y caminos, teniendo la particularidad de que el norte se representa en la parte inferior y el sur arriba, siguiendo la tradición clásica de Ptolomeo. Al-Isidri nació en Ceuta en el año 1100, fue un viajero dedicado a la geografía y a la cartografía, desarrollando la mayor parte de su obra en la corte de Roger II de Sicilia.

Navegaban determinando la posición de las estrellas y planetas mediante cálculos a través de tablas astronómicas que ayudaban a averiguar latitudes y coordenadas. Para simplificar esta tarea se diseñó el astrolabio esférico, como el que se expone en una de las vitrinas de la sala. El artesano toledano Ibrahim Ibn Sahli realizó en el siglo XI uno de los primeros conocidos, conservado hoy en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Llevaba laminas que calculaban las latitudes de la Meca, Jerusalén, Damasco, Córdoba, Granada y Toledo, e indicaba la posición de veinticuatro estrellas.

Varias maquetas reproducen activamente el desarrollo hidráulico en tierras andalusíes. La necesidad de obtener agua y fertilizar los territorios contribuyó a la creación de técnicas y sofisticados ingenios. La localización de aguas subterráneas necesitó de los zahories. A partir del siglo X, proliferaron en la geografía andalusí́ las norias hidráulicas o naura.

“Oh, gentes de al- Andalus. Qué gozo el vuestro. Tenéis agua, sombra, ríos y árboles. El paraíso eterno está en vuestras moradas, y si hubiese de elegir, con éstas me quedaría”. Ibn Jafaya, poeta andalusí de la Taifa de Valencia (1058-1138)
En la sala IV se expone “El esplendor de la vida palatina”, en donde se expone una representación de la visita del monje germánico Juan de Gorce a la corte de Medina Azahara.


Una maqueta de la Alhambra se expone en la sala V y la sexta se dedica a “Los sonidos de al-Ándalus”. en el siglo IX, Ziryab fundó en Córdoba la primera escuela musical medieval, donde se transmitieron las enseñanzas que orientalizaron y refinaron la corte Omeya. Una vitrina expone los principales instrumentos del repertorio tradicional de las músicas de al- Ándalus, como el laúd (al-ud), el rabel, el buq o albogue, la flauta y el bandair o pandero con sonajas.
La sala VII se dedica a la Mezquita de Córdoba, en ella se expone una maqueta de este edificio antes de las reformas cristinas
La última sala, “Un día en la Córdoba del siglo X”
“La ciudad más grande de al-Ándalus es Córdoba, que no tiene equivalencia en todo el Magreb más que en la alta Mesopotamia, Siria o Egipto por la cifra de la población, su extensión urbana, el gran espacio ocupado por los mercados, la limpieza de los lugares, la arquitectura de las mezquitas o el gran número de baños y caravasares”. Ibn Hawkal, viajero oriental que llegó a Córdoba en el siglo X.
Tras subir una estrecha escalera pétrea de caracol, llegamos a la azotea, almenada, desde la que se tienen unas vistas magníficas del Puente Romano y su entorno.





