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Desde la esquina de la calle “Cabezas”, entraremos a la calle que Córdoba tiene dedicada a su pintor por excelencia, Julio Romero de Torres. En el plano de 1811 y 1851 aparece como «Callejas del Portillo», siendo una con la actual calle «Portillo». en el de 1884 ya se diferencian ambas calles dándole a ésta el nombre de «Mascarones», según cuenta Ramírez de Arellano, “por dos relieves que representaban dos soldados romanos que estaban a los lados del balcón de la casa número 21, solariega de los Mohedanos de Saavedra, portada que debió pertenecer a principios del siglo XVI”, también nos cuenta que “estas callejas eran antiguamente uno de los sitios más sucios que había en esta población”.


Julio Romero de Torres es el pintor por antonomasia de Córdoba nació en el edificio donde hoy se encuentra su museo en la plaza del Potro, en el año 1874, pues era el séptimo hijo (de ocho) del director del Museo de Bellas Artes, Rafael Romero Barros. Desde muy joven empezará su trabajo en la pintura dirigido por su padre y en 1895 presentará su obra “¡Mira qué bonita era!” en la Exposición Nacional de Bellas Artes, donde obtiene una mención honorífica, siendo adquirida por el Estado, el primer premio fue para Joaquín Sorolla, por su obra ”Y luego dicen que el pescado es caro”.
En 1898 se inicia como cartelista pintando el cartel de la “Feria de Nuestra Señora de la Salud” de Córdoba.
Su trayectoria se puede dividir en varias etapas, durante la primera (1900-1908) viaja a Marruecos, Francia y los Paises Bajos, pasando un tiempo en Madrid frecuentando el ambiente cultural. En 1905 pinta para el Círculo de la Amistad de Córdoba seis grandes telas en un estilo modernista, hoy se encuentran en la escalinata principal. “Canto al amor”, “El genio y la inspiración”, La escultura o Alegoría a la escultura, “La música”, “La pintura” y “La literatura”. También se conserva en este edificio una obra del año 1898, “Rosas en la balconada”.

En el año 1908 obtendrá la medalla de oro en el certamen Nacional, por su obra «Musa Gitana» (actualmente en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia, Madrid), y años más tarde un premio internacional en Munich.
A comienzos del siglo XX inicia una pintura muy personal y característica, donde predomina el retrato, contando en su catálogo con más de quinientas obras de este tipo. En su pintura predomina el desnudo femenino, siendo el mejor en esta faceta en su época, su obra, expuesta en su museo, “El Pecado” (1913), está considerado el mejor desnudo femenino de la primera mitad del siglo XX, junto con otra obra suya, “La Gracia” (1915), ambas expuestas en su museo. Realizará también figuras alegóricas, en donde destaca la obra “Cante Hondo” (1923), una alegoría maestra al flamenco.
Realiza varios retratos, algunos de ellos de familias de la burguesía de la época.
Tendrá estudio en Córdoba y en Madrid, donde lo tuvo en la calle Pelayo entre los años 1916 a 1930 y por donde pasaron personajes de la cultura de la época, como Valle Inclán o Azorín, con los que tuvo amistad. En este estudio pintaría “La Fuensanta” (1929), siendo la modelo la argentina Mª Teresa López González, una de sus favoritas, este cuadro fue motivo del billete de cien pesetas editado en 1953.


Durante su estancia en Madrid será profesor de “Dibujo Antiguo y Ropaje” en la Escuela Especial de Pintura de la Real Academia de San Fernando. Desde este momento se interesa cada vez más por los ropajes y las vestiduras de sus modelos, estudiando minuciosamente los detalles y en los cuadros van apareciendo objetos simbólicos, como las piezas de latón, que sustituyen las imágenes anteriores de Córdoba.
En 1920, Romero de Torres pinta una de sus obras cumbres. La muerte de Santa Inés, políptico manierista de tres tablas.
En 1928 pinta La Virgen de los Faroles para la fachada norte de la Mezquita-Catedral. Una de sus obras más famosas, “La Chiquita Piconera”, la presenta en 1929 en la Exposición Iberoamericana de Sevilla. De ese año son también “Naranja y Limones”, ¨La Copla”, “Cante Hondo”.
Muere en Córdoba en mayo de 1930, a su entierro en la Catedral acudió el ministro de Gracia y Justicia en representación del rey Alfonso XIII, un largo cortejo acompañó sus restos hasta el cementerio de San Rafael, donde reposan. Ese día fue luto local, cerrando incluso el comercio y bares, los taxis fueron enlutados con crespones; los afiliados al sindicato UGT, concentrados por la organización, acudieron con sus trajes de trabajo, considerando que había muerto un acreditado trabajador.
A lo largo de la calle encontraremos varios edificios de cierta antigüedad, aunque con poca importancia arquitectónica. Entre ellos el número 4, que albergaba hasta el año 2026 la “Peña Flamenca Julio Romero”, el edificio se remonta al siglo XVI, la portada de ladrillo con un gran portón nos da acceso a un amplio zaguán, cuya solería empedrada es la original, y se cubre con un sencillo artesonado de madera. Desde aquí, a través de un pequeño vano con reja accedemos al patio en el que encontramos galerías en las dos plantas, porticadas con arcos sustentados sobre columnas de piedra. Este edificio llegó a ser propiedad de Julio Romero de Torres, pero no lo habitó.



En el solar que hoy ocupa el número ocho, empezó a funcionar el 24 de Enero de 1928, la «Escuela Industrial», origen de la actual Escuela Politécnica Superior de Córdoba, el curso lo iniciaría con 170 alumnos. El inicio de su fundación se remonta dos años antes. Se inauguró con los estudios correspondientes a la «Escuela Elemental del Trabajo». Hasta el siguiente curso 28-29 no comenzaron los correspondientes a la «Escuela Superior del Trabajo», con el título de «Técnico Industrial Mecánico».
Para el curso 32-33, el Centro se traslada al Palacio del Marqués de Santa Rosa en la calle Manríquez, 2 (antes calle Judería).
La calle termina en una pequeña plaza a la que abren cuatro casas, la número 19, de blanca fachada con una portada dintelada sobre la que se encuentra un bello balcón cerrado con una cristalera metálica, el patio interior posee una galería con columnas y capiteles de mármol blanco.

Mención merece la número 14, con la fachada de ladrillo rojo y cerrada mediante una reja, el “Palacete de los Burgos”, construido a finales en el siglo XIX, en el pilar de la reja se fecha en 1890. En su interior hay varios patios, el que fuera principal y repartidor de las estancias se encuentra dividido por una tapia, tras la división del inmueble original en tres parcelas. Su nombre lo toma del apellido de la que fuera familia propietaria. El edificio se encuentra en el Catálogo de Bienes Protegidos del Conjunto Histórico de Córdoba, de la Gerencia de Urbanismo. La altura es de dos plantas y sótano, si bien en la última zona llega a las tres alturas.

La característica fachada es de ladrillo en colores rojo y amarillo, con forma de U, haciendo el patio de carruajes, cerrado al exterior por una reja. A inicios del siglo XXI se presentó un proyecto para albergar un hotel en el edificio, cosa que no prosperó.
Según escribe Manuel Ramos Gil, las grandes casas del siglo XIX sufren varias transformaciones con respecto a sus antecesoras, tal vez la principal sea la apertura en la fachada de varias ventanas y balcones, haciendo la vida de sus inquilinos más hacia el exterior: se sustituyen las ventanas con rejas voladas por ventanas y balcones, donde poder asomarse a la calle, y se protegen con rejas de hierro fundido, con decoración geométrica o vegetal. El zaguán se transforma, dando visión al patio de la casa, que queda a las vistas de los viandantes. El zaguán, y otras dependencias, se empiezan a decorar con azulejos, muchas veces con motivos arabescos, procedentes de fábricas sevillanas.

En el interior la utilización del hierro fundido para hacer dinteles y columnas cambia la fisonomía del patio.



